Simular correrse al centro, segunda edición

Es verdad que la campaña de Claudia Sheinbaum parece muy ordenada y disciplinada. Y la razón de esto es muy sencilla: tiene un solo coordinador de campaña, Andrés Manuel López Obrador. Y no hay voz que se le oponga. En la campaña de mi candidata, Xóchitl Gálvez, ...

Es verdad que la campaña de Claudia Sheinbaum parece muy ordenada y disciplinada. Y la razón de esto es muy sencilla: tiene un solo coordinador de campaña, Andrés Manuel López Obrador. Y no hay voz que se le oponga. En la campaña de mi candidata, Xóchitl Gálvez, hay muchas voces, a veces cantan a coro y a veces se desafinan. La campaña de Sheinbaum suena como el canto gregoriano, plana y sin contrastes; el contrapunto —es decir, el contraste, la disonancia— no existe en esta música, ni en el ejercicio político de Morena. Si usted tiene problemas para conciliar el sueño, ponga canto gregoriano o escuche discursar a la candidata con doctorado. La campaña de Xóchitl a veces suena como un canon musical encantador, especialmente cuando ella está inspirada, un ejercicio de jazz contagioso del que sale uno cantando; y otras como una orquesta sin director. Siempre es preferible tener un buen conductor o conductora. Prefiero los riesgos de la segunda música que las certezas de la primera.

La premisa del coordinador de la campaña de Sheinbaum es que, si se engañó al electorado una vez, se le puede seguir engañando. Su segunda premisa es que su candidata conviene con esto. El 20 noviembre de 2016, Morena determinó proponer un Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México. El 6 de enero de 2017 se anunció todo el itinerario que recorrería el candidato López Obrador por la República con el pretexto de firmar el rimbombante Acuerdo, para culminar en septiembre de ese año en el Monumento a la Revolución. El recorrido comenzó el 5 de febrero en Michoacán. En 2023, días después de que Sheinbaum sorpresivamente resultara designada triunfadora de la encuesta interna de Morena, se anunció que la discípula del Presidente iniciaría una gira para —adivínelo— proponer la firma de un documento por la Unidad para la Transformación, por todo el país. ¿Y dónde iniciaría la gira? Sí, en Michoacán.

Pero la similitud no termina en el uso del mismo instrumento como pretexto para recorrer el país. Tanto en la gira del candidato López Obrador en 2017 y 2018 como en la de Sheinbaum en este 2023, se trata de repetir el engaño de que el movimiento se ha corrido al centro. En ambos ejercicios se lleva a firmar a todo aquel que se deje y que tenga algún pasado político interesante. Algún diputado del PAN de hace 20 años y que ahora se acerque a Morena. El representante de la sección sindical de Tingüindín de los maestros de la CNTE, el exvocal ejecutivo de la Canacintra en Mongondongo. Durante la campaña de AMLO este truco tuvo un gran efecto: la gente quería creer en que había una alternativa de cambio legítima y esperanzadora y se lograron adhesiones importantes. Y, además, ya no se trataba del candidato furibundo de 2006, sino del impulsor de la “república amorosa”: pluralidad, tolerancia, amor al prójimo, viniera de donde viniera. La firma pública obligaba al firmante y reforzaba el engaño de un compromiso del candidato con la legalidad y la apertura. Lo mismito intenta Sheinbaum: en su recorrido busca borrar el recuerdo de haber acompañado al Presidente en el engaño monumental que ha significado este gobierno. El Presidente que prometió la paz y cogobierna con el Ejército y la Marina. Y Claudia se cuadra y propone como candidato a jefe de Gobierno a un policía. El Presidente que llamó traidores a la patria a todos aquellos que se opusieron a derribar la reforma energética. Y Claudia repite la calumnia. El Presidente que sabe que sus hermanos reciben sobres amarillos; el Presidente que toleró por tres años la corrupción de su asesor jurídico. El Presidente de Segalmex. Y Claudia miraba para otro lado. El Presidente que se alió con el narcotráfico en las elecciones de 2021 y los ejemplos podrían continuar.

Pero el electorado cambió. En las elecciones de 2018 el factor novedoso que determinó el triunfo de AMLO fue la conquista de la clase media urbana, especialmente los votantes no partidarios, es decir, que no forman parte del voto duro de los partidos. Generalmente jóvenes con estudios universitarios y recursos. Más hombres que mujeres: en 2018, las mujeres votaron 15 puntos menos a López Obrador que los hombres. En esa elección, este conjunto dio 10 puntos extra al actual Presidente. Y este mismo conjunto cambió de bando y dio 6 puntos extra a la coalición Va por México en 2021. Según varias encuestas de salida, 65% de hombres universitarios votaron guinda. 6 de cada 10 hombres con ingresos altos hicieron lo mismo. Este fue el electorado que perdió Morena en las elecciones de 2021.

Para intentar recuperarlos qué tal un ejercicio de Diálogos con personalidades con barniz plural. Algunos quieren creer, pero los hechos hablan más fuerte que cualquier discurso bonito. Los jóvenes asesinados a quien Sheinbaum acusa de comprar droga hablan más fuerte. La desesperación de los pobladores de Texcaltitlán frente al abandono del gobierno, habla más fuerte. Cinco años de mentiras hablan más fuerte. Porque, francamente, ¿quién quiere que le vuelvan a ver la cara?

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