Pensemos en salud

Se han aplazado la atención y los tratamientos de diversas enfermedades crónicas, que afectan la vida del paciente y que, además, han generado un gasto de bolsillo que es inaceptable. Ya se ha hecho público el tema del desabasto en los tratamientos de niños con cáncer, por ejemplo

El 11 de marzo de 2020, la OMS declaró que el covid-19 se había traducido en una pandemia mundial tanto por los niveles alarmantes de propagación y gravedad, como por los niveles alarmantes de inacción. “Nunca antes habíamos visto una pandemia provocada por un coronavirus. Y nunca antes hemos visto una pandemia que pueda ser controlada, al mismo tiempo”, manifestó su director general.

Y así es que llevamos un año y medio hablando de enfermedad y muerte en todo el mundo. Aquí, la pandemia tomó desprevenidas a las autoridades sanitarias federales. En primer lugar, con una decisión legal y administrativa muy riesgosa como fue la desaparición del Seguro Popular justo unos meses antes. La decisión se tradujo en una nueva reforma legal a la Ley general de Salud, que implicó regresar a la centralización de los servicios de salud, sin reglas claras para las entidades federativas y menos aun para los más de 50 millones de usuarios de los servicios.

En 2020, según el reporte del Inegi, las principales causas de muerte de los mexicanos fueron las siguientes: enfermedades del corazón, diabetes mellitus, tumores malignos, enfermedades cerebrovasculares, enfermedades del hígado, agresiones, accidentes y enfermedades pulmonares obstructivas. Cabe mencionar que la segunda causa de muerte entre los mexicanos fue covid-19. Ya es momento de pensar en salud, en la salud de miles de personas en México con enfermedades crónicas que han tenido que diferir sus tratamientos o de plano complicarse por covid-19.

Nuestro país requiere de una reingeniería del sistema de salud público. No se puede seguir difiriendo la atención médica en el país porque muchos centros hospitalarios han estado concentrados en la atención médica de pacientes contagiados por la tercera ola de contagios por covid-19. La reconversión fue pertinente, pero la pandemia se predice larga y con muchos riesgos sanitarios.

Se han aplazado la atención y los tratamientos de diversas enfermedades crónicas, que afectan la vida del paciente y que, además, han generado un gasto de bolsillo que es inaceptable. Se ha hecho público el tema del desabasto en los tratamientos de niños con cáncer. Sin embargo, existen otras enfermedades que se dejaron de atender y que figuran entre las principales causas de muerte en el país: diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, accidentes, enfermedades del hígado, por citar las más importantes. Y existen otras, como artritis reumatoide o psoriasis, que también provocan efectos discapacitantes y gasto de bolsillo a las personas que las padecen.

Cabe destacar aquí los hallazgos de la medición multidimensional de la pobreza en México, realizada por el Coneval, donde resalta que entre el periodo de 2018 a 2020 el indicador de carencia por acceso a la seguridad social pasó de 16.2 por ciento a 28.2 puntos porcentuales. El mayor cambio entre todas las carencias sociales fue justamente este incremento de 12 puntos porcentuales. Esto se traduce en que existen, actualmente, 24.4 millones de personas en México con carencias por acceso los servicios de salud y que, ante gastos de salud, podría representar pagos considerables con sus propios recursos.

Eso quiere decir que ya es momento de pensar en salud. De recuperar la atención médica periódica y, desde luego, retomar la prevención en todas las unidades de primer nivel y de consulta externa. Agilizar el suministro oportuno de medicamentos y ofrecer una mejor coordinación con las entidades federativas para poder hacer posible este nuevo esquema de gratuidad del que habla el presidente López Obrador. No es lo mismo tener derecho a la salud que tener acceso a ella.

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