Todos tenemos derecho a jugar

Cecilia Soto

Cecilia Soto

Editorial

Uno de los síntomas más preocupantes para una democracia es el crecimiento del abstencionismo. La elección de 2024 parecía una elección muy atractiva para quienes votaban por primera vez: dos mujeres competían por la Presidencia con perfiles absolutamente contrastantes y había un candidato de menos de cuarenta años, varón. Y, sin embargo, la elección de ese año tuvo la menor participación electoral desde la elección de 2000. De hecho, asistió menos porcentaje de gente a votar que en la elección en la que ganó el PRI en 2012.

 Lo más preocupante es que los sectores demográficos que más bajaron fueron los de los jóvenes: dos millones de ellos que votaron en 2018 no lo hicieron en 2024. El sector que más bajó fue el de 18 a 29 años, casi lo mismo que el de 30 a 40 años. Creo que, a pesar de la novedad de las candidaturas, el menú partidario no era lo suficientemente atractivo. Para los nacidos del 2000 en adelante se trataba, prácticamente, de votar por el statu quo: los partidos que han visto y sufrido desde que nacieron.

Las encuestas más recientes que han captado el desgaste en imagen y aceptación tanto de la Presidenta como de su partido revelan otro síntoma que refuerza lo precario del menú político que se le ofrece al elector: los votos que pierde Morena no se van a ningún partido. El megalente de aumento en que se han convertido las redes sociales, el periodismo de investigación y el hecho de que los teléfonos celulares pueden convertir en reportero a cualquier ciudadano, revela la pobreza de la vida democrática en los partidos políticos. El presente desencuentro entre el gobierno federal y los maestros de la CNTE alejará a más electores de las urnas: como candidata, Claudia Sheinbaum prometió, por lo menos en diez ocasiones, que daría marcha atrás a la ley del ISSSTE de 1997. Mintió y con ello dio un mensaje: en Morena, con tal de ganar, prometemos lo que sea y nos aliamos con quien sea. Para revertir la tendencia hacia un mayor abstencionismo es imperativo renovar la oferta política a los electores y acrecentar la competencia entre los partidos. Por ello, Somos México dedicó todo 2025 a cumplir a cabalidad con los complicados requisitos que exige la ley electoral para la formación de nuevos partidos políticos. El hecho mismo de que lo hayamos logrado y con creces es otro síntoma de un sanísimo humor de inconformidad que bulle en los barrios y municipios de México. En las más de 240 asambleas distritales que celebramos (nos anularon 235 bajo un criterio totalmente inconstitucional), la gente se arrebataba el micrófono para intervenir. No había miedo, sino inconformidad. “Queremos un gobierno que nos cuide y nos dé paz y seguridad; un gobierno que nos dé salud; ciudades y pueblos con calles que no se destruyan a la primera y condiciones seguras para que las mujeres podamos trabajar sin descuidar a los hijos”. 

En la recta final hacia la reunión del 25 de junio del Consejo General del INE y habiendo sido informados por éste que se nos reconocen 205 asambleas, 297 mil afiliados y sin haber recibido queja alguna significativa sobre los recursos que se utilizaron para cumplir con los requisitos para el registro, han surgido intentos por impedir que nuevos partidos recibamos registro oficial. Y todos vienen de Morena. 

En primer lugar, la presentación en febrero —cuando ya no podemos afiliar ni celebrar asambleas— de unas decenas de miles de afiliados al partido oficial, cuidadosamente ubicados en asambleas distritales nuestras con el fin de bajar el número de asistentes a menos de 300, anulando la reunión y, por tanto, bajando el número de asambleas esenciales para obtener el registro. Tanto el INE como el TEPJF encontraron que se trataba de afiliaciones patito, probablemente fotos de credenciales de elector en poder de los morenistas. Sin embargo, Morena impugnó pidiendo al TEPJF que se le dé una nueva oportunidad para “corregir” errores. En cuatro ocasiones, el Tribunal Electoral ha listado esa impugnación para rectificar el criterio de que se trata de afiliaciones que no cumplen con la normatividad y cuatro veces ha quitado ese asunto de su agenda. Este miércoles será la quinta ocasión en que se intenta debatir el asunto.

Un segundo intento ha sido el de acusar a Somos Mexico (y a las otras tres organizaciones que buscan registro) de contar con dirigentes que son ministros de culto, lo cual está prohibido. Esta acusación mereció que demandáramos penalmente a cinco militantes de Morena y a un “dato protegido” que tuvieron acceso a nuestro padrón de afiliados. Lo que encontraron estos tontos que pueden ser sentenciados a siete años de prisión por usar un padrón que no es público son sólo homonimias. No hay ministros de culto en nuestras dirigencias.   

El Mundial da una buena lección: hay muchos nuevos países jugadores y éstos están poniendo en aprietos a los veteranos. En democracia es igual: todos tenemos derecho a jugar. La democracia en México necesita preservarse y renovarse. Somos México jugará ese papel de levadura para un renacimiento ciudadano absolutamente necesario. ¡Registro ya a Somos México!