Trump arrebata el lema feminista

A todos los que están muy seguros de que el verdadero motivo de la intervención de Trump en Venezuela es apoderarse de sus recursos petroleros debería inquietarles la insistencia del presidente estadunidense en que eso es exactamente lo que quiere hacer. Esta seguridad crea una rara y sospechosa coincidencia: chavistas, seguidores de Le Pen en Francia, ultras de Morena y adversarios como Monedero y Sánchez en España, tirios y troyanos coinciden: Trump va por el “oro negro” venezolano, como le llama el respetable Gabriel Zucman, y lo confirman al acudir a las cifras que sitúan las reservas petroleras probadas venezolanas como las mayores del mundo.

Venezuela produce en la actualidad 300 mil barriles diarios, después de haber llegado a producir 4 millones diarios, pero el mercado petrolero no se ha alterado por este desastre. Su precio actual es de 57 dls por barril, un precio que habla de una tendencia a la baja por las perspectivas poco positivas del crecimiento de la economía mundial. No hay demanda significativa en la actualidad por el dizque oro negro venezolano. Se trata de un petróleo pesado, exageradamente rico en azufre como el mexicano. No es que no haya capacidad de refinarlo, la hay porque en la costa norte del Golfo de México Estados Unidos hace años construyó refinerías para procesar este tipo de petróleo, inundando a Venezuela de petrodólares. Pero después de la revolución del fracking que permite el acceso a un aceite de mejor calidad, Estados Unidos dejó de depender del petróleo venezolano y básicamente del de cualquier otro productor extranjero. 

¿Que las compañías norteamericanas  acudirán a invertir cuantiosamente en Venezuela en cuanto Trump les truene los dedos? Cuentos para niños a la hora de dormirse. Más bien el mensaje al mundo del ocupante temporal de la Casa Blanca es similar al de las feministas mexicanas jóvenes en las marchas del 8 de marzo: “Somos malas y podemos ser peores”. En ellas es potente. En el caso del presidente norteamericano es una declaración que busca que el adversario se rinda anticipadamente o que deje de intervenir en territorios que EU consideran bajo su protección e influencia porque “soy malo y puedo ser peor”. Es un mensaje directo para China, con importantes inversiones en tierras raras en el llamado Arco Minero del Orinoco. También para Cuba, que perdió a 30 de sus nacionales en la operación de secuestro de Nicolás Maduro, confirmando que en el círculo más cercano de guardaespaldas presidenciales muchos eran cubanos. Y es un mensaje ominoso para Dinamarca y sus aliados europeos por el territorio de Groenlandia que Trump codicia. Va en serio, incluyendo las amenazas inaceptables contra México, como inaceptables son el apoyo de la Presidenta y su gobierno a las dictaduras cubana y venezolana. Trump tiene poco tiempo para lograr su diseño imperial. En noviembre de este año probablemente perderá la mayoría en la Cámara de Representantes a manos de los demócratas.

Hay que buscar los detalles y los planes para Venezuela —si los hay— en las declaraciones de Marco Rubio y menos en los fuegos artificiales de las declaraciones del presidente Trump. No me convence el argumento “pragmático” de desechar la enorme hazaña del pueblo venezolano bajo el liderazgo de María Corina Machado bajo la tesis de que ella no tendría la capacidad de encabezar la transición, haciéndose eco de los insultos de Trump hacia la Nobel. Por el contrario, las capacidades de liderazgo estratégico, coordinación, logística, comunicación y amplísima popularidad mostrados por María Corina y su equipo en las elecciones del verano de 2024 dan testimonio de importantes capacidades de gobierno. ¿Que la oposición no ha logrado defecciones importantes en las Fuerzas Armadas? No se sabe bien ni tampoco el efecto desmoralizador de la operación militar norteamericana en éstas. 

La participación de quienes inundaron las calles demandando democracia, libertad para entrar y salir del país, el derecho a reunirse nuevamente con sus seres queridos, libertad para los presos políticos, salud y alimentos suficientes para saciar su hambre introduciría una energía positiva para conducir la llamada transición hacia una Venezuela libre y soberana. Y una lección para quienes creen que se puede dar vuelta al reloj de la historia y volver a los imperialismos y a la doctrina de las zonas de influencia sin las condiciones que le dieron origen (la Guerra Fría, por ejemplo). Ya lo dijeron las calles en Estados Unidos: No Kings.