El doctor Fausto en el Senado
Me pregunto si cuando las y los senadores morenistas regresaron a casa o a sus cuartos de hotel, en la madrugada del sábado 29, experimentaron en sus gargantas algún regusto de vómito. O si algunos de ellos se precipitaron en arcadas a vaciar el estómago y con la ...
Me pregunto si cuando las y los senadores morenistas regresaron a casa o a sus cuartos de hotel, en la madrugada del sábado 29, experimentaron en sus gargantas algún regusto de vómito. O si algunos de ellos se precipitaron en arcadas a vaciar el estómago y con la sensación de postración que sigue a este esfuerzo agotador, tratar de calmar la conciencia que martilleaba, aunque sea débilmente: ¿en qué te has convertido, tú que querías hacer historia?
¿Y en qué se han convertido los y las senadoras gobiernistas? En una subsede de la Plaza de Santo Domingo, famosa por producir documentos apócrifos, licencias falsas, tesis maquiladas, etcétera. Para completar el quórum de 65 senadores que durante la agitada jornada de ese viernes iba y venía, los senadores morenistas tomaron la protesta a la suplente de la senadora Claudia Balderas. La senadora Balderas, famosa por tener el hábito de no pagar su renta, representaba en esos momentos al Senado en un evento del Parlamento Europeo y, feliz, enviaba sus crónicas a Facebook. Pero hete aquí que, sin incluir en el Orden del Día la supuesta solicitud de licencia, el presidente de la Mesa, el senador Armenta, tomó la protesta a la suplente. ¡Oh, la senadora Balderas tendrá que pagar su viaje de regreso! ¿Cuántas hojas se habrán gastado para imitar la firma de la senadora Balderas? Ya no podremos saberlo porque el Inai no podrá ordenarle a la Secretaría General del Senado mostrar la carta apócrifa.
Pero las declaraciones candorosas del senador Armenta revelan que no, no se conforman con ser la sede alterna de Santo Domingo. Al terminar la jornada de cinco horas en las que dedicaron 15 minutos a cada una de las 18 leyes que aprobaron, el aspirante morenista a gobernar Puebla declaró, satisfecho: “Le hemos cumplido al señor Presidente”. Escuchamos mal los que creímos oír que al jurar como senadores se comprometían a “guardar y hacer guardar la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos”, no a apoyar cualquier ocurrencia del inquilino de Palacio Nacional y menos a socavar derechos que tardamos décadas en hacer efectivos, como a la información, a la transparencia y al cuidado de nuestros datos personales, garantizados hasta ahora por el Inai.
Los senadores sueñan con dos o tres sexenios más de Morena en el poder. ¡Oh, si fueran tres, suspira alguno que compró el resumen de las obras de Marlowe! Es decir, 18 años, que sumados a los seis años que pronto cumplirán, dan el total de 24 años que el Fausto pidió a Mefistófeles, firmando con su sangre ese contrato y prometiendo entregar, al final, su alma. Al protagonista de la obra del autor isabelino, Mefistófeles le cumplió los 24 años de vida licenciosa e intensa. Pero a las y los senadores gobiernistas, entregada el alma y la dignidad a cambio de retruécanos y seguridades incomprobables de que “vamos muy bien”, nada seguro les podrá cumplir el presidente López Obrador.
Porque el espectáculo de vasallaje, sumisión, desprecio a sus electores y a la democracia es la mejor prueba de que no, no van muy bien. Si hubiera seguridad del triunfo, tanto en la Presidencia como en el Congreso no robarían el derecho a la transparencia ni montarían ese espectáculo degradante en el Senado de la República. El Presidente no olvida el frentazo que representó perder la Ciudad de México en 2021 ni el empate en votos para diputados federales, a pesar de que todas las encuestas adivinaban que el resultado sería favorable a su coalición. ¡Ah, las malditas dudas! “¿ Y qué tal y si no conseguimos la mayoría constitucional?”, rumia el enfermo de covid. Más marrao, más seguro.
Y, para ello, a los senadores hay que hacerlos firmar y entregar el alma. Reducirlos a la nada, mediante la humillación sistemática. Con un solo mensaje: llegaron por mí, sólo por mí podrán seguir, sin mí no son nada. Inventen una solicitud de licencia, violen todo reglamento del Senado, traicionen los acuerdos y falten a su palabra, alteren las votaciones (recuerda que ya lo hiciste con Rosario Piedra), aprueben sin leer una sola línea, ¿que no les basta con que lo mande yo? Este tratamiento de anulación de la personalidad no se limitó a los parlamentarios, había que hacerlo extensivo a las corcholatas, ya reducidas al permitir que se les llame así. Eso quiero de ustedes: total sumisión ahora y también después de 2024.
Quienes hayan leído La trágica historia del doctor Fausto ya saben que el final está en el título.
Pero nosotros podemos asegurar un futuro venturoso para México. Informándonos, participando, aprendiendo a utilizar todas las herramientas jurídicas y políticas de participación ciudadana y de defensa de la democracia. Acompañar las impugnaciones que presenten las minorías parlamentarias, no cejar en la defensa del INE y del Inai y prepararnos para ganar el Congreso, ¡sí se puede!
