Desapariciones forzadas y agenda legislativa
Las grandes crisis producen grandes hombres, afirmaba John F. Kennedy. ¿Estarán a la altura de nuestros conflictos la clase política de nuestros tiempos? La semana estuvo agitada y los desafíos son mayúsculos. Sin embargo, para muchos de los actores de la vida ...
Las grandes crisis producen grandes hombres, afirmaba John F. Kennedy. ¿Estarán a la altura de nuestros conflictos la clase política de nuestros tiempos?
La semana estuvo agitada y los desafíos son mayúsculos. Sin embargo, para muchos de los actores de la vida pública, los asuntos fueron el Torito o las “charolas”. El menú arranca con picatostes, anchoas y oporto.
Aperitivo: las desapariciones forzadas y la danza de las cifras
Esta semana, el delicado tema de las desapariciones forzadas se convirtió en una danza de cifras.
La prestigiada organización Human Rights Watch presentó un informe en donde documenta 249 casos de desaparición forzada durante el calderonato.
De esta cifra, el Gobierno federal, a través de la subsecretaria de Gobernación Lía Limón, reconoció la existencia de ¡27 mil casos! durante el sexenio pasado. Nomás.
Sin embargo, conforme pasaron las horas, comenzó a quedar claro que las cifras que presentaba el gobierno estaban menos claras que el agua turbia de Xochimilco.
Llamamos al doctor Raúl Plascencia Villanueva, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos para poner los puntos sobre las íes. Y así lo hizo con natural claridad.
La CNDH tiene dos mil 352 casos de expedientes abiertos de desapariciones forzadas. De éstos, 30 están concluidos y plenamente documentados. Es el tamaño real y legal.
Según la Comisión hay 24 mil 91 personas no localizables, que no es lo mismo que desapariciones forzadas, por Dios.
Al gobierno federal le convendría tomar nota para que no se le haga bolas el engrudo en un rubro tan delicado.
Piatto forte: el lobo y la ley de telecomunicaciones
La ley de telecomunicaciones es como el lobo. Dicen que ahí viene y nomás no llega. Eso sí, todos hablan de ella sin saber a ciencia cierta su contenido. Sin embargo, el epicentro de la ley que se presente en esta materia y todas las relacionadas, como la de radio y de televisión, será ampliar la competencia en este sector.
Lo más probable es que la atención mediática esté centrada en los siguientes puntos.
Por un lado, lo que ya ha venido anunciándose: la licitación de dos cadenas nacionales. Ha trascendido que vendrá una tercera, que será pública, estilo BBC, lo cual es una buena noticia, habida cuenta de que entre más opciones de contenidos tengamos, más beneficiados con el elixir de la pluralidad estaremos.
Otro de los puntos finos será el emanado del técnico multiplexeo o, para entender, del espacio en el espectro radioeléctrico que usaba un canal de TV. Ahora, con los cambios tecnológicos y la digitalización, ese mismo espacio lo podrán ocupar más canales, por lo que el legislador debe ser muy cuidadoso y claro respecto de las empresas que puedan hacer uso de las nuevas posibilidades, a efecto de evitar una nueva concentración excesiva.
Finalmente, el punto que será complejo a remontar serán las facultades del órgano regulador que, según ha trascendido, es lo que mantiene aletargadas las conversaciones de los actores relevantes respecto de esta ley.
No es para menos. Son muchos los intereses que están en juego y es preciso consolidar el interés superior del país para que el sector de más alta litigiosidad en el país se convierta en un fuerte motor de desarrollo. Que prevalezca el pendiente de democratizarlo para que México tenga mayores avances en esta materia, que a golpe de pleitos se ha venido rezagando respecto del resto del continente.
¿Tendrán la altura de miras?
Dolce: el fuero constitucional y la carabina de ambrosio
Es cierto. Los mexicanos hemos sido mudos testigos de los excesos de nuestra clase política que un día sí y otro también nos dan ejemplos de lo lejos que están de la sociedad, y cuán cerca de sus intereses personales y muchas veces tan sucios y mezquinos que no se lavan ni con Pinol.
Es normal que el respetable pase a hartarse de semejante espectáculo de carpa y exija que se elimine el fuero en el que se escudan las especies cínicas y depredadoras de nuestro folclórico sistema político mexicano.
No obstante, existen razones para conservarlo, aunque sea acotado.
Para que un legislador de oposición pueda encabezar acciones y declaraciones que, como es natural, se opongan a los intereses del gobierno en turno, es necesario que goce de cierta inmunidad para que no pueda ser objeto de venganzas o presiones del poder que toque.
Aun así, es preciso acotarlas, replantearlas y hacer respetar su esencia. El fuero constitucional no es para hacer micción en la vía pública, brincarse alcoholímetros o cometer delitos de manera impune.
Es urgente rasurar el fuero para que sea sólo respecto a la inmunidad de las garantías fundamentales del legislador, a efecto de que pueda expresarse libremente, pero no impunidad para violar la ley.
La detención de Jorge Emilio González, senador, para aplicar la ley en el caso del alcoholímetro, fue oportuna. Justo antes de que entre la reforma en la materia.
¡Enhorabuena!
El café está en la agenda siempre. Y nunca desaparece...
@CiroDi
