La proeza

Tú, que no tienes nombre famoso; tú, que hiciste malabares para asistir a las plazas de México este domingo; tú, que desafiaste la desinformación que insiste en decir que ni tu opinión ni tu voto cuentan; tú, que encontraste en ti una firmeza que desconocías; tú, ...

Tú, que no tienes nombre famoso; tú, que hiciste malabares para asistir a las plazas de México este domingo; tú, que desafiaste la desinformación que insiste en decir que ni tu opinión ni tu voto cuentan; tú, que encontraste en ti una firmeza que desconocías; tú, que te has venido liberando de viejas ideas y viejos prejuicios; tú, que desconfías de todos los partidos políticos; tú, que siempre has militado políticamente y te molesta la actitud antipartido; tú, que has asistido a todas las marchas de los parteaguas democráticos de México y sientes que éstos te han quedado a deber; tú, que te asomas por primera vez a la política y no te gusta todo lo que ves; tú, que has querido aventurarte en un camino nuevo y has abrazado la incertidumbre que acompaña a una democracia auténtica; tú: Marcela, Juan, Pedro, Carlos, Reyna, Álvaro, Rosita, Isabel, Laura, Daniel, Patricia, Manuel, Amado, Guadalupe, Rafael, Francisco, Rodrigo, Lucía, Melissa, Luis, David, Cristóbal, tú y todos quienes llevan los hermosos nombres de nuestro idioma y también los que traen algo del mundo en su nombre: Jacqueline, Marianne, Mike, Hans, Tatiana; así, todos sin apellidos reconocibles, son los héroes y heroínas anónimos de la jornada histórica que se vivió en México ayer domingo, movilizando a millones por la democracia.

Tú, que despertaste del “no hay nada que podamos hacer”; tú, que te rebelaste contra el “conformémonos con que no arrasen en las cámaras”; tú, que recibías las encuestas como golpes hasta que empezaste a descreer en ellas (se les pasó la dosis); tú, que no sabes bien qué son la izquierda y la derecha, y tampoco te importa mucho; tú, que te quejabas de la oposición; tú, que me cansabas con tu sonsonete de “dónde está la oposición”; tú, que venciste el escepticismo hacia los políticos y te atreviste a marchar con nosotros —soldados viejos de mil batallas— el 13 de noviembre de 2022; el 26 de febrero del año pasado y el 18 de febrero de este año; gracias, gracias, porque tú hiciste el milagro de levantar al gigante dormido.

Tú, que no veías una candidatura de oposición capaz de vencer a la favorita del Presidente; tú, que viste con sorpresa y algo de escepticismo el surgimiento de Xóchitl Gálvez; tú, que te desvelaste por reunir más de un millón de firmas a favor de ella; tú, que descreíste de su historia y que pedías que ya no hablara de las gelatinas; tú, que te conmovías con la historia de las gelatinas y querías saber más; tú, que le pedías que no dijera groserías; tú, que disfrutabas cada una de sus gracejadas; tú, que enfurecías cuando ella no seguía el guion imaginario que tú le habías escrito; tú, que pedías que ya no usara más huipiles; tú, que admiras cada uno de los sorprendentes textiles que viste; tú, que te sientes xochitlover; tú, que la amas y admiras, pero no te sientes parte de un club de fans; tú, que la has visto crecer en esta campaña; tú, que has sido crítico contumaz de cada zigzag de su equipo; tú, que te desesperas y quieres mandarle mensajes directos; tú, que te sientes técnico del Cruz Azul y quisieras que se deshiciera de tal y cual y, en cambio, pusiera como atacante central a tu político predilecto; tú, que la has hecho tuya y le dices “mi Xóchitl”; tú, que te robas la t y le dices “Xóchil” porque es más fácil de pronunciar; tú, que te sorprendes con sus conocimientos sobre energía y programas sociales, pero quisieras que supiera de todo; tú, que te imaginas un gabinete con quienes brillan en su campaña; tú, que admiras su rapidez mental, pero que sabes que eso no basta para ser una gran presidenta; tú, que has visto cómo desmantela con éxito la patraña que rodea la campaña de enfrente; tú, que la has visto pelear por la verdad porque ella te considera adulto y no te va a engañar; tú, que has visto cómo la campaña de las mentiras se desmorona como un castillo de naipes bajo el asedio de Xóchitl.

Tú la has visto este domingo reiterar para qué quiere ser presidenta: “Vamos a ganar para dar, no para recibir, para compartir, no para arrebatar, para servir, no para servirnos; vamos a ganar para escuchar, no para insultar, para respetar, no para humillar, para unir, no para dividir; vamos a ganar para llevar medicinas a los enfermos, agua a los sedientos y atención a los que viven en pobreza; vamos a ganar para proteger a nuestros niños e impulsar a nuestros jóvenes a un futuro brillante; vamos a ganar para sacar a los más pobres de la pobreza, vamos a ganar, hacer una clase media fuerte; vamos a ganar para reunir a las madres con sus hijos y para reconciliar a las víctimas con la justicia; vamos a ganar para cuidar nuestra agua, nuestro aire, nuestros bosques y nuestro suelo y para proteger a la Tierra que es nuestro hogar; vamos a ganar para que llegue la prosperidad y el progreso, para construir un país donde nadie se quede atrás; vamos a ganar para volver a poner a México en el lugar de la grandeza que debe tener entre las naciones libres; vamos a ganar para izar la bandera para todos los mexicanos, vamos a ganar para abrir esa puerta de Palacio Nacional a todos los mexicanos”.

Ahora ya la puedes imaginar presidenta: sólo necesita tu voto este 2 de junio.

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