María Corina: un Premio Nobel a la resistencia y a la inteligencia
En un admirable ejercicio de resistencia, el Comité Noruego del Premio Nobel de la Pazotorgó el Nobel a la líder de la resistencia venezolana, María Corina Machado. Una especie de resistencia al cuadrado: el comité resistió la intensa campaña abierta del presidente ...
En un admirable ejercicio de resistencia, el Comité Noruego del Premio Nobel de la Paz otorgó el Nobel a la líder de la resistencia venezolana, María Corina Machado. Una especie de resistencia al cuadrado: el comité resistió la intensa campaña abierta del presidente estadunidense, Donald Trump, por ganar el Nobel de la Paz y premió la resistencia inteligente, creativa, persistente, generosa y plural del movimiento encabezado por María Corina Machado en Venezuela
La hazaña de María Corina es jamás haber internalizado el mensaje fundamental de cualquier gobierno autoritario o peor, dictadura: su invencibilidad. Y, por el contrario, haber aprendido de cada derrota, de cada esperanza fallida, de cada iniciativa frustrada. Por las buenas: un gobierno de apariencia democrática que controla todo o por las malas, un gobierno que se militariza para garantizar el control, el mensaje a sus opositores es el mismo: ríndete de antemano porque aquí nos quedaremos y no hay manera de que nos saques.
¿Por qué la persistencia, por qué no encerrarse en una burbuja e ignorar lo que sucede alrededor? ¿Por qué dedicar una vida a resistir con los sacrificios que esta decisión impone a la vida personal? Espero que algún día nos lo diga la misma María Corina, pero tomo el título de un libro de Gilberto Guevara sobre el 68 para intentar una respuesta: +++La libertad nunca se olvida+++. Porque la libertad nunca se olvida. La libertad, la idea de justicia e igualdad, la seguridad de que puede haber un país mejor, el amor a la patria y a los otros. La experiencia de una democracia viva y plural, y de haberla construido paso a paso, colectivamente, eso difícilmente se olvida.
A la intuición y emoción de resistir, María Corina sumó la inteligencia y disciplina típica de una ingeniera industrial experta en procesos: ella quería saber cómo se hacía el fraude electoral, cómo funcionaba el sistema electoral de voto electrónico, que se requería para estar presentes en las más de 30 mil mesas de votación. “Sabíamos que había fraude, pero no lo podíamos demostrar”, dijo en una entrevista. Y ella y los líderes del movimiento se propusieron tener una fuerza de cientos de miles de ciudadanos testigos de las elecciones. Y lo lograron, sin duda, con la colaboración involuntaria del régimen. Prácticamente todas las familias venezolanas tienen a algún pariente querido en el exilio. “Usted es la única esperanza para que mis hijos regresen”, se abrazó a ella un venezolano humilde que seguramente antes había votado por el régimen. María Corina, una mujer convencida de la democracia que, ante el secuestro, asesinato, tortura de sus colaboradores, ante su descalificación como candidata ganadora de elecciones primarias entre la oposición, transformaba cada obstáculo en lección de democracia, iniciativas de no violencia, paciencia y pedagogía de civismo. Admirable. Entrañable.
Ahora los dirigentes del partido español Podemos, que ya no podrá cobrar tanto en Venezuela, aunque lo seguirá haciendo en México, quiere compararla con figuras dictatoriales. Que porque le escribió una carta a Macri y a Netanyahu en 2018. Que porque le dedicó el Nobel a Trump. María Corina y su movimiento arrasaron en las elecciones de julio de 2024 sin la ayuda estadunidense, pero, sin duda, resulta útil a la causa de la democracia en Venezuela que el gobierno de Trump esté abiertamente en contra de Maduro, lo haya clasificado como un gobierno terrorista y ofrezca 50 millones de dólares por su detención.
Vengan puristas de escritorio. ¿Ya se les olvidaron las cartas de Mahatma Gandhi a Adolfo Hitler en julio de 1939 y diciembre de 1940 llamándolo “querido amigo” y calificándolo como el único personaje que podría parar la guerra? ¿Ya se les olvidó el “cenaría con el diablo” si ello contribuyera a derrotar a Hitler de Winston Churchill? ¿Ya borraron las circunstancias que llevaron al pacto de EU y Gran Bretaña con Stalin que para entonces ya era responsable por la muerte de millones de soviéticos?
De ninguna manera comparo a Donald Trump con Hitler o Stalin, aunque al interior de su país se dedique a debilitar los pilares de la democracia y a perseguir en forma cruel e inmisericorde a nuestros paisanos, pero sin duda el acercamiento de los demócratas venezolanos con Trump, y muy especialmente con su secretario de Estado, Marco Rubio, es una muestra de pragmatismo político, como lo fue en el caso de Gandhi, de Churchill y de Franklin D. Roosevelt.
En el caso del gobierno de Sheinbaum y su partido, los insultos a María Corina son proporcionales al terror que les provoca la lección venezolana: que aun con las reglas injustas de un gobierno autoritario, diseñadas para jamás dejar el poder, el enojo popular y una oposición unida y renovada pueden derrotar electoralmente al régimen. Y lo haremos.
