Un triste y penoso primer lugar

La OCDE publicó una infografía en la que señala que México ocupa el primer lugar en embarazo infantil en el mundo. Según este reporte, 30 niñas de entre 10 y 14 años dan a luz cada día en México; cuatro de cada 10 mujeres menores de 15 años son víctimas de violencia sexual; 400 mil embarazos de menores de edad ocurren cada año en nuestro país. Las entidades con mayor número de niñas embarazadas son Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Puebla. Cabe mencionar que existe una mayor propensión de embarazo adolescente en la población hablante de alguna lengua indígena

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años. Se trata de una de las etapas de transición más importantes en la vida del ser humano, que se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios, superado únicamente por el que experimentan los lactantes.

En México, de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015 del Inegi, viven 39 millones de niñas, niños y adolescentes de cero a 17 años, lo que representa 32.8% de la población total. Datos de la encuesta señalan que el número de niños menores de cinco años asciende a 10.5 millones, 22.2 millones se encuentran en edad escolar (cinco a 14 años), en tanto que 6.4 millones son adolescentes entre 15 y 17 años. La juventud y sus problemáticas se han ido incorporando paulatinamente a la agenda gubernamental. Pero este asunto de los embarazos ha manifestado una tendencia lamentable: 49% de las mujeres entre 15 y 29 años no utilizó un método anticonceptivo durante su primera relación sexual, según datos de 2015.

Los adolescentes constituyen un grupo sustantivo para el desarrollo social, político y económico de cualquier país, no sólo porque se encuentran en el umbral de su vida productiva, sino porque es justamente en esta etapa cuando se define su plan de vida y se moldea la personalidad que dará origen a pautas de comportamiento en la vida adulta. Por eso y más, resulta trascendente establecer estrategias encaminadas a garantizar su desarrollo armónico y saludable.

Durante los primeros años de juventud ocurren importantes cambios de orden biológico, sicológico y social. El inicio temprano de las relaciones sexuales sin la debida protección los expone a enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados, que afecten el proyecto de vida de los jóvenes y en el caso de los adolescentes, se agrega la posibilidad de un embarazo de alto riesgo que ponga en peligro la vida de la madre y su producto.

La OMS establece que el embarazo adolescente es por definición un tipo de gestación prematura, y por ende de riesgo, no sólo por las posibles dificultades durante la gestación y el parto, sino porque esos embarazos ocurren mayoritariamente en comunidades de franca vulnerabilidad donde es latente la falta de cuidados, lo cual resulta determinante ante el peligro de sufrir lesiones, hemorragias, infecciones, abortos peligrosos, preeclamsia y otros que puedan desencadenar la mortalidad materna o infantil.

La maternidad adolescente es considerada un problema de salud pública en México, pues se ha documentado que existe una tasa de fecundidad de 77 nacimientos por cada mil adolescentes de 15 a 19 años de edad. El embarazo en las adolescentes afecta negativamente la salud, su permanencia en la escuela, el acceso a oportunidades sociales, laborales y recreativas y, desde luego, su desarrollo humano.

El país debe unir esfuerzos gubernamentales con las organizaciones civiles para proteger mejor a las niñas, así como para prepararlas con información y servicios, para que vivan su sexualidad de forma plena, saludable y responsable. La planificación familiar permite a las personas decidir sobre el deseo o no de tener hijos, así como la libertad de elegir el número y espaciamiento entre ellos. La historia de los programas de planificación familiar en México surge en la década de los sesenta, cuando el país registró la tasa más alta de crecimiento poblacional, la cual llegó a ser de 3.4 por ciento. No obstante, es hasta 1995 cuando la Secretaría de Salud ya considera a la población adolescente en los planes para evitar riesgos en su salud reproductiva.

En la actualidad, es evidente que distamos mucho de tener una comprensión clara de este fenómeno y es necesario reformular la investigación y el conocimiento existentes a fin de proponer medidas más adecuadas para enfrentarlo. Existen en el país diversas estrategias de prevención para disminuir el embarazo en adolescentes, considero que es necesario ampliar y mejorar los servicios de salud sexual y reproductiva, incluyendo la educación sexual y el derecho a la confidencialidad en el acceso y la consulta de los jóvenes. La salud sexual también tiene que ver con el sistema educativo, con el vínculo familiar y con la información del entorno comunitario.

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