El carro completo está ponchado
La emergencia de un movimiento cívico formidable como el de la Marea Rosa, augura una presión semejante para que los partidos a los que acompañaron, se transformen.
A la hora de entregar esta colaboración, no se conocen aún los resultados oficiales. Pero las vivencias de la jornada electoral permiten concluir que el sistema político que hemos construido le queda chico a la ciudadanía. Ésta se volcó a las urnas a ratificar su deseo de participar y de no ser ignorada, de compartir las grandes decisiones nacionales, de opinar, de disentir, de expresarse a todo pulmón. Y de exigir cambios; cambios en los partidos políticos, en el sistema jerárquico que los organiza y los blinda contra la influencia y opinión de quienes no son sus militantes.
Qué muestra más clara de la necesidad de cambio que el partido Morena y su inmenso desprecio por la verdad y la dignidad de su electorado. La declaración del presidente de Morena, Mario Delgado, de que ganaron ocho de nueve gubernaturas se parece mucho a la estrategia de López Obrador, desnudada hace unos días en un artículo reciente de Rafael Pérez Gay. Sabiendo que perdió las elecciones de 2006, así se lo comunicó AMLO a su confidente y amigo, José María Pérez Gay: “Perdimos por muy poco, Chemita”, salió a los pocos minutos a declararse ganador. Que el candidato sabía que podía perder lo ha ratificado Guadalupe Acosta Naranjo, quien narra que, al mediodía del 6 de julio, le entregó en mano al candidato la encuesta interna de Covarrubias, en la cual perdía por medio punto.
Mentir le permitía montar una estrategia política y legal de defensa del supuesto triunfo. De la misma manera, la declaración de esta noche de carro completo por parte de Morena, exuda histeria y una estrategia parecida a la ensayada en 2006. Se trata de crear la apariencia de triunfo para dar tracción a esta narrativa. Y de, nuevamente, usar y abusar de las encuestas para engañar a la opinión pública.
El problema es que engañar y mentir como estrategia de comunicación tiene consecuencias en la formación de su electorado. En vez de promover un pensamiento libre y crítico que retroalimente al partido y eventualmente al gobierno, promueve la fe y la lealtad a ciegas. A menudo yo le he llamado “el efecto Midas inverso”. Personas inteligentes, críticas, que cuestionaban todo cuando estaban en la oposición se transforman en personas acríticas, incapaces de encontrar algún defecto en su liderato. Eso repercute en la (mala) calidad de gobierno: ciudadanos que no cuestionan y demandan mejoras, no ayudan a la implementación de buenas políticas públicas.
Por el contrario, la emergencia de un movimiento cívico formidable como el de la Marea Rosa, augura una presión semejante para que los partidos a los que acompañaron se transformen. No sé aún los resultados de la elección a la Presidencia, pero sí sé que la política en México ya no será igual. La gente salió a la calle a defender la democracia y no se conformará con que la ignoren. A diferencia de lo que venía reportando el Latinobarómetro, una tendencia creciente de la sociedad mexicana a perder confianza en la democracia y cierta aceptación de la idea de que México requería el gobierno de un hombre fuerte y autoritario.
La Marea Rosa demostró que, ante la percepción nítida de que el proyecto de Morena representa una deriva hacia el autoritarismo, la ciudadanía abandonó la comodidad y la indiferencia, para tomar las calles y defender a los pilares de la democracia: separación de Poderes, transparencia en el actuar del gobierno, un Poder Legislativo fuerte e independiente del gobierno e instituciones autónomas que garanticen elecciones libres, transparencia y acceso a la información pública y otros organismos autónomos.
Un elemento primordial de la democracia es reconocer la legitimidad de los adversarios. Imposible construir a un México incluyente y capaz de resolver los inmensos retos que tiene con sólo el punto de vista y el programa de quienes hayan triunfado, del lado que haya sido. Los resultados de gobernar así, ignorando a millones de ciudadanos, nos ha costado un México herido por la violencia y la semilla de la división.
