Una presidenta daltónica y xingona

Comparto una versión ligeramente ampliada de mi contribución al libro Presidenta: más de cien mexicanas te escriben. Este libro resulta de la feliz iniciativa y coordinación de Yuriria Sierra, editado por Océano:.Cuando recién terminé mi campaña presidencial en ...

Comparto una versión ligeramente ampliada de mi contribución al libro Presidenta: más de cien mexicanas te escriben. Este libro resulta de la feliz iniciativa y coordinación de Yuriria Sierra, editado por Océano:.

Cuando recién terminé mi campaña presidencial en 1994, se publicó una encuesta que me dejó temblando. Preguntaba cuál era el cargo menos adecuado para ejercer por una mujer. El primero era el del papado: 90% consideraba que debía ser ejercido por un hombre. El segundo puesto menos adecuado era… la Presidencia de la República. Si recuerdo bien, era aproximadamente el 85% que rechazaba la idea de una presidenta. Cuando se indagaba por puestos en los que el poder se compartía —diputaciones, senadurías, regidurías— subía la aceptación de la participación de las mujeres; cuando se trataba de puestos ejecutivos, como Presidencia o gubernaturas, no nos tenían confianza. Sobrecargos, sí; pilotos, no.

Treinta años después, las cifras han dado una voltereta: sólo un 14% se opone a que gobierne una mujer. Que hoy compitan dos mujeres por la Presidencia y que, con toda seguridad, una de ellas portará la banda tricolor en octubre próximo, habla no tanto de las cualidades de ellas, sino de una profunda transformación de la sociedad mexicana. En poco más de una generación, hombres y mujeres confían en las capacidades de una mujer para dirigir a México en una de las épocas más difíciles y turbulentas, tanto nacional como internacionalmente. Una hazaña transformadora de las miles y millones de mujeres que salen a trabajar, que se atreven a ser candidatas, que pelean por ascender, que conspiran para cambiar leyes patriarcales, que denuncian, que crean instituciones.

¿Qué pido a la próxima presidenta? Que honre esta herencia preciosa, que la enriquezca siendo un ejemplo de autonomía e independencia, de compasión y empatía con los que sufren, de firmeza para fortalecer el Estado de derecho, de apertura a la pluralidad. Le pido un nuevo comienzo, lleno de alegría y energía positiva que permita guardar por un tiempo las lecciones de historia. Que deje en paz a nuestros héroes y heroínas, despertados intempestivamente de su descanso para justificar los gustos del gobernante en turno. Le pido que nos desintoxique: que jamás recurra a la calificación de “traidores a la patria”, a la división “ellos y nosotros”, “hipócritas, conservadores”, “herederos de Iturbide, Santa Anna y Porfirio Díaz”, “hijos de quienes fueron a Austria por un emperador extranjero”. Le pido que guarde las tintas negra y blanca, que use los matices y las gradaciones. Le pido que ayude a sanar las heridas y el encono que nos dividen. Le pido que sea daltónica.

Le pido que deje fluir la savia que fortalece a nuestra República. Que el Poder Legislativo legisle y no se someta; que sus integrantes puedan cambiar todas las comas, puntos y párrafos necesarios para hacer buenas leyes y para que ellos y ellas crezcan como parlamentarios y buenos ciudadanos. Que recuerde todos los integrantes del Congreso son legisladores, no importa el color por el que fueron electos: que merecen ser escuchados y respetados.

Le pido también el ejercicio de la empatía, especialmente con aquellas mujeres que ejercen cargos de enorme responsabilidad sean o no cercanas a ella. Que nunca más se amenace de muerte a la presidenta de la Suprema Corte de Justicia y se cierren por una turba las puertas de esta institución fundamental de nuestra democracia, con la aprobación tácita de quienes ejercen la Presidencia y gobiernan en la ciudad.

De la próxima Presidenta espero que rechace y repele la más masculina de las características del gobernante: la ambición por el poder por el poder mismo. Que la verdad no sea víctima del ejercicio del poder. Que entienda que su palabra puede sanar, puede curar y puede educar. O puede envenenar, manipular, empequeñecer a los mexicanos. Que recuerde que el sabio dicho de Jesús, “la verdad os hará libres”, implica que la mentira, y más cuando se ejerce en forma sistemática desde el poder, infantiliza a la ciudadanía. Y, en contraste, la verdad educa y hace crecer. Que se rodee de quienes sean capaces de decirle no. De alertarla cuando el poder amenace con devorarla. Que mande, pero no someta ni humille. Que escuche el rumor de la calle cuando apenas sea un murmullo y también cuando sea un grito destemplado.

Y que sepa que si gobierna así: para todos y todas, sin distinguir colores ni militancias, daltónica, viendo al futuro con confianza y alegría, no estará sola.

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