Se acabó la función

Para ir al teatro hacemos un pacto. El pacto de creer. Si se escenifica Hamlet, del inmortal Shakespeare, creemos que vemos un drama que se desarrolla en Dinamarca y seguimos los diálogos del atribulado hijo de Claudio, el rey asesinado. En la escena del fantasma, nuestro ...

Para ir al teatro hacemos un pacto. El pacto de creer. Si se escenifica Hamlet, del inmortal Shakespeare, creemos que vemos un drama que se desarrolla en Dinamarca y seguimos los diálogos del atribulado hijo de Claudio, el rey asesinado. En la escena del fantasma, nuestro pacto se magnifica: creemos que estamos en Dinamarca, que nuestra historia ocurre siglos atrás y, nosotros, criaturas del siglo XXI, creemos, junto con Hamlet, en un fantasma que habla. La magia del teatro no sería posible sin ese pacto entre el público, la o el autor del drama y el equipo que produce y actúa la obra. “Te creo”, dice el público, “por dos horas, te creo”. Una obra fracasa cuando ese pacto se rompe durante la representación: cuando el reparto no es creíble, cuando la escenografía se cae a pedazos y deja ver andamios y escaleras, cuando las líneas del libreto van en contra de la inteligencia del público.

La obra que venía representando Claudia Sheinbaum, adelantando a su público cómo debe hablar y moverse una figura con porte presidencial, una esfinge que no mueve un músculo con las pequeñas tragedias del presente porque su función es mirar al futuro y prometer una tierra de mirra y miel, sufrió el peor de los descalabros. La acabaron las reseñas del primer debate. No fue el claro triunfo de Xóchitl Gálvez en el segundo debate cuando se aceleró la tendencia declinante de Sheinbaum y el ascenso de Xóchitl en las encuestas, ambas tendencias desesperadamente lentas para mi gusto. Fue antes. La escenografía comenzó a crujir durante el primer posdebate, cuando la retahíla de mentiras pronunciada sin pudor por la candidata oficialista fue denunciada y exhibida con datos sólidos por fuentes ajenas a la campaña de Gálvez. #ClaudiaMiente se imponía como el nuevo nombre de la obra.

El segundo debate fue como si el público se hubiera rebelado gritando “nos dieron gato por liebre” y aventando sus boletos al suelo, exigía que le devolvieran su dinero. Tomaron por asalto el escenario, destruyeron la escenografía y arrancaron la máscara de actrices y actores. Cuando le tocó su turno, la esfinge resultó de utilería. Continuaba mintiendo, pero ahora se le quebraba la voz, se enojaba, buscaba con desesperación regresar al libreto aprendido de la obra equivocada: “Vamos a hacer 100 parques industriales”, mientras las manos de la ingeniera Gálvez dibujaban un irónico “puro jarabe de pico”. ¿El porte presidencial? Se hizo añicos. Ensayó ignorar a su adversaria para ver si ésta desaparecía. Pero Xóchitl Gálvez Ruiz no se esfumaba. Por el contrario, esgrimía y demostraba: “La candidata de las mentiras”.

La candidata escogida a dedo por el presidente López Obrador dijo tantas mentiras como en el primer debate. Algunas de antología, como aquella de que no hay inflación, cuando la gente común y corriente regresa del mercado cada vez con menos mandado. O aquella de que el país crecía a 3%, cuando difícilmente alcanzaremos el 1 por ciento. Pero la magia que envolvía a la candidata Sheinbaum desapareció porque el debate fue visto por una cantidad récord de televidentes: 16 millones que se mantuvieron durante las casi dos horas del debate. ¿Qué vieron? ¿Una candidata con gran “empaque presidencial”? No, vieron una candidata vapuleada por una adversaria ágil, inteligente y apasionada por la verdad. Vieron a una “doctora Sheinbaum” incapaz de mirar o nombrar a su adversaria, acorralada por las preguntas de ésta y capaz de mentir sistemáticamente. “Si miente tanto ahora, cómo será en la Presidencia”, cruzaba por la mente de muchos.

Es por ello que el segundo debate acelera aún más las tendencias que ya venía evidenciando el seguimiento (tracking) diario de la casa encuestadora Massive Caller, hasta empatar y acusar un posible triunfo de Xóchitl Gálvez en las elecciones de junio. Podrá decirse lo que se quiera de la metodología de Massive Caller, pero lo cierto es que en su tracking diario se observa desde hace dos meses la tendencia a un cruce entre ambas candidatas. No es la única casa encuestadora que encuentra una elección cerrada, pero por encuestar diario ha sido la que más ha impactado por sus resultados.

La función de teatro, en la que Claudia Sheinbaum tenía el papel principal y aparecía como bondadosa hada madrina, se acabó. Ahora es la recta final de la campaña, sin tramoya, sin escenarios de papel y con dos candidatas de carne y hueso. La una requiere mentir como el aire para respirar porque los resultados del primer piso del que se enorgullece son indefendibles: 800 mil mexicanos fallecidos innecesariamente; 800 mil mexicanos que han emigrado a Estados Unidos en 2023: cifra sin precedente; ataques a la ciencia y la educación y un proyecto que pretende regresarnos al México de Díaz Ordaz: sin democracia en el Congreso, sin la Suprema Corte como contrapeso y con el Ejército cogobernando. Y el proyecto de Xóchitl Gálvez que busca una nueva gobernanza más democrática, más incluyente, más progresista.

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