Un sistema de salud con muchos retos

El desarrollo demográfico se caracteriza por un descenso de la mortalidad general, un incremento en la esperanza de vida y una disminución en la fecundidad que de 7 hijos por mujer en edad reproductiva en los años sesenta, pasó a dos en 2008

El panorama de la salud pública en México no es halagador. En los últimos 30 años, México se ha convertido en uno de los países del mundo más afectados por los índices de obesidad, las altas tasas de enfermedades cardiovasculares y con un gasto público en salud insuficiente para atender su problemática. Así lo confirmó la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2018, presentada por el Inegi, la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Salud Pública, que muestra que 75 por ciento de los mexicanos padece obesidad y 10 por ciento diabetes. Las cifras hablan de que ambos padecimientos se incrementaron en los últimos seis años.

Se trata de un problema serio para el país, pues, el número de personas con obesidad y con enfermedades crónicas ha ido en aumento, y se han convertido en una de las principales causas de mortalidad en México. En 2012 había 6.4 millones de personas con diagnóstico médico de diabetes; en 2018, la cifra creció a 8.6 millones entre la población de 20 años y más. Las entidades con porcentajes más altos en diabetes fueron Campeche, Tamaulipas, Hidalgo, CDMX y Nuevo León. De acuerdo con la ENSANUT, el sexo femenino presenta las cifras más elevadas en colesterol y triglicéridos; en 2012, 14 por ciento de las mujeres reportaban cifras altas, y en 2018 creció a 21% en población de 20 años y más.

Hace más de 30 años, la Secretaría de Salud creó el Sistema Nacional de Encuestas de Salud (SNES), donde se ha llevado a cabo más de 20 encuestas nacionales, las más recientes ENSANUT 2006, 2012 y 2018. El objetivo principal de este sistema de encuestas es obtener información para cuantificar la frecuencia, distribución y tendencia de las condiciones de salud y nutrición de las familias mexicanas. También, la ENSANUT es útil para examinar la respuesta social organizada frente a los problemas de salud y nutrición de la población, en particular, examinar la cobertura, utilización y calidad percibida de los servicios de salud.

La transición demográfica y epidemiológica ha colocado a los servicios de salud en una situación muy particular, en la cual, sin haber eliminado completamente las viejas causas de demanda de atención —la atención prenatal, las enfermedades infecciosas— deben enfrentarse ahora a un gran número de usuarios con patologías crónicas, como la diabetes o la hipertensión. Sin embargo, el cambio en el perfil de usuarios no se ha acompañado de un cambio a la misma velocidad en la organización de los servicios.

México tiene 128 millones de habitantes. El desarrollo demográfico se caracteriza por un descenso de la mortalidad general, un incremento en la esperanza de vida y una disminución en la fecundidad que de 7 hijos por mujer en edad reproductiva en los años sesenta, pasó a dos en 2008. Estos tres fenómenos han dado lugar a un envejecimiento poblacional, la población de adultos mayores muestra una tasa de crecimiento superior a 4% anual que la llevará a concentrar poco más de la cuarta parte de la población nacional en 2050.

El mayor reto del actual sistema de salud es buscar alternativas para fortalecer su integración, de tal manera que se garantice un paquete de servicios común a todas las personas y se logre finalmente el ejercicio universal e igualitario del derecho a la protección de la salud. Se requiere vincular a la salud con el desarrollo económico y social, reducir los rezagos que afectan a los más desfavorecidos y brindar protección financiera a toda la población.

Nuestro país requiere transitar hacia un modelo de atención más resolutivo, con mayor capacidad de respuesta a las demandas de los ciudadanos y con un papel menos reactivo y más proactivo en la promoción de la salud. La mayor parte de los padecimientos altamente prevalentes en México y muchas de las causas de su atención pueden atenderse en el primer nivel de atención o al menos se le puede brindar al paciente un seguimiento puntual en ese nivel. Y a pesar de ello, un buen porcentaje de usuarios no acude a los servicios de la atención primaria porque considera que ahí no se le brindará la atención adecuada, o bien, porque no le surten la receta completa, o de plano por descuido de su parte hasta que es imprescindible referirlo a un segundo nivel de atención o a los servicios de urgencias. El reto es incrementar la inversión en salud y en campañas preventivas.

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