¿Qué nos depara ante una nueva ola de covid-19?
Si nos enfermamos y no tenemos seguridad social, seguramente acudiremos a la consulta privada y pagaremos de nuestro bolsillo nuestro tratamiento.
Hace un par de semanas, la UNAM recomendó regresar al uso de cubrebocas en espacios cerrados, luego de detectar “cambios en el comportamiento” de covid-19 en México. En ese comunicado, nuestra máxima casa de estudios señaló que, a pesar de la relativa calma en los indicadores de hospitalizaciones y defunciones, se recomienda a la población en esta época del año y ante el inminente inicio de las actividades de la universidad, continuar con las medidas generales de prevención de contagios. Aquí agrego, que desde 2020, agosto ha sido un mes con incremento importante de casos por covid-19, debido a la movilidad social por la época vacacional.
El subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud, Hugo López-Gatell, descartó que, por el momento, se atienda la recomendación que realizó la UNAM sobre implementar el uso de cubrebocas en lugares cerrados ante el registro de nuevos contagios de covid-19 a nivel nacional. “Es importante no sobredimensionar, no exagerar la preocupación sobre algo que muy claramente presenta la universidad, ellos lo que dicen y coincidimos con su apreciación, la situación está en calma”, afirmó. Considero que, si algo hemos tenido que lamentar, es el exceso de mortalidad por la pandemia, y si López-Gatell dice que “no hay que exagerar”, por prudencia sí hay que hacerlo.
El subsecretario de Salud anunció el fin de la emergencia sanitaria por covid-19 en México en mayo pasado. Pero sólo eso: el fin de la emergencia. El virus ha seguido provocando contagios y la tasa de positividad se ha ido incrementando, y en promedio es de 35% por cada prueba tomada, lo cual evidentemente significa un aumento de contagios.
Después de tres años y medio, esta nueva ola merece una alerta dadas las condiciones que describiré brevemente a continuación. La primera y fundamental es que, según cifras publicadas hace un par de días en el reporte sobre la medición de la pobreza en México por el Coneval, hay 50 millones de personas en nuestro país con carencia al acceso a la salud, mientras que en 2018 había 20 millones. Fue un crecimiento dramático debido principalmente a la desaparición del Seguro Popular al inicio de la pandemia, y que el Insabi resultó un desafortunado fracaso administrativo. Nunca se pudo traducir en una política pública medible, con impacto y beneficios para las personas sin seguridad social.
El recién creado IMSS-Bienestar es un organismo público descentralizado (OPD) que apenas en mayo, mediante una reforma legal, acaba de recibir la encomienda de atender a la población sin seguridad social. De acuerdo con los datos del propio Coneval, en 2022 apenas 1% se atendía en el IMSS-Bienestar y 18 % en el IMSS ordinario. Mientras que 60% de la población buscó atención médica privada y en los consultorios adyacentes a farmacias.
Otro dato que debe preocuparnos es que no tendremos las vacunas bivalentes o de segunda ni tercera generación. El virus conforme cambia se vuelve más evasivo a la inmunidad adquirida con las vacunas que nos pusieron aquí en México. Habrá Abdalá, pero la vacunación será hasta octubre. A eso, súmele usted que hace unos días la OMS declaró que la nueva subvariante del virus de covid-19 se ha convertido en una “variante de interés” por su potencial a diseminarse entre la población.
Es decir, si nos enfermamos y no tenemos seguridad social, seguramente acudiremos a la consulta privada y pagaremos de nuestro bolsillo nuestro tratamiento. Pero sí tenemos alguna comorbilidad como hipertensión, diabetes, obesidad o tabaquismo, es altamente probable que caigamos en esa carencia de acceso a la salud que se ha traducido en gastos catastróficos para casi 5 millones de hogares en México desde 2020.
