La falla en la comunicación: un riesgo para la salud

Las tasas de mortalidad están aumentando en áreas de México y se observan tendencias similares en Argentina, Bolivia, Costa Rica y Ecuador, dijo hace un par de semanas la directora de la Organización Panamericana de la Salud, Clarissa Etienne

Esta semana inició con otra más de las fallidas y tardías comunicaciones de las autoridades sanitarias de nuestro país. Se anunció una nueva definición operacional, la cual se refiere a los casos sospechosos de enfermedad respiratoria viral, sin muestra de laboratorio y que hubieran tenido contacto en los 14 días previos al inicio de síntomas con un caso de defunción confirmada. Esto no sería noticia, si se hubiera comunicado a la población mexicana de manera oportuna y correcta. Y en vez de eso, el responsable de la pandemia, el doctor López- Gatell, acusó al periódico El Financiero de no actuar de manera responsable y sugirió que se hiciera un trabajo más profesional. Justo eso es lo que necesitamos: un manejo profesional de la comunicación y desde luego de la pandemia.

A siete meses de que el covid-19 llegó a México, la pandemia rebasó este jueves los 800 mil casos acumulados, con lo que el país se ubica en el noveno lugar mundial en contagios, medido en números absolutos. Tan sólo en las últimas 24 horas se sumaron otros 5 mil casos, un indicador de que la transmisión de la enfermedad no cede y el promedio diario de nuevos contagios registrados se mantiene alto.

En el plano internacional, el coronavirus continúa propagándose por todo el mundo, con casi 30 millones de casos confirmados en 188 países y un número de muertos que se acerca rápidamente al millón. Las tasas de mortalidad están aumentando en áreas de México y se observan tendencias similares en Argentina, Bolivia, Costa Rica y Ecuador, dijo hace un par de semanas la directora de la Organización Panamericana de la Salud, Clarissa Etienne. América Latina ha comenzado a reanudar la vida social y pública en momentos en que la pandemia del coronavirus aun requiere importantes intervenciones de control.

En ese sentido, quiero sumarme a las voces que han dicho que hay que corregir la política pública y aceptar que se han equivocado en varias decisiones, por citar algunas: el criterio de ocupación hospitalaria, en el que el semáforo del desconfinamiento depositó el gran peso para medir la pandemia, se revela ahora como uno de los datos menos fiables. El dato de camas disponibles era esperanzador, pero ya está claramente expuesto que fueron miles de mexicanos que murieron en sus casas o que llegaron tarde a los hospitales a tratarse. También la transición entre la Jornada de Sana Distancia y el sistema de semaforización ha sido un desafío para las autoridades y la población. La fallida comunicación para orientarnos sobre lo que sí se puede y debe hacer en cada etapa ha sido realmente confuso y desordenado. Y eso se reflejó en el aumento sustancial de contagios en el mes de junio, cuando se decretó la nueva normalidad. Además, el país terminó la Jornada Nacional de Sana Distancia en rojo, que es el riesgo extremo. Y desde luego, la controvertida decisión de usar o no cubrebocas, que finalmente desde mi punto de vista es un acto de empatía y civismo con los demás.

El tema de la pandemia sin control se agrava aun más cuando el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), que, supuestamente, iba a brindar un mejor esquema de salud que el Seguro Popular, lo que ha hecho es debilitar la prestación de los servicios de salud estatales, y recortar el presupuesto de los Institutos Nacionales de Salud. Ni siquiera se han publicado las reglas de operación que le darían certeza jurídica y administrativa a sus actos. La realidad es que la desaparición del Seguro Popular y la creación del Insabi han traído incertidumbre a los usuarios y a los contribuyentes. Esta reforma legal no debió ocurrir sin antes tener los andamios administrativos y financieros muy claros.

La comunicación de riesgos para la salud desempeña una función fundamental para que todos los actores involucrados (gobierno y sociedad), a través de ella se pueden mitigar y prevenir los efectos perjudiciales la salud. Esta comunicación es importante en la relación médico-paciente, pues favorece el tratamiento de una enfermedad y su mejoría. Si extrapolamos esto hacia una comunidad, ante la clara evidencia de que una pandemia se ha salido de control, las personas por lo común, generan sentimientos de frustración y enojo por no ser tomadas en cuenta. La confianza y credibilidad son difíciles de obtener; una vez que se pierden, es casi imposible recuperarlas.

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