La niñez en tiempos de la 4T

La vacunación es una de las intervenciones de salud pública más exitosas que se realizan con mayor costo-efectividad. En el caso de México, los resultados eran espectaculares.

A casi cinco años de la llegada al poder del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y a unos días de que se celebre el Día de la Niña y el Niño, me gustaría hacer un recuento de cómo se traducen las políticas públicas de este sexenio para este grupo de población que son los menores de 12 años.

Al menos en el discurso y en sus programas, el gobierno federal trata a las niñas y los niños como sujetos de derecho, como una población vulnerable y en situación de desventaja, por lo que deben ser una prioridad. Pero justo eso: se queda en palabras que se ha llevado el viento. Como madre y salubrista, creo que las heridas que más han causado son las que tienen que ver con la salud, la alimentación y la educación.

De las más significativas para los hijos de madres trabajadoras fueron las estancias infantiles. Hasta 85% de las Estancias Infantiles para Ayudar a Madres Trabajadoras cerraron sus puertas, luego de que en 2019 el gobierno federal retiró los apoyos a estas instituciones para entregarlos directamente a los padres de familia. Cuando se canceló este programa, muchos gobiernos estatales y municipales se comprometieron a seguir financiando este servicio, sin embargo, el apoyo fue mínimo o nulo, una promesa que se repitió tras la desaparición de las Escuelas de Tiempo Completo. En 2020, con la declaratoria de emergencia sanitaria por la pandemia de covid-19, los comités de salud de los estados ordenaron el cierre de escuelas, guarderías y estancias infantiles, y con ello se suspendió la entrega de apoyos, lo que supuso el fin definitivo de las estancias infantiles.

La vacunación es una de las intervenciones de salud pública más exitosas que se realizan con mayor costo-efectividad. En el caso de México, los resultados obtenidos en el campo de las inmunizaciones eran francamente espectaculares. En 1991 se creó el Consejo Nacional de Vacunación (Conava), como instancia de coordinación y consulta, cuyo objetivo principal fue promover, apoyar y coordinar las acciones de las instituciones de salud de los sectores público, social y privado, con el fin de controlar y eliminar las enfermedades transmisibles mediante la vacunación universal, dirigido a la protección de la salud de la niñez.

En 1992, el doctor Jesús Kumate Rodríguez, entonces secretario de Salud federal, impulsó la creación del Programa Vacunación Universal, con el cual se logró erradicar del país la viruela y eliminar la mortalidad por sarampión, polio y paludismo en México. Este programa había estado vigente hasta 2018 y protegía a millones de infantes menores de cinco años en contra de 14 enfermedades. El lema inicial fue “Todos los niños, Todas las vacunas”. De acuerdo con la ENSANUT 2021, sólo uno de cada tres niños tenía su esquema básico de vacunas. Es una situación muy vulnerable, porque estos niños están expuestos al riesgo de contraer enfermedades altamente contagiosas y graves como sarampión, poliomielitis y tosferina. Muchas familias, incluso tuvimos que promover amparos para obtener las vacunas por covid-19, una decisión que el gobierno federal, a través del doctor López-Gatell, asumió sin considerar la evidencia científica que existía.

Hace unos días, por iniciativa presidencial se propuso fusionar al CenSIA, que es la entidad de la Secretaría de Salud que revisa justamente las vacunas y los temas de salud de la niñez mexicana, para relegarlo a una función distinta de lo que desde 2001 era responsable. Así que desaparece por completo una instancia que promueva el acceso a la salud de las niñas, niños y adolescentes.

Nuestra niñez ha sido víctima del desmantelamiento de al menos cuatro políticas sociales que beneficiaban a los menores de edad. Acciones erráticas que tendrán impacto en el desarrollo social de nuestro país.

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