¡Lánzate tú! (pierde tú)

La cantidad de dislates afirmados debido al anuncio de Movimiento Ciudadano de no participar en las elecciones para gobernador del Estado de México y Coahuila crece más que la espuma. Quizás el más disparatado es el que afirma que el PRI negoció “entregar el Estado ...

La cantidad de dislates afirmados debido al anuncio de Movimiento Ciudadano de no participar en las elecciones para gobernador del Estado de México y Coahuila crece más que la espuma. Quizás el más disparatado es el que afirma que el PRI negoció “entregar el Estado de México a cambio de ganar en Coahuila”. Eso supone que el PRI puede ganar Edomex y que la tiene perdida en Coahuila. En realidad, en Coahuila, la coalición PAN, PRI, PRD lleva ventaja y es el Estado de México donde, según las encuestas más recientes, la alianza está en desventaja. Pero es más importante preguntarse, ¿por qué habría de entregar graciosamente un estado con 12 millones de electores por uno de 2 millones de electores? Y, más aún, ¿por qué habría de hacerse esto cuando en realidad puede ganarse en los dos estados?

Antes de pasar a esta última afirmación, examinemos el caso del senador por Movimiento Ciudadano (aunque llegó por el PRD), Juan Zepeda. No soy psicoanalista ni mucho menos, pero he sido candidata y creo poder ponerme en los zapatos de Juan. La opinión pública y más la de los dirigentes partidarios, que consideran natural que, una vez buen candidato, candidato por siempre, como si el papel de candidato fuera una obligación moral frente a la cual el político debe sacrificar cualquier otra convicción o reflexión personal. Juan Zepeda es, sin duda, un gran candidato y tiene especial ascendencia entre los electores jóvenes. Su excelente trabajo como presidente municipal de Nezahualcóyotl le ganó un lugar positivo en la memoria de miles de mexiquenses. Pero de haberse presentado como candidato a gobernador en esta elección hubiera acumulado una cuarta derrota. En 2017 perdió la elección a la gubernatura, aunque ganó un estupendo 17 por ciento. Juan perdió la elección al Senado en 2018, pero su votación expresiva le permitió llegar como senador de la primera minoría. Y en 2021 perdió la elección a presidente municipal de Nezahualcóyotl, el municipio que lo vio nacer y que gobernó en 2012 y, adivino, la derrota que probablemente más le ha dolido.

Es común que la gente le diga a uno, “¡lánzate tú!, ¡aviéntate tú!”, como si uno fuera una pelota, como si detrás de una candidatura seria no hubiera un enorme desgaste físico, mental, familiar y económico y, sobre todo: como si no doliera perder. Perder duele. Mucho. A los entusiastas gritos de la gente que pide “¡lánzate tú!” debiera añadirse: “pierde tú”. “Que el partido te necesita. Que ya ganarás en otra ocasión. Que así aumentas el conocimiento de tu nombre en el estado. Que el partido puede crecer”. ¿Y la persona dónde queda? No sé si las razones de Juan Zepeda para abstenerse de participar coincidan con las que estoy describiendo, pero todas éstas me parecen más plausibles que las retorcidas explicaciones que se escuchan en los medios. Los partidos tendrán que pelear por los votos de Zepeda.

¿Puede ganar la coalición del PAN, PRI, PRD y Nueva Alianza en el Estado de México? Me parece que sí y esgrimo algunas de las razones:

Aunque Alejandra del Moral ha ido recuperando puntos en las encuestas, es cierto que la candidata de Morena va arriba en las encuestas. Pero también es cierto que a Del Moral la conoce 20 puntos menos que a Delfina Gómez, que ya tiene un conocimiento tope. La candidata aliancista tiene mayor espacio para crecer.

Más importante, los resultados positivos de las elecciones federales de 2021 permitieron que los partidos de la alianza aprendieran a trabajar juntos y los acuerdos de las cúpulas de los partidos bajaron hacia las bases. Con tres precandidaturas fuertes, las de Alejandra del Moral, Ana Lilia Herrera y Enrique Vargas, la alianza logró procesar bien los diferendos en una coalición que ya ha logrado superar importantes escollos y que se dirimió más a nivel estatal que por las dirigencias partidarias federales.

En la coalición de enfrente, la de Morena con el Partido Verde y el Partido del Trabajo, se volvió a incluir la llamada cláusula de la vida eterna, mediante la cual se le garantiza cierto porcentaje de votos a ambos partidos a fin de garantizar que no pierdan el registro. Este puntaje sería de 3.5 por ciento para el PT y de 4.5 para los verdes. Trabajen o no trabajen sus candidatos y activistas, el voto está asegurado. No es ése el caso de los partidos en la alianza que apoya a Alejandra del Moral: nada está garantizado de antemano; sólo el trabajo territorial intenso y los buenos números en las secciones electorales que puedan garantizar candidaturas en las elecciones locales y federales de 2024.

Y, finalmente: la alianza propone un gobierno de coalición, tanto en el gobierno como legislativa y, más importante, programática. De tal manera que puede incluso atreverse a reclamar para sí la palabra “cambio” porque no sería el PRI el que triunfaría, ni el PAN, sino una coalición de fuerzas unida en torno a objetivos comunes. Veremos.

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