Las mujeres derrotarán a Trump

Aquerer y no, la campaña presidencial de Estados Unidos se ha convertido en una de interés global. Por ello, muchos y muchas seguimos con angustia el debate entre Donald Trump y un presidente Biden disminuido y vimos el crecimiento de la candidatura del terror naranja: ...

A querer y no, la campaña presidencial de Estados Unidos se ha convertido en una de interés global. Por ello, muchos y muchas seguimos con angustia el debate entre Donald Trump y un presidente Biden disminuido y vimos el crecimiento de la candidatura del terror naranja: el atentado en Butler y su discurso de aceptación de campaña. Una cosa es que nuestro país se deslice hacia un gobierno autoritario y antidemocrático, cuyas consecuencias recaerán principalmente sobre las y los mexicanos. Y muy otra es que en Estados Unidos pueda triunfar la candidatura de un líder protofascista, aliado y admirador de dictadores como Vladimir Putin, enemigo de los derechos de las mujeres, negacionista del cambio climático, sin capacidad de autocontenerse y, por el contrario, con claros síntomas de megalomanía y deterioro mental: Donald Trump.

En México, la potencial destrucción del Poder Judicial federal, vía la ilegal imposición de la sobrerrepresentación de Morena y sus aliados, representaría una vuelta al pasado del partido casi único, la destrucción de la pluralidad, el probable fortalecimiento del poder regional del narcotráfico y una mayor militarización del país. Tendría ciertas consecuencias negativas regionales, como ya las está habiendo con la expansión de los cárteles mexicanos a América del Sur y Norteamérica. Pero difícilmente podría causar un conflicto regional bélico o un desequilibrio internacional de tal magnitud que amenace la paz de grandes regiones.

De triunfar Trump, sin el incentivo de contenerse para asegurar otra reelección (prohibida constitucionalmente), no exagero si afirmo que el mundo puede volar en pedazos. Ya sea por su desprecio a la OTAN y su abierto apoyo a Rusia en contra de la alianza o por su negativa a apoyar a Ucrania, lo que la entregaría a Putin; por su coqueteo con el dictador norcoreano, Kim Jong-un, o por cualquier paso en falso de su política exterior en un contexto tan tenso y rico en conflictos actuales o potenciales. O ya sea por su política de negación del cambio climático. Uno de los momentos más celebrados de su discurso de aceptación de la candidatura republicana fue su eslogan “Drill, baby, drill”, dirigido a las compañías petroleras: perforen y produzcan más hidrocarburos. Y su amenaza explícita “desde el día uno de su presidencia” de terminar con los proyectos dirigidos a la transición hacia energías limpias.

Por ello, celebro la decisión del presidente Biden de retirarse de la campaña. Creo que ha sido uno de los mejores presidentes de Estados Unidos, con errores, claro está, pero grandes aciertos como su renovada política industrial (Bideneconomics) y su apoyo a Ucrania. Todo parece indicar que los principales liderazgos del Partido Demócrata se inclinan por apoyar la posible nominación de la actual vicepresidenta Kamala Harris, quizá no la candidatura óptima, pero sí la más viable para recuperar tiempo de campaña y unir a los demócratas.

Una de las ventajas de la candidatura de Kamala Harris (o de una mujer) es potenciar el rechazo de una parte muy importante del electorado femenino a la derogación —en el verano de 2022— del derecho al aborto por parte de una Corte Suprema con mayoría de ministros nominados por Trump. La sentencia conocida como Roe vs. Wade, que había garantizado el derecho a la interrupción legal del embarazo, fue aprobada en 1973: generaciones de mujeres crecieron con la seguridad de que sus derechos reproductivos eran intocables. La merma de estos las ha lanzado al activismo contra el Partido Republicano.

El derecho al aborto no sólo fue derogado federalmente, sino que, en por lo menos 14 estados se ha implementado una prohibición prácticamente total contra el aborto, sin excepciones como el incesto, la violación o embarazos inviables como la anencefalia. En Florida se ha reducido a seis semanas la posibilidad de abortar, cuando muchas mujeres aún no saben que están embarazadas. El estado de Alabama acaba de conceder derechos ciudadanos a los embriones que están en las clínicas para la fertilización in vitro, amenazando con cárcel a las clínicas que los destruyan e impidiendo que parejas que no pueden tener hijos recurran a esta técnica de reproducción asistida, vigente desde 1980.

En este sentido, la nominación de JD Vance como compañero de fórmula de Trump es una ventaja para los demócratas. Vance es aún más radical que Trump en cuanto al aborto, pues favorece una prohibición nacional a éste, se opone al aborto aun en casos de violación o incesto. Vance se opone al divorcio, cree que las mujeres deben aguantar a un marido violento “por el bien de los hijos” y si se puede que regresen a casa a tener chamacos: “En la práctica, en el país estamos gobernados —vía los demócratas, vía los oligarcas de las corporaciones— por un montón de doñas sin hijos, pero con gatos que viven una vida miserable, resultado de las decisiones que han tomado y que quieren que el resto del país también sufra miserablemente”, declaró durante su campaña al Senado en 2022.

El radicalismo misógino de Vance sirve a la base dura de Trump, pero lo aleja de los millones de mujeres acostumbradas a trabajar, a rechazar la violencia machista y a decidir cuántos hijos tener y cuándo. No debe haber vuelta atrás.

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