La hipótesis revolucionaria

¿Por qué no concluir que el objetivo de Putin es provocar revoluciones en regiones que afecten a sus adversarios? Aunque es cierto que se ha documentado que, cuando se trata de sus finanzas personales, Putin es lo más lejano a un comunista austero, la verdad es que se ...

¿Por qué no concluir que el objetivo de Putin es provocar revoluciones en regiones que afecten a sus adversarios? 

Aunque es cierto que se ha documentado que, cuando se trata de sus finanzas personales, Putin es lo más lejano a un comunista austero, la verdad es que se han olvidado que se llama... Vladimir Putin, probablemente en honor al líder de la revolución bolchevique de 1917, Vladimir Lenin. Se olvida también que Putin nació, creció, se educó y maduró bajo el régimen soviético, leyendo los textos clásicos leninistas y estalinistas. Y que considera el desplome del régimen soviético en 1991 como «una gran tragedia humanitaria». Hoy busca darle brillo a su currículum mencionando a los zares Pedro I y a Catalina la Grande como sus grandes inspiradores, pero la verdad es que le quedan grandes. 

La caída del Muro de Berlín y el subsecuente colapso del régimen soviético significaron para Putin «la desintegración de la Rusia histórica bajo el nombre de Unión Soviética... Nos convertimos en un país completamente diferente. Y se perdió lo que se había construido durante 1,000 años». 

Al igualar Rusia con Unión Soviética, Putin implica que no reconoce historia ni futuro independiente para las naciones que estuvieron bajo el yugo soviético. Se sabe que la negación de la existencia independiente de Ucrania es parte del plan para intentar reconstruir a la Rusia Imperial y que a eso obedeció la invasión. El dictador ruso esperaba una rendición rápida y, por tanto, la toma de partes importantes del territorio ucraniano sin mayores dificultades. ¿Pero y qué tal si la prolongación inesperada de la guerra y la dislocación de la economía mundial, gracias al triple impacto de los efectos de la pandemia, la guerra y el efecto en la agricultura del cambio climático, le ofrecen a Putin la fantasía de una venganza planetaria por la desaparición de la URSS? 

El líder ruso tiene dos herramientas para implementar esta estrategia: el gas ruso que países de la Unión Europea importan en grandes cantidades —Alemania principalmente— y la exportación de cereales. Juntas, Rusia y Ucrania controlan el 30% de las exportaciones mundiales de trigo. Rusia tiene bloqueado el puerto de Odesa, donde se concentra la infraestructura de grandes silos para guardar las cosechas hasta su exportación. También hay evidencia de bombardeos a los campos de cultivo en Ucrania. 

 El vínculo —muchas veces causal— entre hambruna y levantamientos populares o revoluciones está muy estudiado. 

 La Revolución Francesa fue precedida por hambrunas en diversas regiones de Francia en 1788 y 1789 que se repitieron en 1792, cuando se suscitaron levantamientos contra el régimen revolucionario. También está documentada la hambruna que sacudió Europa a partir de 1840 y que precedió a las revoluciones de 1848 y causó emigraciones masivas hacia América como la irlandesa. También se ha estudiado el efecto de desastres naturales —como las explosiones de los volcanes Tambora en 1815 y Krakatoa en 1883 y sus afectaciones al clima, el surgimiento de epidemias, desastres agrícolas, etcétera. 

El brillante académico estadunidense Timothy Snyder se ha acercado a esta hipótesis al plantear que Putin planea “las guerras del hambre” con un triple propósito: destruir a Ucrania como Estado democrático; provocar un aumento en las oleadas de refugiados hacia la Unión Europea para desestabilizarla y provocar hambrunas y muertes masivas en África y partes de Asia para culpar a Ucrania. 

Es posible que los tres objetivos estén en la mente del dictador, pero falta la perspectiva leninista: a través del embargo alimenticio que está provocando y la amenaza de suspensión de exportaciones de gas a Europa, Putin busca crear las condiciones para levantamientos revolucionarios, no sólo desestabilizadores. Para ello, le falta un elemento: los partidos comunistas. Durante la primera mitad del siglo XX, estos fueron financiados y consentidos por la URSS para que dirigieran las insurrecciones revolucionarias cuando llegaran las “circunstancias concretas”. 

 Para toda cuestión práctica, ya no hay partidos comunistas en Occidente y en donde sí hay, en China, ésta juega un juego diferente al ruso. ¿Qué herramientas buscará manipular Moscú? Sin duda, las guerras cibernéticas, la desinformación, las fake news o la búsqueda de magnificar la influencia de figuras como Donald Trump u otras figuras populistas que ayuden a debilitar la confianza en la democracia, sean de derecha o de izquierda. Felicito desde aquí al diputado Salomón Chertorivski por la iniciativa de visitar Ucrania junto con otros colegas diputados porque, hoy más que nunca, la verdad es el instrumento precioso para defender la democracia y acabar con las fantasías milenaristas que la amenazan. 

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