Gracias, Marko Cortés

Marko Cortés va a llegar al Senado de la República. Encabeza la lista plurinominal de su partido, Acción Nacional. Y ahora que ha culminado el periodo de precampañas, es el momento ideal para que se retire a prepararse para la enorme responsabilidad de ser senador de ...

Marko Cortés va a llegar al Senado de la República. Encabeza la lista plurinominal de su partido, Acción Nacional. Y ahora que ha culminado el periodo de precampañas, es el momento ideal para que se retire a prepararse para la enorme responsabilidad de ser senador de la República. Por ejemplo, profundizando sobre la materia de gobiernos de coalición. Porque, en una presidencia de Xóchitl Gálvez, México se estrenará con esta nueva forma de gobierno y, aunque estoy cierta de que la coalición Fuerza y Corazón por México (FCM) ganará la mayoría en las cámaras, es difícil saber qué tan amplia será esta mayoría.

El Senado tendrá enormes responsabilidades; no sólo respecto a los nombramientos que Morena se ha negado a completar con el propósito de capturar los órganos autónomos, sino también porque lo ideal es que la llegada de un gobierno de coalición pueda ser el tránsito hacia un cambio de régimen. El senador Marko Cortés tiene mucho que estudiar al respecto y quizá viajar para conocer de cerca experiencias exitosas de gobiernos de coalición como la alemana.

Hay que empezar por lo que no es un gobierno de coalición. Y digo que por ahí hay que empezar porque si el dirigente panista publicó el acuerdo alcanzado en Coahuila entre el PRI y su partido es porque no le ve ningún problema a lo firmado. Sólo le preocupa que no se haya cumplido. Pero el acuerdo, estimado Marko Cortés, no tiene nada que ver con el proyecto que favorecemos quienes participamos, apoyamos o simpatizamos con la propuesta de un frente multipartidario y ciudadano para llevar a Xóchitl Gálvez a la Presidencia.

Pienso en el acuerdo entre el Partido Socialdemócrata alemán (SPD), los Verdes/Alianza90 y el Partido Democrático Libre (FDP) para formar un gobierno de coalición después de su triunfo en 2021. El acuerdo tiene 166 páginas y se titula Alianza por la Libertad, la Justicia y la Sustentabilidad. Consta de siete capítulos programáticos y un último capítulo dedicado al funcionamiento del gobierno y del parlamento. En el preámbulo plantea: “Venimos de diferentes tradiciones y perspectivas, pero estamos unidos en la voluntad de tomar responsabilidad conjunta por el futuro de Alemania, en la meta por impulsar la necesaria modernización, con la conciencia de que el progreso debe acompañarse de la promesa de seguridad y la confianza de que juntos tendremos éxito. Estamos comprometidos con el bienestar de todos los ciudadanos”. Es sólo en la penúltima página, la 165, que se explicita cómo se repartirán las posiciones en los distintos ministerios. No se habla de otros organismos ni empresas del Estado y, por supuesto, no se mencionan las notarías. No sé en Alemania, pero en México, y estoy segura que ése es el caso en Coahuila, las notarías se ganan por concursos de oposición. El fundamento de un gobierno de coalición que se diferencie del desastre de Morena es el compromiso con el cumplimiento del Estado de derecho.

Se me dirá que es muy diferente la amplitud de un acuerdo de gobierno para todo un país que para una entidad federativa. Ello es cierto. Pero la sustancia de un pacto de gobierno entre distintas fuerzas debe tener como alma un proyecto que busque el bienestar de todos y no el de los allegados a los liderazgos partidarios. Pienso en los complejos retos de un estado como Coahuila. ¿Cómo se resolverá la transición hacia energías limpias con su influyente región carbonífera? ¿Cómo podrá garantizar más energía eléctrica para las empresas que buscan establecerse en el estado? ¿Cómo podrá lograr un salto cualitativo en la educación de sus jóvenes para que tengan las competencias de la industria de la robótica y la inteligencia artificial? Y tantas interrogantes más que debieron resolver los partidos que se coaligaron.

Inicio agradeciendo a Marko el error que cometió porque eso pone de manifiesto, nuevamente, la importancia de la participación de la sociedad civil en la campaña de Xóchitl. No es que la sociedad civil y muchas de las organizaciones que la conformamos seamos impolutos. No. Pero nuestros hábitos políticos son muy distintos a los de los partidos. Generalmente, nos agrupamos en torno a causas y esto nos hace diferentes, a veces efímeros. Los partidos se agrupan en torno al objetivo de ganar el poder. Y ello impone una lógica de competencia, permanencia y disciplina. Disciplina, incluso, para no mencionar los errores de sus líderes. Pero en esta batalla por ganar las elecciones del 2024 para impedir que en nuestro país se consolide un régimen autoritario, militarista y con pactos con el crimen organizado, es importante que los electores que nos observan críticamente sepan que el componente ciudadano está fuerte y vigoroso, y corregirá lo que haya que corregir.

Y mostraremos ese músculo el próximo 18 de febrero en defensa de la autonomía de las autoridades electorales —TEPJF e INE— y del Poder Judicial de la Federación. En favor de elecciones limpias y justas, y de una democracia viva y actuante. Vamos a llenar juntos las plazas de nuestro México.

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