La salud sexual en la adolescencia

En nuestro país, sin embargo, el panorama no es halagador. Nos hace falta hablar sobre derechos sexuales, planificación familiar, reducción de la mortalidad materna y elevada fecundidad entre las adolescentes.

El pasado 4 de septiembre, se conmemoró el Día Internacional de la Salud Sexual, se trata de un esfuerzo para promover la sexualidad como un aspecto esencial del ser humano y un elemento de la salud que debe ser informado, satisfactorio, saludable y sin riesgos para la población. Hoy, más que nunca en México, la salud sexual y reproductiva de la población adolescente representa un inmenso desafío para los sectores de gobierno tanto federales como estatales. Este grupo etario, cada vez más numeroso, se halla inmerso en realidades muy diversas y cambiantes en las que sus derechos, intereses y necesidades, por lo regular, se ven desatendidas.

En el área de la salud sexual y reproductiva particularmente, las y los adolescentes crecen sin los elementos necesarios para asumir su sexualidad en un marco de autoconocimiento, derechos e igualdad. Tal situación les restringe el paso hacia la posibilidad de tomar decisiones responsables e informadas en esta materia. La desinformación, las inequidades de género, las normas sociales que limitan el desarrollo de la autonomía personal y otros factores, impulsan a las y los adolescentes a adoptar conductas que conllevan riesgos, aun para su vida.

La situación se analiza mejor cuando se revisan algunos indicadores relacionados con los embarazos no planeados, las infecciones de transmisión sexual —incluyendo el VPH y el VIH/sida—, la violencia de género y la mortalidad materna, que dan cuenta de un vacío muy grande en la atención integral de la salud de este grupo etario, que frustra sus aspiraciones y trunca sus proyectos de vida con consecuencias que afectan tanto a las personas como a todo el conjunto social.

Con demasiada frecuencia, las necesidades y los derechos de los adolescentes no figuran en las políticas públicas ni en la agenda del sector salud, excepto cuando se advierten serios daños a la salud o las necesidades no atendidas de este grupo se hacen evidentes a través de conductas de riesgo. Los mayores daños a la salud de los adolescentes no se manifiestan en términos de morbilidad o mortalidad. Generalmente, los problemas que ellos enfrentan tienen una repercusión más honda y duradera, que afecta no sólo su bienestar personal, sino también el de su familia y su comunidad.

Los adolescentes constituyen un grupo sustantivo para el desarrollo social, político y económico de cualquier país, no sólo porque se encuentran en el umbral de su vida productiva, sino porque es justamente en esta etapa, cuando se define su plan de vida y se moldea la personalidad que dará origen a pautas de comportamiento en la vida adulta. Por ello, resulta trascendente establecer estrategias encaminadas a garantizar su desarrollo armónico y saludable.

En nuestro país, sin embargo, el panorama no es halagador. Nos hace falta hablar sobre derechos sexuales, planificación familiar, reducción de la mortalidad materna y elevada fecundidad entre las adolescentes, que son ese grupo etario que se refiere a personas entre 10 y 19 años. En México, el número de adolescentes entre 10 y 19 años de edad es de más de 22.2 millones de personas (casi 20% de la población total del país). Los estados del país con mayor índice de fecundidad en mujeres de 15 a 19 años son: Chiapas, Michoacán, Guerrero, Durango, Puebla y Tabasco, con tasas de fecundidad por arriba de los cincuenta puntos.

Necesitamos establecer una comunicación adecuada con nuestras hijas e hijos. Estoy consciente de que existen preocupaciones morales sobre la legitimación de la actividad sexual en la adolescencia, pero debemos considerar que hay factores de riesgo que son prevenibles y que se trata de un abordaje social que tenga como objetivo los determinantes sociales de las juventudes y su entorno.

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