La mano invisible
Los que repiten, muy cómodos desde su estudio de grabación o desde su cubículo académico, “no hay oposición”, parecen fervientes feligreses de la teoría de la mano invisible, ahora aplicada no a la economía, sino a la política. Buscan que se repita el proceso ...
Los que repiten, muy cómodos desde su estudio de grabación o desde su cubículo académico, “no hay oposición”, parecen fervientes feligreses de la teoría de la mano invisible, ahora aplicada no a la economía, sino a la política. Buscan que se repita el proceso que llevó a AMLO al poder, pero ahora dentro de la oposición. Un salvador que fascine al electorado.
Un tlatoani que crea en la democracia a diferencia del que ahora habita en Palacio Nacional. Un candidato o candidata cuyo arrastre sea tal que no requiera de una alianza opositora y que sea capaz de hacer triunfar a cualquier partido sin importar su tamaño, implantación nacional o fama pública. Un nuevo mesías cuya figura y carisma sean tales que no importe el programa que ofrezca ni sus afiliaciones recientes. Parece la receta perfecta para ir de Guatemala a Guatepeor (con el perdón de los queridos vecinos del sur)..
Tan hay oposición que en las elecciones federales de 2021 ésta arrancó la mayoría constitucional en la Cámara de Diputados a la coalición presidida por Morena y en total ganó más votos que la coalición del Presidente. Vuelvo a mencionar los votos globales. Morena, PT y PV sacaron 21 millones de votos.
PAN, PRI y PRD sacaron 19.5 millones de votos. MC sacó 3.5 millones de votos. En total, coaligado o no, los partidos de oposición ganaron 23 millones de votos. Dos millones de votos más que la coalición presidida por el Presidente. De haberse usado el criterio que supuestamente impulsa la iniciativa presidencial de reforma electoral de tener representación proporcional pura, la oposición tendría mayoría relativa en la Cámara de Diputados, 48%, contra 43% de Morena y aliados, suficiente para aprobar y modificar el presupuesto. Un Presidente con la obsesión centralizadora del poder que padece AMLO jamás se arriesgaría a ello.
Aun sin una alianza con MC, una diferencia de 1.5 millones de votos ganados por la alianza Va por México no parece una ventaja imposible de superar. Y en esto hay que reconocer (y agradecer) la enorme aportación del Presidente. Cada ataque a un gremio son miles, cientos de miles de votos que se le escapan a su coalición y que se vienen para este lado (Alianza y MC). ¿Cuántos médicos, médicas, enfermeras y personal de salud querrán votar por alguien responsable del mayor número de muertos entre personal de salud en el mundo a causa del covid?
¿Por qué querrían votar por los candidatos de quien los insulta y a quienes postergó la vacuna si estaban en el sector privado? En los datos de Palacio Nacional la clase media es tan pequeña que no importa a cuántos gremios ataque, al fin que “los pobres son más”. Sólo que no toma en cuenta que muchos de esos pobres, algunos de nuevo ingreso a esa estadística gracias a su gobierno, quieren dejar de serlo y se consideran clase media.
Se volvieron a escuchar los graznidos de “no hay oposición, no hay oposición, no hay candidato”, debido a una reciente encuesta en Reforma de la excelente profesional Lorena Becerra, que indica una posible ventaja de 2 a 1 en las próximas elecciones presidenciales a favor de Morena. Como ella misma lo explicó, de aquí a las elecciones del 2024 falta que corra mucha agua bajo el puente. Pero quisiera recordar que el total de encuestadores quedaron sorprendidos por el tamaño del voto opositor en las elecciones del 21. En las encuestas que publicaron en mayo del año pasado, la mayoría predijo de 40% a 48% del voto para diputados federales a favor de Morena, pero ese partido sólo alcanzó el 34 por ciento. Una pregunta en la encuesta de Buendía y Laredo sugiere la volatilidad del voto en ese entonces: 46.8% estaba convencido de por quién iban a votar, pero 51.1% afirmó que podría cambiar el sentido de su voto.
¿Fue la mano invisible la que logró esa mayoría de votos a favor de la oposición? ¡No! Fue en gran parte trabajo de los partidos de oposición y de los organismos de la sociedad civil que trabajaron intensamente para promover la asistencia a las urnas. ¿Que el trabajo de la alianza Va por México pudo haber sido mejor? ¡Claro!
La alianza postuló candidatos y candidatas sólo en 219 distritos, de los que ganó 63. De los 81 distritos en los que no contendieron juntos, 17 los podría haber conquistado la alianza porque la diferencia era muy pequeña y se compensaba con los votos del partido que no se alió. Lo mismo no se podría decir de la coalición Juntos Haremos Historia, porque la eficiencia de PT y PVEM en esa alianza fue ínfima y en realidad el cálculo estuvo hecho no por el caudal de votos que pudieran aportar esos partidos, sino por cómo se favorecía la sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados.
Para dar una de idea de qué tan competida estuvo la elección de 2021, es importante hacer notar que en 63 distritos de mayoría relativa la diferencia entre el primero y el segundo lugar fue menor al 5 por ciento. Y en otros 63 distritos la diferencia osciló entre el 5% y el 10 por ciento. Casi la mitad. Un mejor trabajo en esos distritos de los partidos y de las organizaciones de la sociedad civil puede hacer la diferencia. Se perdió la percepción de invencibilidad de Morena y eso potencia aún más triunfos y, sobre todo, se probó el acierto de la unidad entre los opositores.
