¿Medicina dolosa?

Hace unos días el director de la Facultad de Medicina de la UNAM, Germán Fajardo, calificó como “absurda e irracional” la decisión de acusar de homicidio doloso eventual al traumatólogo pediatra Luis Alberto Pérez, del hospital privado San Lucas en Oaxaca. El 2 de abril, el médico fue detenido y enviado al penal de Santa María Ixcotel. Y aunque ya salió de la cárcel, seguirá el proceso en su contra con las mismas agravantes. 

No soy médico. Pero durante cinco años trabajé al lado de médicos y personal de enfermería que realizan sus actividades en favor de la población indígena y campesina de las zonas rurales marginadas de México. Se contaba en esa época con alrededor de cuatro mil unidades médicas rurales de primer nivel de atención y 78 hospitales rurales en los que se otorgaba atención de segundo nivel a través de las especialidades de cirugía general, pediatría, ginecología y medicina familiar; medicina preventiva y odontología. En ese periodo de tiempo, en el que coordiné el programa IMSS-Oportunidades, desde luego que hubo errores humanos y algunas negligencias médicas. Y todas fueron revisadas por la vía administrativa, contractual y legal que ameritaba cada caso. No recuerdo un solo caso que haya sido calificado como homicidio doloso.

No quiero dejar de mencionar que en el caso que nos ocupa perdió la vida un menor de edad que sufrió una caída mientras jugaba y que estaba aparentemente sano. El dolor de estos padres es indescriptible y nada los consolará por la muerte de su hijo. Un hecho difícil de superar y doloroso para cualquier familia.

Sin embargo, me resulta francamente inexplicable que el fiscal general de Justicia del estado de Oaxaca explique que la tipificación es de homicidio con dolo eventual con agravante de responsabilidad médica, y cito textual: “Una persona comete dolo eventual cuando sabe del riesgo que corre una persona ante ciertas circunstancias y no toma las medidas debidas para evitar un mal o un daño a las personas”. Dijo, además, que el médico tenía conocimiento de que la clínica en la que se llevó a cabo el procedimiento quirúrgico no contaba con la unidad de terapia intensiva. 

Quiero resaltar que el médico Luis Alberto Pérez Méndez estudió cinco o seis años de medicina general más el año obligatorio de servicio social; cursó, además, la especialidad de ortopedia, que es de cuatro años; y en el caso de ortopedia pediátrica, que es un curso de alta especialidad, tuvo que prepararse por otro año más. En total, 11 años de estudio y formación para curar pacientes. No creo, por lo tanto, que haya habido dolo del especialista para enfrentar la situación de emergencia del niño que lamentablemente perdió la vida. 

En mi experiencia, puedo afirmar que los médicos tienen vocación de servicio y que la mayoría con los que trabajé, conviví y coordiné eran personas dedicadas y con un espíritu de servicio mostrado siempre en beneficio de sus pacientes y sus comunidades. Tratamos, en todo momento, de atender a casi 12 millones de mexicanos en forma gratuita, con el equipo y los materiales que correspondían a cada nivel de atención. Remodelamos las 78 áreas de urgencias con equipo y capacitación al personal para atender urgencias obstétricas y cirugías menores. No todas contaban con una unidad de cuidados intensivos. Y eso no detuvo el valor y la dedicación de los médicos para salvar la vida de muchas personas. 

En la semana me decidí a escribir estas reflexiones, después de haber leído en Twitter a varios médicos, entre ellos al doctor Alejandro Macías, quien señaló: “Si les vamos a exigir a los cirujanos que operen sólo si tienen absolutamente todo lo necesario para resolver cualquier eventual complicación, nos vamos a quedar sin cirugía en México”. Es decir, si consideramos que en 2017 hubo un recorte presupuestal muy importante en el sector salud, de casi diez mil millones de pesos, es obvio que habría desabasto de medicamentos, materiales e insumos y quizás algunos otros recortes que impactan en calidad de la atención médica a los pacientes. Y aun así, con ese escenario adverso, las cirugías fueron practicadas en aras de salvar la vida de muchas personas. 

Hace unas semanas, la OCDE señaló que México se ha convertido en uno de los países del mundo más afectados por los índices de obesidad, las altas tasas de enfermedades cardiovasculares y con un gasto público en salud insuficiente para atender su problemática. Debemos, por lo tanto, buscar las mejores condiciones de nuestro sistema de salud para ofrecer la atención médica que demanda la población mexicana. En estos tiempos se requiere impulsar una medicina preventiva, y no empujarla hacia un frente de batallas jurídicas que en nada favorecen al gremio médico ni a sus pacientes.

Reitero, es un exceso encarcelar a un médico bajo esas condiciones sin saber la realidad en la que se trabaja todos los días en muchas clínicas del país, ojalá que se revise el expediente y se investigue justamente la relación médico-paciente en este caso.

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