Nuestro Partenón
Imagine: la ciudad de Atenas elige a un alcalde iluminado. Éste arrasó electoralmente con un programa en el que la vivienda social es prioritaria. Decide que el Partenón es un símbolo del privilegio de los pocos y además está situado en la Acrópolis, la colina con la ...
Imagine: la ciudad de Atenas elige a un alcalde iluminado. Éste arrasó electoralmente con un programa en el que la vivienda social es prioritaria. Decide que el Partenón es un símbolo del privilegio de los pocos y además está situado en la Acrópolis, la colina con la mejor vista de la ciudad. Decide construir ahí su magno proyecto de vivienda social: la mejor ubicación para los más necesitados. Además, le urge una acción con alta carga simbólica que deje claro quién es el nuevo mandante en la capital de Grecia. “Aquí mando yo”..
Pero, además, él tiene un mandato que cumplir. En cada mitin explicó que construiría miles de viviendas para los más pobres. No dijo explícitamente que su proyecto de unidades de vivienda estaría situado ahí, pero sí que acabaría con los privilegios. ¿Y quiénes van a visitar el templo de Atenea? Sólo el turismo internacional privilegiado. Se arma con cincel y martillo e inicia la marcha hacia la colina. Lo siguen entusiasmados sus seguidores a quienes ha proporcionado bolas de demolición: una columna aquí y otra allá se resisten a caer, pero las astillas de mármol milenario comienzan a saltar. Quienes lo quieren suceder en el cargo aprueban y contribuyen con ideas. Y si no aprueban, callan. Lo importante es llegar. La candidata mejor situada hace suyo el proyecto y agrega que hay que destruir también los frisos, pues retratan a una sociedad con esclavos. Además, propone una encuesta que pregunte al ateniense qué prefiere: vivienda para todos o turismo para unos cuantos. Por la primera opción se pronuncia el 75% de los encuestados.
La prensa internacional pone el grito en el cielo: el Partenón está siendo destruido a pico y pala. Pronto los gritos se convierten en susurros: a sus editores les recuerdan que las oleadas de inmigrantes se quedan detenidas convenientemente en las islas griegas. Que los griegos y su alcalde iluminado hagan lo que quieran, pero que nos resuelvan el problema de los migrantes, dicen los gobiernos. Arqueólogos e historiadores que han tratado de impedir por todos los medios esa locura, son tachados de conservadores y defensores de la oligarquía.
¿Exagero con esta alegoría? Nuestro Partenón está sumergido y tiene millones de años más que la obra de Fidias y esos extraordinarios artistas griegos. La mayor red de ríos subterráneos del mundo está siendo sistemáticamente destruida en los tramos 5 y 6 del Tren Maya y ponen en peligro el tesoro de biodiversidad que la acompaña, ya sea en el agua dulce que la recorre o en la selva tropical que disimula la fragilidad del suelo cárstico de la Península de Yucatán. Como las bolas de demolición del ejemplo, los pilotes penetran con salvajismo en cuevas y cenotes, dañan y destruyen sus frágiles paredes y contaminan el acuífero, única fuente de agua dulce de la península.
Pero ahí no terminan las similitudes. Con la sobrerrepresentación que se pretende imponer en la Cámara de Diputados, dando 76 por ciento a la coalición gobiernista que sólo ganó el 54 por ciento y subrepresentando a la oposición con 26 por ciento cuando ganó el 44 por ciento, ¿no se escenifica una versión contemporánea de la sociedad ateniense, en la que a una parte de la población se le negaban todos los derechos, incluyendo los de la representación democrática?
De permitirse la sobrerrepresentación podemos decir adiós a la joven e imperfecta democracia mexicana. Claudia Sheinbaum presidirá una autocracia, no una democracia. Hoy se discute en los Foros organizados por la Cámara de Diputados cómo destruir la autonomía y profesionalismo del Poder Judicial Federal como si la coalición oficialista hubiera obtenido la mayoría constitucional. No fue así. Si Vox populi, Vox Dei, entonces el pueblo claramente no le otorgó la autoridad para cambiar la Constitución sin el voto de la oposición. Tampoco es cierto que durante la campaña electoral la ciudadanía respaldara plenamente el contenido del plan C y específicamente el de la reforma al PJF y que por tanto, Morena está “obligada” a aprobarla sin mayores cambios. O que la elección de jueces y magistrados sea un irreductible porque “así lo ordenó el pueblo”. Así lo ordenó el presidente, que es muy diferente.
Cómo se ha demostrado incluso en el primer foro, los conceptos, complejidades, riesgos y dificultades para implementar el salto al vacío que significa la elección de ministros jueces y magistrados, así como la creación de un tribunal inquisitorial para vigilar a los integrantes del Poder Judicial, difícilmente han sido dimensionados a cabalidad por los especialistas, menos por los votantes. Durante su campaña, Claudia Sheinbaum jamás explicó con claridad los alcances de la propuesta. Omito aquí las otras iniciativas para alterar el artículo 129 constitucional que permitiría la militarización a contentillo de la Presidencia o las propuestas para eliminar plurinominales y regresar a la vida política de los sesenta y setenta del siglo pasado. Todo empieza con la ilegal sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados: no la permitamos.
