Acá la democracia
Se abrieron. Los partidos se abrieron al clamor de cientos de miles de ciudadanos que pedían participar en la selección de quien pueda ganar la candidatura presidencial opositora y esto es un gran triunfo para los partidos y para la ciudadanía. Por primera vez en ...
Se abrieron. Los partidos se abrieron al clamor de cientos de miles de ciudadanos que pedían participar en la selección de quien pueda ganar la candidatura presidencial opositora y esto es un gran triunfo para los partidos y para la ciudadanía. Por primera vez en nuestro país, quienes aspiran a ser el o la titular del Ejecutivo tendrán que competir en una consulta pública a lo largo y ancho del territorio nacional, contrastando y debatiendo con sus contrincantes, buscando ganar el apoyo popular y convencer de sus cualidades para gobernar este país.
Apenas el 20 de mayo pasado, el PAN había decidido en su Consejo Nacional que quienes aspiraran a ser precandidatos formales —con partido o sin partido— tendrían que avenirse a los procedimientos de los estatutos panistas. ¿Qué sucedió en las cinco semanas que transcurrieron entre ese Consejo y el de este sábado pasado? ¿Qué sucedió también en el PRI que había acordado avenirse a que el PAN tuviera mano en la designación de las candidaturas a la Jefatura de Gobierno de la CDMX y de la Presidencia? ¿Qué sucedió con el PRD, que había sido olímpicamente ignorado en ese acuerdo? Encuentro varios eventos que inclinaron la balanza a favor del clamor ciudadano:
* La sesión del Senado de la República, conocida como el “viernes negro”, del 27 al 28 de mayo, en la que la mayoría morenista reiteró su vocación antidemocrática al aprobar un paquete de leyes con claros visos anticonstitucionales. Permitir el triunfo de ese partido es garantizar la destrucción de pilares básicos de la democracia, como la división de poderes, la autonomía de la Suprema Corte de Justicia o la Corte misma y el sometimiento desvergonzado del Poder Legislativo.
•La derrota en el Edomex, uno de cuyos elementos fue la reticencia de los electores panistas para votar por una candidatura que sintieron ajena. Con una larga tradición de democracia interna, la militancia panista es celosa de apoyar sólo a sus candidatos y después de años de competir contra el priismo no le bastan acuerdos cupulares como los que dieron lugar a Va por México. En el PRI pesó el convencimiento de que conservar su base y su electorado más fiel no bastan para ganar una elección competida. El PRD aprendió que su aportación, 3% en el Edomex, puede ser clave. ¿Que los partidos no aprendieron? Aprendieron.
•El 5 de junio se anunció la firma de los precandidatos de Morena de un acuerdo cuyas reglas fueron anunciadas y redactadas por el Presidente. Se trata de un acuerdo de un solo partido, en el que participan tres de sus precandidatos y se invita como acompañantes de honor a los candidatos del PT y del Verde. La obligación de renunciar a sus respectivos puestos y la primacía en la iniciativa acaparó la atención pública. Dejar solo a Morena reforzaría la narrativa de que el triunfo de ese partido es ineluctable, discurso muy eficaz en las elecciones del Estado de México, reforzado por encuestas bien pagadas.
•El 6 de junio, el Frente Cívico Nacional (FCN) confirmó lo que ya había anunciado desde el 23 de mayo: que organizaría unas elecciones primarias para escoger al candidato que atrajera el mayor voto ciudadano. Y para confirmar la seriedad de esta propuesta, anunció la conformación de un Consejo Electoral Ciudadano, presidido por el expresidente del IFE, Leonardo Valdés, e integrado por reputados expertos en organización electoral y consultas ciudadanas.
La sensación de que los tiempos se acortaban fue acompañada por opiniones cada vez más explícitas y numerosas de que no se podía actuar como si fueran tiempos normales: más y más formadores de opinión pública se pronunciaron por la necesidad de celebrar elecciones primarias y dar a conocer al electorado las ventajas de un gobierno de coalición, por cierto, ambos fueron motivo de la formación del FCN. ¿Qué podría lograr ese efecto de atracción lunar que hizo que la marea rosa emergiera masivamente el 13 de noviembre y el 26 de febrero para luego ocultarse el 4 de junio? El electorado ha cambiado: tres décadas de celebración de elecciones, de saber que el voto cuenta y se cuenta y una naciente cultura de la transparencia lo han hecho más exigente. La amarga experiencia de haber vivido el engaño de la campaña de AMLO —del candidato de la “república amorosa” al Presidente de la división y el militarismo— lo han hecho más cauto. “No nos volverán a engañar”, parece decir la ciudadanía. “Queremos participar no sólo votando, sino ser parte del proceso para decidir una candidatura”. Tenemos frente a nosotros una gran oportunidad. Los partidos se han abierto a la ciudadanía y hay mucho mérito en ello. Y hay una decena de mexicanos y mexicanas que quieren competir y demostrar que la vocación de México es la democracia y no el autoritarismo ni el culto fanático a una persona. Participemos, démosle la bienvenida a los arrojados que quieren llegar a la candidatura presidencial. Y preparémonos para abrir nuevos caminos y energías a la democracia mexicana, que saldrá fortalecida y vibrante de este reto.
