Hacia Palacio Nacional

Lo sucedido este 3 de septiembre, ante un Ángel de la Independencia colmado y eufórico, ha sido una hazaña. Por primera vez en sus 94 años de historia, el Partido Revolucionario Institucional, PRI, no tendrá un candidato presidencial que surja de sus filas. Por primera ...

Lo sucedido este 3 de septiembre, ante un Ángel de la Independencia colmado y eufórico, ha sido una hazaña. Por primera vez en sus 94 años de historia, el Partido Revolucionario Institucional, PRI, no tendrá un candidato presidencial que surja de sus filas. Por primera vez en los 84 años del Partido Acción Nacional, no habrá un candidato presidencial panista. Tampoco, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) tendrá un candidato con credencial partidaria como en 1994, 2000, 2006 o 2012. Y más significativo: por primera vez el PRI no contendrá contra el PAN en una elección presidencial.

En un día que marcará un antes y un después para la vida política de México, surgida de la sociedad civil, impulsada por ésta, la senadora Xóchitl Gálvez Ruiz recibió su constancia como responsable de la construcción del Frente Amplio por México y futura candidata presidencial. Su candidatura no hubiera sido posible sin el trabajo de organizaciones de la sociedad civil que después de las elecciones de 2021 pugnaron por impulsar una alianza de los partidos con las organizaciones sociales y obligaron a estos, por instinto de sobrevivencia, a abrirse a la demanda de un proceso en el que la gente y no sólo las cúpulas partidarias decidieran la candidatura presidencial. Al mismo tiempo, la frescura, inteligencia, arrojo y carisma de Xóchitl dieron fuerza a las demandas de participación de la sociedad civil. La derrota de la alianza electoral del PAN, PRI y PRD en el Estado de México convenció a estos partidos de que solos, con sus golpeadas estructuras y desgaste ante la opinión pública, no podrían vencer a Morena.

Es cierto que me quedé con ganas de cruzar la boleta este domingo 3 de septiembre y votar por Xóchitl como lo anuncié públicamente. Es cierto también que la herramienta por la que trabajamos tan arduamente, la celebración de una consulta lo más parecido a una elección primaria, no se llevó a cabo por una razón irónica: tuvimos demasiado éxito. Las elecciones primarias o las consultas ciudadanas, como fue la propuesta aceptada por el Frente Amplio por México, no son un fin en sí mismo. Se trata de una herramienta para que la gente se exprese y también para que los partidos sepan hacia qué lado van las preferencias de la ciudadanía.

El objetivo era construir una candidatura viable y potente para derrotar el proyecto autoritario y antidemocrático que propone Morena. A la queja de que entre las filas de la oposición no había una figura lo suficientemente destacada para ganar las elecciones, la respuesta era que el proceso de la consulta podría construir una candidatura, quizá no carismática, pero sí fuerte y competitiva. Y entonces llegó el huracán Xóchitl Gálvez y, con ella, un proceso de transformación de miles de ciudadanos, de rabiosos críticos del gobierno, en alegres xochilovers: creativos, irreverentes como ella, autores de caricaturas, memes, consignas, diseños a cuán más de disruptivos. La sensación de que nuestro país entraba irremediablemente al túnel oscuro de la autocracia y la tolerancia al crimen organizado se evaporó. Y llegó la esperanza de que era posible llegar a Palacio Nacional con un movimiento potente que uniera a partidos y ciudadanos. Tiene razón ella: la esperanza cambió de manos.

Se dirá que todo lo que se hizo —hicimos— para celebrar la consulta ciudadana fue inútil: el trabajo del Comité Organizador y de miles de voluntarios y militantes para lograr el padrón de más de dos millones 300 mil ciudadanos, la participación de 13 aspirantes a la responsabilidad del FAM, la organización para la instalación de más de dos mil casillas. Muchos incluso se sienten engañados, como si desde un principio se supiera que no se celebraría la consulta. Nada más lejos de ello: las boletas se quedaron impresas. Todo ello sirvió para conocer fortalezas y debilidades de una futura organización electoral, entrenó a miles en el proceso de convencer a otros miles de la importancia de participar políticamente, enseñó que no todo es entusiasmo, sino que a éste hay que unir disciplina y rigor. Y más importante: nos entrenó en las mieles y las hieles de la unidad entre fuerzas políticas y personas que no coincidimos en todo.

Pero si de lo que se trataba no era la celebración de las consultas en sí, sino de encontrar una candidatura potente y con sed de victoria, entonces tuvimos éxito y de forma contundente antes del 3 de septiembre. La segunda encuesta en vivienda detectó el impacto de las declinaciones de Enrique de la Madrid y de Santiago Creel a favor de Xóchitl Gálvez. Entre 75 y 80% de los simpatizantes de Creel mudaron su preferencia a Gálvez. Y el 60% de los simpatizantes de De la Madrid, también. El mito de las famosas estructuras del PRI y su pretendida capacidad de adueñarse de la elección es sólo un cuento para asustar niños. Existen, pero están mermadas como se demostró en el Estado de México. Y, sobre todo, ¿por qué habría de empeñarse el liderazgo priista en apoyar una candidatura que no tuviera las mejores condiciones para triunfar?

Hoy tenemos una gran futura candidata y una ciudadanía con hambre y sed de triunfo. Dispuesta a recorrer el camino que lleva del Ángel de la Independencia a Palacio Nacional.

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