Jugar al Jenga

Hace dos meses, Juan Enríquez Cabot nos recordó en un artículo en Reforma el juego de Jenga. Con 54 tabletas de madera se construye una torre. Los jugadores retiran una tableta de la torre a la vez y la depositan hasta arriba, esperando no afectar el equilibrio inicial, ...

Hace dos meses, Juan Enríquez Cabot nos recordó en un artículo en Reforma el juego de Jenga. Con 54 tabletas de madera se construye una torre. Los jugadores retiran una tableta de la torre a la vez y la depositan hasta arriba, esperando no afectar el equilibrio inicial, hasta que la suma de todas las piezas movidas de su lugar original termina por colapsar la construcción. Pierde el que mueve la pieza que precipita la catástrofe, lo que conlleva cierta injusticia, pues, en realidad, al colapso de la torre han contribuido todos los jugadores.

Deliberadamente, las piezas tienen pequeñas imperfecciones, de tal manera que el equilibrio de la torre es también imperfecto. Pero los jugadores bobos tienen la impresión de que cada vez que mueven una pieza y aparentemente no sucede nada, su inteligencia y astucia han crecido: han escogido la pieza adecuada, han despreciado otras movidas, creen comprender las fuerzas que mantienen en pie a la torre. Ya en las elecciones de 2021 la torre de la hegemonía política que sostiene a este gobierno osciló vigorosamente. La suma de votos válidos que reunieron los partidos de oposición para integrar la Cámara de Diputados fue mayor que la lograda por la coalición oficialista, es decir, la coalición de statu quo. En la Ciudad de México se votó masivamente contra el partido del Presidente. Pero las victorias oficialistas en las gubernaturas regresaron la torre al equilibrio. O eso se creyó. Internamente, la torre estaba fracturada.

El jugador no la podía detectar, aunque la fractura era visible. La torre se había movido. Pero no parecía una oscilación amenazante, ya había movido piezas estructuralmente importantes sin afectar el equilibrio; escojo sólo algunas:

* Canceló el Aeropuerto de Texcoco y su popularidad siguió muy alta. Me aman, concluyó.

* Para ocultar la falta de previsión que llevó a la escasez de gasolinas, lanzó una precipitada campaña vs. el huachicol; 120 personas murieron quemadas y el huachicol ahí sigue. No pasó nada. Me aman, concluyó.

* Canceló el programa de Estancias Infantiles, muchas madres protestaron. Pero las encuestas no se movieron. Me aman, se dijo frente al espejo.

* Cerca de 700 mil compatriotas murieron como resultado de la incompetencia criminal en el manejo de la pandemia. Pero la llegada de las vacunas, aun tardía, hace que la popularidad no baje del 60 por ciento. “Los más, me aman mucho”.

* Destruyó el sistema de distribución de medicinas, incluyendo las que combaten el cáncer. “No importa, los padres de los niños con cáncer son golpistas”, los demás me aman.

* Alentó una campaña de acusaciones penales contra 32 científicos/as, amenazó la autonomía de las universidades públicas y se ensañó contra el CIDE. “Son unos privilegiados. Los que no son aspiracionistas están conmigo”.

* Acabó con los fideicomisos y fondos que garantizaban desde apoyo en emergencias hasta más y mejores proyectos de investigación en las universidades. “Son corruptos. El pueblo me entiende y me ama”.

* Aceptó la alianza tácita con el crimen organizado que facilitó los triunfos morenistas en las gubernaturas de los estados que van de las Bajas a Michoacán. Es que “haiga sido como haiga sido” el “proyecto” no puede detenerse por minucias legales.

El equilibrio se consigue cuando las fuerzas que lo amenazan son contrarrestadas por fuerzas equivalentes, pero contrarias. Parecía ser que los programas sociales y su saliva eran suficientes para mantener la torre intacta. Hasta que movió la pieza del Instituto Nacional Electoral (INE). El 13 de noviembre, la torre de la hegemonía del oficialismo cayó estrepitosamente. Cientos de miles de ciudadanos de toda la geografía nacional, uniéndose en arroyos, riachuelos, ríos, salieron a las calles en un Amazonas ciudadano a defender el INE. Por una razón esencial: el INE permite ejercer, a través de elecciones limpias y confiables, la posibilidad correctora de la democracia. Durante estos primeros cuatro años del gobierno morenista, la ciudadanía mostró una madurez encomiable: ganaste, reconozco tu triunfo y aun cuando no estoy de acuerdo con muchas de tus decisiones, las respeto. En las elecciones de 2021, esa ciudadanía hizo unas cuantas flexiones, encontró nuevamente que el voto era un arma poderosa para apoyar o retirar el apoyo al gobierno en turno.

La reforma electoral propuesta por el Presidente tiene el sello de sus reformas: apropiarse de los contrapesos, destruir lo que no haya sido su iniciativa y sustituirlo por el caos, la ineptitud, la corrupción y el fracaso. El gobierno no es capaz de hacer llegar Paracetamol a las farmacias de México y pretende reformar de pe a pa el andamiaje electoral que hemos construido varias generaciones de mexicanos y, además, estrenarlo en la elección presidencial de 2024. Los y las ciudadanas que marcharon el domingo 13 se pusieron sus tenis cómodos: saben muy bien que un maratón —como lo será la elección del 24— no se corre con tenis nuevos y menos cuando éstos están diseñados por el adversario.

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