Historia de una conspiración
Como ya lo he comentado en varias ocasiones, el aumento al salario mínimo, y con éste la recuperación salarial general que acusan las cifras dadas a conocer por el Inegi en los resultados de la ENIGH 2025, es un logro colectivo. El presidente López Obrador encontró la ...
Como ya lo he comentado en varias ocasiones, el aumento al salario mínimo, y con éste la recuperación salarial general que acusan las cifras dadas a conocer por el Inegi en los resultados de la ENIGH 2025, es un logro colectivo. El presidente López Obrador encontró la mesa puesta e hizo bien en sentarse y aprovechar el banquete a cuya preparación no contribuyó ni con las servilletas. Me refiero, por supuesto, a la aceptación por parte de las élites económicas y políticas, y por una parte importante de la opinión pública, de que el salario mínimo era atrozmente bajo, que podía subir paulatina y vigorosamente durante varios años sin causar inflación, que su nivel bajísimo —el más bajo de América Latina— era parte de lo que no nos permitía crecer y que ese cambio se podía hacer de forma ordenada. Ese consenso fue el que permitió las reformas constitucionales de diciembre de 2016 que nos han permitido llegar hasta 2025 con mejores salarios.
¿Cómo se construyó este consenso? Aventuro una primera hipótesis: el debate a favor del aumento al salario mínimo pudo darse y eventualmente triunfar porque fue apoyado por un gobierno estatal con enorme peso político. Si se revisaran los seminarios de las distintas escuelas y facultades de Economía de las universidades del país, si se examinan los índices de revistas especializadas, se verá que distintos especialistas ya habían llamado la atención sobre la precariedad salarial, pero la bocina de estos seminarios y artículos no alcanzaba a oírse fuera de los recintos universitarios. Pero los estudiosos, los especialistas, ahí estaban y participarían en forma fértil.
En diciembre de 2012 tomó posesión el gobierno de Miguel Ángel Mancera como Jefe de Gobierno. Nombró como secretario de Desarrollo Económico a Salomón Chertorivski, subsecretario a Ricardo Becerra y secretaria del Trabajo a Patricia Mercado. Chertorivski, un nerd encantador, talentoso y obsesivo con los datos, quería saber de dónde partía y para ello ordenó la elaboración de un diagnóstico. Éste documentó una recuperación importante de los empleos perdidos en la crisis internacional iniciada en 2008. Pero los datos del Informe sobre Pobreza 2012 del Coneval, publicado en 2013, demostraban que la mayoría de los empleos recuperados eran aún más precarios salarialmente que los anteriores a 2008.
Todas las encuestas anteriores habían demostrado con creces que la principal fuente de ingresos de los hogares mexicanos eran los derivados del trabajo. A inicios de 2014, los resultados fueron llevados al Jefe de Gobierno y se acordó una estrategia para llevar este debate a la opinión pública. El 1 de mayo, Mancera pronunció un discurso centrado en la necesidad de la recuperación del salario mínimo y convocó a la formación de una comisión independiente que propusiera soluciones. Se formó un grupo de trabajo, integrado por especialistas y presidida por el doctor Enrique Provencio, entonces presidente del Consejo Económico y Social del DF, que estudiaría opciones y buscaría experiencias internacionales.
En agosto de 2014 se llevó a cabo el seminario internacional Salario Mínimo, Empleo, Desigualdad y Crecimiento Económico, en conjunto con otras instituciones como la Cepal, la Fundación Friedrich Ebert y que trajo a figuras internacionales de gran autoridad en la materia. Después de la amplia conversación pública que generó el seminario y otras iniciativas de divulgación y debate, se generó el documento Política de Recuperación del Salario Mínimo en México y en el Distrito Federal. Propuesta para un acuerdo. Paralelamente se celebraban reuniones herméticas con las autoridades hacendarias y del banco central. No sé del contenido, pero Banxico publicó un artículo en contra del aumento a los mínimos. Sin embargo, algo se movía porque en diciembre de 2014 el presidente Enrique Peña Nieto envió una iniciativa de ley para crear la Unidad de Medida y Actualización, UMA, con el fin de desindexar, es decir, desvincular al salario mínimo de otros pagos, precios, multas y quitar el principal obstáculo técnico a la recuperación salarial, iniciativa que estuvo congelada en el Senado durante diez meses.
Utilizando su considerable poder económico, el gobierno del DF hizo algo inaudito para un estado: formuló y ejecutó su propia política salarial. La Asamblea Legislativa creó una Unidad de Cuenta para desindexar el salario localmente, creó incentivos fiscales para las empresas que pagaran bien y condicionó participar en su lista de proveedores a las empresas que pagaran por lo menos 1.18 de la Unidad de Cuenta. El compromiso del gobierno del DF con el aumento al salario mínimo iba en serio. ¿Fue la amenaza de la competencia política contra un gobierno del entonces PRD? ¿Hubo voces sensatas en el gobierno? Lo que sabemos es que en diciembre de 2015 se aprobó por unanimidad la reforma constitucional para desindexar el salario mínimo. Y se hizo el experimento natural más grande del mundo: aumentaron los salarios y no hubo espiral inflacionaria. Conozca la historia de esta conspiración para el bien de México en el libro Del salario mínimo al salario digno (2014). Ahora hay que crecer económicamente y para ello hay que cambiar de gobierno.
