El peligroso desabasto de vacunas
A nivel mundial teníamos uno de los esquemas más completos, un programa verdaderamente universal, porque existía una coordinación de acciones entre las diferentes dependencias del sector público.
La vacunación es una de las intervenciones de salud pública más exitosas que se realizan con mayor costo-efectividad. En el caso de México, los resultados obtenidos en el campo de las inmunizaciones eran francamente espectaculares. En 1991 se creó el Consejo Nacional de Vacunación (Conava), como instancia de coordinación y consulta, cuyo objetivo principal fue promover, apoyar y coordinar las acciones de las instituciones de salud de los sectores público, social y privado, con el fin de controlar y eliminar las enfermedades transmisibles mediante la vacunación universal, dirigido a la protección de la salud de la niñez. Lo preside el secretario de Salud federal y lo integran los titulares del IMSS, ISSSTE, DIF, Pemex, Sedena, y directores de centros pediátricos y regulatorios de México.
En 1992, el doctor Jesús Kumate Rodríguez, entonces secretario de Salud federal, impulsó la creación del Programa Vacunación Universal, con el cual se logró erradicar del país la viruela y eliminar la mortalidad por sarampión, polio y paludismo en México. A este mexicano, médico y político, de formación pediatra, le debemos mucho en el ámbito de las enfermedades prevenibles y del establecimiento de una política pública de Estado a través de las vacunas. Este programa había estado vigente hasta 2018, y protegía a millones de infantes menores de 5 años en contra de 14 enfermedades. El lema inicial fue Todos los niños, todas las vacunas.
A lo largo de la historia, se han presentado eventos que han impactado en la salud de la población mexicana, por lo que nuestra meta debe ser alcanzar la equidad inmunológica y para ello es indispensable cuidar la salud de toda la población: niños, adolescentes y grupos vulnerables, principalmente en las zonas rurales, fronterizas y comunidades indígenas. No obstante, existe el riesgo de que en México también aparezca algún brote de consideración ante el desabasto de vacunas que presenta nuestro país.
En 2022, podemos decir que ni todos los niños y menos todas las vacunas. De acuerdo con la Ensanut 2021, sólo uno de cada tres niños mexicanos menores de dos años de edad tenía su esquema básico de seis vacunas. Es una situación muy vulnerable porque estos niños están expuestos al riesgo de contraer enfermedades altamente contagiosas y graves como sarampión, poliomielitis y tosferina.
Estoy convencida de que las vacunas son la mejor forma de prevenir enfermedades y salvar vidas. A nivel mundial teníamos uno de los esquemas más completos, un programa verdaderamente universal, porque existía una coordinación de acciones entre las diferentes dependencias del sector público. Las vacunas son una decisión individual con un alto impacto para la salud de las comunidades. Así que las decisiones administrativas tardías y fallidas tendrán un impacto en la salud, y no hablo sólo de las vacunas covid-19, sino todas aquellas que protejan la salud de los mexicanos sin importar su condición social: niños, adolescentes, grupos vulnerables, mujeres embarazadas y adultos mayores.
El reto actual es mayor, especialmente si se consideran los efectos directos e indirectos de la pandemia por covid-19, principalmente por la reconversión de los servicios médicos, el desabasto de insumos y biológicos necesarios para la operación del Programa de Vacunación. Existe un riesgo de la aparición de brotes, que, en medio del contexto social empobrecido y de un sistema de salud fragmentado cada día más, incrementan la magnitud del daño. Es necesario retomar las vacunas como la única forma de prevenir la salud de toda la población mexicana.
