Un semáforo obsoleto

Cuando el semáforo está en rojo estamos en máxima alerta. Mientras que con el color naranja estamos hablando de la preparación y los ajustes necesarios para mantener limitados los contagios

Esta semana se acumularon medio millón de casos confirmados de covid-19 y más de 55 mil defunciones de mexicanos. México sigue dentro de los 10 países con más casos de coronavirus en todo el mundo. Y, de forma muy lamentable, nos ubicamos en el top tres con mayor número de defunciones después de Estados Unidos y Brasil. El 28 de febrero se confirmó en México el primer caso de covid-19. Desde entonces el gobierno federal ha tomado decisiones tardías y muy precipitadas.

La manera en que se ha conducido la vigilancia epidemiológica de la pandemia ha demostrado ineptitud, cada día siguen contagiándose 5 mil personas en promedio y registrándose diariamente un número elevado de defunciones, casi 700, sin considerar el subregistro documentado y aceptado por el gobierno federal. Se sigue también sin atender las alertas de la OMS de hacer pruebas masivas. Un factor que también recomienda la OCDE para tomar medidas más enérgicas, con ello podría reactivarse la economía y evitar que el brote se siga extendiendo.

El seguimiento a la pandemia ha descansado desde hace un par de meses en el llamado semáforo epidemiológico, que es un sistema de monitoreo para transitar hacia lo que el gobierno llama la nueva normalidad. Es, en realidad, un sistema de seguimiento para la regulación del espacio público. No obstante, ha habido confusión entre la población respecto al semáforo y es una de las razones que dificultan el control de la pandemia. Mi percepción es que el nombre ha generado desconcierto y caos porque los semáforos en las calles sólo tienen 3 colores de luces. Y, en particular, cuando en muchas ciudades transitamos del color rojo al color naranja se asumió que con eso se reactivaban nuestras actividades.

La transición entre la Jornada de Sana Distancia y el sistema de semaforización ha sido un desafío para las autoridades y la población. Cuando el semáforo está en rojo estamos en máxima alerta. Mientras que con el color naranja estamos hablando de la preparación y los ajustes necesarios para mantener limitados los contagios. Esto no ha sucedido, al menos aquí en la CDMX, donde ha sido evidente el caos y desorden al acudir sin control a centros comerciales y a las calles del centro de la ciudad.

Cabe mencionar que otro de los criterios de la Secretaría de Salud federal, que ha sido la ocupación hospitalaria en la que el semáforo del desconfinamiento deposita el gran peso para medir la pandemia, se revela ahora como uno de los datos menos fiables. El dato de camas disponibles era esperanzador y quizás fue un éxito al principio de esta pandemia. Ya no. Son miles los que mueren en sus casas o los que llegan tarde a que los traten. Las estadísticas son muy claras: 25 por ciento muere a los dos días de ingresar a un hospital. La mitad de los ingresos fallece a los 6 días. Y, el 75% en una semana y media aproximadamente. Según los últimos registros, a nivel nacional en México, 59% de camas de hospitalización general están disponibles y 41% ocupadas. En camas con ventiladores, 64% están disponibles y 36% ocupadas.

La ocupación hospitalaria es un dato escurridizo en manos de quienes tengan como prioridad cambiar el color al semáforo para ir abriendo la economía. Hace unos días el diario The New York Times nos narraba de manera dramática esta realidad. La ocupación hospitalaria no puede ser la variable de control en esta pandemia. Los fallecimientos por covid-19 han sido lamentablemente fuera del hospital.

El subsecretario Hugo López-Gatell ha aceptado ya que sus proyecciones han sido rebasadas. Y en eso no ha mentido. Ha sido ambivalente en el uso del cubrebocas. También se ha confrontado con los gobernadores en el tema del semáforo epidemiológico y la suficiencia de recursos presupuestales para enfrentar esta situación que, claramente, está fuera de control. López-Gatell, afirmó que los gobernadores del país, quienes viven un desgaste por la pandemia de covid-19, han presentado diversas inquietudes en torno a la apertura de actividades económicas de sus estados y los mecanismos de decisión a través del semáforo de riesgo que estableció el gobierno federal. Los gobernadores han planteado la idea de modificar ciertos aspectos técnicos del semáforo de riesgo covid-19 a fin de adecuarlo a las realidades y necesidades económicas de sus estados. Llegó la hora de darles la estafeta y la confianza.

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