Xóchitl y el carisma
¿Qué cosa inasible e indefinible es el carisma? Dice la Real Academia que el carisma es “la especial capacidad de algunas personas para atraer, cautivar o fascinar”. En el caso de Xóchitl Gálvez me quedo con el segundo efecto: cautivar. He ido a numerosos eventos ...
¿Qué cosa inasible e indefinible es el carisma? Dice la Real Academia que el carisma es “la especial capacidad de algunas personas para atraer, cautivar o fascinar". En el caso de Xóchitl Gálvez me quedo con el segundo efecto: cautivar. He ido a numerosos eventos en los que mi candidata ha sido el centro de atención y la mayoría del público le había dado con antelación su corazón y su futuro voto. La labor del animador o animadora del evento era fácil y en algunos momentos más bien se trataba de evitar la interrupción de las porras. Peor si se trataba de un evento de mujeres: entusiasmo, empatía, abundaban los “espectaculares" de cartón con frases y logos ingeniosos.
No fue así en el evento realizado cuidadosamente por los liderazgos de unas cien organizaciones campesinas y de productores agrícolas este domingo. Desde productores de flor de jamaica, de café de Córdoba, de maiceros de buen temporal de Jalisco, de cañeros, de organizaciones de indígenas, de sembradores de hortalizas, de mujeres rurales que señalaban la brecha salarial y de empleo entre hombres y mujeres en el campo, de trigueros de Sonora y Sinaloa. Aunque la reunión estuvo presidida por Leticia Barrera, lideresa de la CNC, la gran mayoría de los asistentes eran hombres, líderes experimentados que han logrado resistir la estrategia gubernamental para desaparecer sus organizaciones mediante las transferencias individuales. El gobierno que se empeña en denunciar al individualismo neoliberal ha hecho todo el esfuerzo por destruir —desaparecer— las organizaciones comunitarias.
Pues esos hombres —y sí, también mujeres— no traían carteles ni obedecían al animador cuando les pedía porras para la ingeniera Gálvez. Éstas se apagaban rápidamente. Había expectación y expectativa. Durante semanas las organizaciones habían consultado a sus expertos —porque los tienen— y a sus bases sobre el diagnóstico y las propuestas diferenciadas por regiones. ¿Cómo respondería la ingeniera? Hubo discursos de los líderes, fuertes y puntuales contra el gobierno, pero también invitando a la participación política abierta para defender la democracia.
Y entonces habló Xóchitl. Amealco, Sierra Tepehuana, carretera Mezquital-Huazamota, Calakmul, la Montaña de Guerrero, carretera Tlapa-Marquelia, Santiago Mitlatongo, Xochistlahuaca, Los Chimalapas, Colonia Cuauhtémoc, Dios Padre, Bernalejo, Asuntos Agrarios, experiencia en la resolución de conflictos por límites entre comunidades indígenas y ejidatarios, precios de garantía, cobertura, extorsión a limoneros y aguacateros, ganaderos de Durango que ven con terror el cerco del crimen organizado que se cierne sobre ellos; productores de San Luis Potosí que no pueden certificar su ganado porque la Senasica no tiene los reactivos necesarios; tres años de sequía y la reducción de las hectáreas sembradas por el desmantelamiento de seguros y programas de infraestructura para adaptarse al cambio climático. Respuesta atenta a los discursos que le precedieron, muy especialmente a las denuncias de corrupción y de los avances de la delincuencia. Simpatía y, sobre todo, empatía a raudales: “Conozco el campo”, “conozco como la palma de mi mano las zonas más marginadas”. “La gente del campo quiere producir y no depender de las ayudas sociales”, algo que habían enfatizados los líderes.
Y entonces sucedió poco a poco, como en oleadas, un cambio de estado en la asamblea. “El efecto Xóchitl”, que no es un artilugio de la mercadotecnia sino algo realmente genuino, algo que le sale de adentro y que cautiva a quienes le escuchan, aun a los que seguramente pertenecen a ese 20% que no cree en que las mujeres pueden mandar. Algo así como el agua que bajo ciertas condiciones de presión y temperatura de repente se convierte en vapor. La veían profundamente conocedora, compenetrada con los retos del campo, segura de sí misma, sin miedo, alegre, sin tener que fingir sonrisas porque su alegría parte de la confianza en sus capacidades, pero sobre todo en las capacidades de los otros cuando hay proyectos claros.
Ya era otro auditorio: que había cambiado las denuncias y las cifras que comprobaban sus dichos y quejas por la confianza en que es posible lograr un mejor futuro. Pude ver, literalmente, cómo “la esperanza cambió de manos” y levantó ánimos y esos hombres salieron con sonrisas en la cara y los ojos brillantes, celebrando a la ingeniera. Y ese pequeño milagro se repite en cientos de lugares en el país y en millones de corazones. Porque de eso se trata una campaña electoral, de votar por lo que uno más quiere: su país, su familia, sus proyectos y el entorno más propicio para lograr paz y prosperidad para todos y todas, sin duda, una democracia fortalecida. Y eso, sólo con Xóchitl y la coalición que la acompaña.
