La hermandad de las juezas
La ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación SCJN, Norma Lucía Piña, recibió ayer en Marruecos el Premio en Derechos Humanos de la Asociación Internacional de Mujeres Juezas IAWJ por sus siglas en inglés. Al igual que la presidencia de la Corte, ...
La ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Norma Lucía Piña, recibió ayer en Marruecos el Premio en Derechos Humanos de la Asociación Internacional de Mujeres Juezas (IAWJ por sus siglas en inglés). Al igual que la presidencia de la Corte, se trata de un premio ganado a pulso, con sentencias bien meditadas, iluminadas por la perspectiva enriquecedora del derecho comparado, de los aprendizajes de otros tribunales que iniciaron antes que los nuestros las batallas por los derechos humanos. Y por su propia reflexión, alejada de dogmatismos: “Ante cada sentencia hemos de saber que no lo sabemos todo” y profundamente comprometida con los principios de igualdad ante la ley, los derechos de las mujeres y grupos vulnerables y un abordaje innovador para el cuidado de la naturaleza.
Mientras que las barras, colegios de abogados y asociaciones de jueces se precian en algunos países de ser centenarias, la IAWJ es una asociación relativamente joven, se fundó en 1991 por una razón muy sencilla: hasta entonces fue evidente que ya había la masa crítica de mujeres juzgadoras no sólo en los países con largas tradiciones jurídicas, sino también en los países del sur. La asociación es resultado de la iniciativa de la National Association of Women Judges, NAWJ, fundada en Estados Unidos en 1979 y profundamente influenciada por el poderoso movimiento feminista de los 70, movimiento que aporta herramientas tan potentes como las medidas de discriminación positiva y la formulación de la teoría de género que elabora a partir de la obra de Simone de Beauvoir, El segundo sexo.
En la reunión de 2003 de la NAWJ, la célebre Ruth Bader Ginsburg, ya ministra de la Suprema Corte de Estados Unidos, pronunció un discurso memorable:
“Durante mi juventud, abogados y jueces mantenían lo que los franceses llaman una idée fixe, la convicción absoluta de que las mujeres y la abogacía —y sobre todo juzgar— no debían mezclarse. Pero los textos antiguos revelan que esto no siempre fue así.
“En la mitología griega, Palas Atenea era celebrada como la diosa de la razón y la justicia. Para terminar el ciclo de violencia que se desató con el sacrificio de Ifigenia por su padre, Agamenón, Atenea creó una corte de justicia para juzgar a Orestes, instalando así el mandato de la ley en vez del reino de la venganza.
“Hay que recordar también a la bíblica Débora (del Libro de los jueces). Al mismo tiempo, ella era profeta, jueza y líder militar. Esta autoridad triple se ejerció sólo por otros dos israelitas, ambos hombres: Moisés y Samuel. La gente acudía desde lejos a buscar los argumentos de Débora. Según los rabinos, Débora era rica en forma independiente; por tanto, podía darse el lujo de trabajar pro bono”.
La ministra RBG continúa recordando las dificultades de las mujeres para ser admitidas en las escuelas de derecho y luego en las barras de abogados, casi siempre con argumentos disfrazados de dulce paternalismo: “Sería una amenaza terrible para el sentido de inocencia femenino ...que se permitiera a una mujer mezclarse profesionalmente con toda la porquería del mundo que llega a las cortes de justicia”, argumentó un ministro de la Suprema Corte de Wisconsin en 1875.
Además de ser una asociación sumamente prestigiosa, la IAWJ hace lo que predica. Recientemente fue premiada por su trabajo en el rescate de las más de 254 juezas que se formaron durante los 20 años de democracia en Afganistán. Rescatarlas, conseguir visas y boletos, asegurar refugio. Es una hermandad de juezas que vela por los derechos humanos de todos y muy particularmente por los de aquellas integrantes asediadas por autócratas y fanáticos.
La ministra Piña fue precedida en este premio por figuras icónicas como Ruth Bader Ginsburg, que lo recibió en 2018, o Sanji Monageng, jueza en la Corte Penal Internacional, en 2014. Su premio nos llena de orgullo y esperanza a las mujeres. Sin la complicidad de abogadas, juzgadoras, legisladoras, expertas y activistas no podríamos haber inscrito en la Constitución el principio de la paridad en 2014 y el de la paridad en todo en 2018.
En su discurso de toma de posesión como presidenta de la Corte, la ministra Piña afirmó: “Represento también a las mujeres, a nuestro nombre les agradezco la congruencia a nuestros compañeros ...reconozco la importantísima determinación de la mayoría de este Tribunal Pleno de romper lo que parecía un inaccesible techo de cristal, me siento acompañada, respaldada, acuerpada por todas ellas, por todas nosotras”. Y así es, ministra, no está sola.
