No todo florece en primavera

Durante la temporada primaveral, el polvo, las altas temperaturas y el polen forman parte de algunos de los factores contaminantes que pueden ocasionar complicaciones respiratorias, gastrointestinales y virales.

Ha llegado la primavera y con ella también llegan algunas afecciones a la salud de ciertos grupos de la población. La mayoría de las personas relacionamos a la primavera como la temporada de las alergias. Pero hay muchas más afecciones que se acentúan durante esta época del año. Una enfermedad estacional, se refiere a una condición médica que tiende a manifestarse en determinadas épocas del año. Estas enfermedades temporales suelen estar asociadas a factores climáticos, cambios en las estaciones o patrones ambientales específicos.

Dado que pueden variar según la estación del año, vale la pena conocer las más comunes asociadas con la primavera para poder prevenirlas de forma responsable. Durante la temporada primaveral, el polvo, las altas temperaturas y el polen forman parte de algunos de los factores contaminantes que pueden ocasionar complicaciones respiratorias, gastrointestinales y virales. Las siguientes son los padecimientos más destacables: la conjuntivitis, resfriado común, gastroenteritis, asma, faringitis, sinusitis, erupciones cutáneas, daños en la piel por el sol, dolores de conocer los distintos tipos de enfermedades estacionales te ayudará a prevenir cada una de ellas. Las puedes identificar por los síntomas que presentes o mediante estudios médicos preventivos.

La alergia al polen es una reacción frente a los distintos tipos de polen, que presentes en la atmósfera, penetran en el organismo a través de las mucosas expuestas al aire y producen procesos respiratorios como la rinitis y el asma. Los síntomas habituales de las alergias por polen son: congestión nasal, estornudos, lagrimeo, tos seca y dificultad respiratoria. La Red Mexicana de Aerobiología de la UNAM tiene como objetivo mostrar los principales tipos polínicos y sus niveles de concentración en el aire de esta CDMX a través del año. Tiene cuatro estaciones de monitoreo, aunque no todas funcionan actualmente. Lo relevante es que el estudio de los pólenes en el aire permite también que éstos sean utilizados como bioindicadores de la contaminación ambiental, como es el caso de la CDMX.

La OMS ha dicho que las enfermedades alérgicas afectan a 33% de la población mundial. Así que, dado el aumento en la prevalencia y la presencia de otros factores de riesgo, sí lo es. Y cuando hablamos de otros factores de riesgo que pueden agravar las alergias o las enfermedades respiratorias, están por ejemplo los incendios forestales, la contaminación atmosférica de la refinería de Tula, que nos envía dióxido de azufre que se infiltra en el aire que respiramos y deja efectos a corto y largo plazo.

Algunos estudios de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos vinculan a las partículas PM10 a una variedad de problemas, incluso llegan a reducir la esperanza de vida entre unos meses y hasta dos años. Las PM10 engloban todas las emisiones generadas por las diferentes actividades producidas por el hombre, algunos ejemplos de ellas son las emisiones provenientes de industrias, vehículos, construcciones, entre otros. Y sí a esto le agregamos la radiación solar intensa y las temperaturas cercanas a los 30 grados centígrados, es altamente probable que las concentraciones de ozono también se eleven. Si el ozono se mantiene por más de ocho horas, hay riesgos para la salud. Sus efectos son que exacerba, en general, el sistema respiratorio y la función pulmonar.

La contaminación del aire es un problema de salud pública. Se deben comunicar los riesgos de manera clara a todos los habitantes de esta ciudad, y apoyarse de los canales oficiales. Las contingencias ambientales no es sólo informar qué autos no circulan, también se debe alertar a la población cómo no exponer su salud y la de su comunidad.

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