No caben las comparaciones

Se estudió una población de 15 mil 109 escolares y adolescentes entre 5-19 años de edad. La prevalencia de sobrepeso y obesidad que se encontró fue de 36.5 y 40% en escolares y adolescentes, respectivamente.

Hace tan sólo unos días que el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) hizo públicos los resultados de la Encuesta Continua (ENSANUT) 2020-2023, que se lleva a cabo a través de entrevistas en los hogares seleccionados mediante una técnica de muestreo que sea representativa para todo el país. La ENSANUT obtiene información sobre necesidades de salud, coberturas estimadas de vacunación, funcionalidad y bienestar infantil, así como de diversos factores de exposición ambiental, prevalencia de enfermedades crónicas, indicadores para evaluar la salud reproductiva, lesiones, cobertura y utilización de los servicios de atención médica. Esta vez un tema que llamó mi atención y que también se ha evaluado antes, es el estado de nutrición en términos de índice de masa corporal en diversos grupos de edad, particularmente en los escolares y adolescentes.

Una fortaleza importante de esta encuesta, que anualmente realiza el INSP, radica en su capacidad para analizar, en forma continua, medidas de salud a partir de una amplia variedad de características demográficas y socioeconómicas. Debemos reconocer que nuestro país tiene Determinantes Sociales de la Salud (DSS) con los que interactúan la transición epidemiológica, la situación demográfica y el contexto social. Es decir, en un escenario donde todo influye para la salud pública: grado de escolaridad, ingreso, empleo, vivienda, acceso a alimentos saludables, aire y agua limpios y, desde luego, el acceso a los servicios públicos de atención a la salud. La Organización Mundial de la Salud define los DSS como las circunstancias en las que las personas nacen, crecen, trabajan, viven y envejecen.

En ese sentido, quiero resaltar que la comparación con Dinamarca es ociosa y fuera de lugar. No tenemos nada en común con ese país, que, por cierto, también es miembro de la OCDE. Las comparaciones son odiosas en algunos casos. Particularmente en éste, de los escolares y adolescentes, en lo que se refiere al sobrepeso y la obesidad. Lo resultados que arroja el capítulo de la ENSANUT denominado Sobrepeso y obesidad en Población Escolar y Adolescente son preocupantes para los padres de familia y el futuro de esa población en riesgo de enfermedades crónicas.

Se estudió una población de 15 mil 109 escolares y adolescentes entre 5-19 años de edad. La prevalencia de sobrepeso y obesidad que se encontró fue de 36.5 y 40% en escolares y adolescentes, respectivamente. Sólo uno de cada cuatro de la muestra cubre la recomendación de ingesta de frutas y verduras. Otro dato sobre los DSS: 38% de las personas jefas de los hogares en estudio, tienen educación superior o más. ¿Cómo interpretarlo? A mayor ingreso, más acceso a alimentos saturados e ingestas más elevadas de azúcar. El tener padre o madre con sobrepeso y obesidad, duplicó la prevalencia en comparación con aquellos con padre o madre con peso normal (40.7 vs. 20.0% en escolares y 43.7 vs. 21.3% en adolescentes).

En el caso de Dinamarca, una de las cifras que consulté en el Observatorio de Obesidad Global, es que 14.4% de niños y adolescentes entre 4-18 años de edad, presentaban sobrepeso. Y que alrededor del 2.3% estaba clasificado con obesidad. Cifras que están desde luego muy por debajo de México. Por eso digo que es ocioso. No invertimos más que 1,181 USD por persona en el gasto en salud, mientras que en Dinamarca $6, 280. Allá la cobertura y acceso a la salud es de 100%, mientras que acá hay casi un treinta por ciento de la población que no cuenta con esa posibilidad, al menos que pague de su bolsillo.

Tenemos el reto de que, a través del sistema escolar, podamos prevenir enfermedades crónicas en los menores de edad. Pero sobre todo, como padres de familia, hacernos cargo de lo que comen nuestras hijas e hijos.

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