La violencia: un problema de salud pública
La violencia puede afectar a la inversión extranjera por pérdida de confianza en el país, disminuir el número de turistas extranjeros que nos visitan, también daña la inversión interna de las empresas porque aumentan los costos en seguridad, entre otros más
La semana pasada ocurrieron dramáticos hechos violentos en varias entidades del país e incluso en la cancha de un estadio de futbol. Quiero afirmar categóricamente que la violencia es un problema de salud pública, dada su extensión, magnitud y consecuencias, que afecta de manera desproporcionada a las mujeres, a los niños y a los adolescentes. La violencia constituye un indicador de salud pública de una sociedad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se define a la violencia como “el uso intencional de la fuerza o poder físicos, amenazante o real, en contra de uno mismo, de otra persona o en contra de un grupo o comunidad, que resulte en heridas, muerte o daño sicológico, disfunciones o privaciones”.
La violencia en México tiene causas complejas que ocurren a diferentes niveles. En salud pública se les conoce como determinantes sociales. El primero identifica los factores biológicos y personales que influyen en el comportamiento de los individuos y que incrementan su probabilidad de llegar a ser víctimas o perpetradores de actos de violencia. En el segundo nivel destacan las relaciones familiares o de amistad en las que puedan reunirse factores que propician la violencia. El tercer nivel está relacionado con el contexto de la comunidad, y finalmente el cuarto está asociado a los factores sociales que contribuyen a crear un clima en el que se alientan las actitudes violentas.
El asunto de la violencia en nuestro país ha cobrado particular importancia por sus efectos en la salud de la población y su estrecha relación con la economía. La violencia puede afectar a la inversión extranjera por pérdida de confianza en el país, disminuir el número de turistas extranjeros, también afecta la inversión interna de las empresas, porque de esa manera se aumentan los costos en seguridad, entre otros más.
Desde mi punto de vista, la violencia debe ser tratada como un problema de salud pública. Desde esta perspectiva, el análisis de la violencia debe partir de la base de que se trata de un fenómeno predecible y, por lo tanto, prevenible.
De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), México reportó 2 mil 825 asesinatos hasta septiembre de 2019, con un acumulado anual de 25 mil 890 casos. El número de asesinatos acumulados en los primeros nueve meses del año supone una media de casi 95 homicidios diarios en el país. Los estados con las cifras más altas de asesinatos fueron Guanajuato con 285, Jalisco con 239, Baja California con 234, Michoacán con 220 y el Estado de México con 209 casos.
Las cifras hablan de un país que requiere de medidas preventivas para reducir la exposición de las nuevas generaciones a la violencia y sus terribles expresiones. Existen en México diversas causas que pueden marcar el fin de una vida, aunque predominan las relacionadas con enfermedades y problemas con la salud, que equivalen al 90 por ciento de ellas. El otro diez por ciento tiene que ver con causas externas, principalmente homicidios y suicidios.
Según el estudio Carga Global de la Enfermedad 1990-2013, que elaboró el Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud, de la Universidad de Washington, cada mexicano pierde en promedio diez años de vida saludable (AVISA) debido a enfermedades asociadas a factores de riesgo que se pudieron modificar, como el consumo excesivo de azúcares, grasas y alcohol, el sedentarismo y el tabaquismo. En el caso de las diez enfermedades que reducen menos años de vida saludable, las lesiones por violencia se ubicaron en ese año en el octavo lugar. Cabe resaltar que los homicidios y lesiones afectan principalmente a hombres jóvenes.
Un reto importante del sistema de salud mexicano es asegurar que los servicios de salud estén disponibles para la atención de las víctimas de actos violentos. En general, la cifra de lesiones intencionales atendidas en unidades de salud supera a las notificadas a las autoridades. Cuando se presentan lesiones graves, los servicios hospitalarios de urgencias son el primer sitio a donde acuden las víctimas. La participación de las unidades hospitalarias en la atención oportuna y adecuada de pacientes lesionados, en la identificación de grupos de riesgo y, por lo tanto, en la prevención del problema, deja claro el impacto de la violencia en los servicios de salud.
