Cómo le hicimos

“Una golondrina no hace verano”, se dice de un suceso que parece desafiar el presente, pero que no vuelve a repetirse. “Flor de un día”, se refiere a un triunfo efímero, que no permanece y pronto se olvida. Si algunos quisieron clasificar la marcha del 13 de ...

“Una golondrina no hace verano", se dice de un suceso que parece desafiar el presente, pero que no vuelve a repetirse. “Flor de un día", se refiere a un triunfo efímero, que no permanece y pronto se olvida. Si algunos quisieron clasificar la marcha del 13 de noviembre como un golpe de suerte, como una chiripada, como un éxito irrepetible, las plazas rebosantes de ciudadanía en más de cien ciudades del país este domingo 26 de febrero les demostraron que algo más duradero y profundo está sucediendo en el seno de la sociedad mexicana. Un sentido de alerta que la ha hecho salir de sus casas, un instinto de defensa, la esperanza de que aún esté a tiempo de salvar algo precioso. Que le quede claro al gobierno y a los partidos políticos todos: la irrupción de la ciudadanía no es, no será, flor de un día ni golondrina extraviada.

Honor a quien honor merece. El autor de este cambio de fase en el humor social de los y las mexicanas es sin duda el Presidente de la República. Un error de cálculo y la soberbia lo han hecho confiar en la estrategia de polarización perfeccionada a lo largo de su vida política. “Polaricen, polaricen, porque los pobres son más”, decía. Y con ese cálculo se dedicó a insultar, ofender, pero sobre todo a destruir servicios o herramientas con las que clase media, pero también muchos pobres, podían compensar situaciones comprometidas. Madres trabajadoras, médicos, pacientes, más de 700 mil familias que perdieron a sus seres queridos en la pandemia ante un gobierno incapaz y cruel, científicos perseguidos penalmente, profesionistas acusados de ser elitistas, cientos de miles de usuarios que perdieron el Seguro Popular, desabasto de medicinas, deportistas que no pueden competir, artistas que no reciben apoyo.

Error de cálculo doble: las transferencias de dinero vía programas sociales no compensan la pérdida de los servicios y bienes que antes estaban a disposición; la inflación encoje los ingresos; el desorden en la distribución de medicinas y el innegable desabasto hiere a las familias. Y segundo error: los nuevos pobres, aproximadamente dos millones, según el Coneval, resultado de una política económica errónea, especialmente durante la pandemia, vienen de la clase media. Los argumentos de Palacio Nacional no los convencen.

Una insatisfacción segmentada venía acumulándose, pero seguía sin extenderse ni generalizarse. Hasta que se tocó al Instituto Nacional Electoral (INE), porque ahí se acabó la segmentación: todos las y los adultos de 18 años o más tienen credencial del INE, han acudido a votar o han participado en el desarrollo de jornadas electorales.

A la irrupción de la ciudadanía en defensa del INE colaboraron los propios funcionarios del instituto, que primero desmenuzaron las consecuencias catastróficas de la reforma constitucional derrotada en noviembre y más tarde, las del plan B. Salieron del edificio del INE para acudir al Congreso, a los medios y a las redes sociales. En reuniones pequeñas y grandes, cerradas y abiertas, defendieron lo que conocen: el extraordinario trabajo de miles de funcionarios y ciudadanos para garantizar elecciones limpias y confiables.

Nada de eso bastaba. La sociedad civil bullía en inquietud y propuestas. En mayo de 2022, el Frente Cívico Nacional (FCN), iniciativa ciudadana de apenas seis meses de fundada, convocó a la defensa del INE. No había iniciativas de ley todavía, pero la retórica amenazante de Palacio Nacional no dejaba lugar a dudas de que se buscaba destruirlo. Acudieron tres expresidentes del IFE/INE. Uno de ellos, Luis Carlos Ugalde, propuso invitar a la gente a salir a las calles. La propuesta quedó flotando en el aire, provocando inquietudes y dudas: ¿podríamos lograrlo? Esa misma tarde y en una cantina, en la que celebrábamos la nutrida convocatoria al evento en defensa del INE, surgió la idea de crear una plataforma que diera sinergia a las propuestas y energías de seis organizaciones de la sociedad civil: Sí Por México, Poder Ciudadano, Unidos Por México, UNE, Somos Sociedad Civil y Frente Cívico Nacional. Cinco meses después, en octubre de 2022, nacía formalmente UNId@S, con una práctica que se refleja en su nombre: aceptar y movilizar a todo aquel que esté a favor de la democracia, no importa las diferencias que tengamos en otros temas, un verdadero reto para la historia política de muchos de nosotros.

Fue esta convergencia de organizaciones la que convocó a la marcha del 13 de noviembre, pero el éxito se debe a las decenas de organizaciones que participaron y a las centenas de miles de ciudadanos y ciudadanas que marcharon, muchos de ellos sin experiencia política previa. Con mejor organización, con mejores herramientas organizativas y con el potente recuerdo de la marcha del 13 de noviembre, salimos este 26 en más de 100 ciudades y desbordamos el Zócalo de la CDMX. Esto no lo hubieran logrado ninguno de los partidos de oposición, ni separados ni juntos. Tampoco lo hubiera logrado Morena sin los recursos gubernamentales que usufructúa descaradamente. Lo logramos las y los ciudadanos para defender, sí, un privilegio: el de tener elecciones confiables y el de vivir en democracia. ¡Gracias a todos y todas y seguimos y seguiremos marchando!

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