Con la salud no se improvisa
Apenas se ha logrado inmunizar en esquema completo a 16 por ciento de la población mexicana, es decir, 21 millones de personas
Me quedó en la mente, por varios días, una mujer sentada entre una multitud de sillas vacías en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en un centro de vacunación. Desde esa foto, la teoría señala que, la salud pública deja de ser una responsabilidad exclusiva de los equipos de salud para ser una responsabilidad de la sociedad en su conjunto. Y es muy preocupante que, en medio de esta pandemia sin control, haya personas que no acepten vacunarse y que la centralización de las decisiones esté siendo un cuello de botella en detrimento de la salud de millones de personas.
Sin embargo, en México, estábamos acostumbrados a que la vacuna llegara a uno. En Chiapas hay 123 municipios y muchas localidades de escasos recursos y de difícil acceso. Desde caminos rurales adversos hasta complicación para recibir una señal de celular o radio. Existen 12 lenguas indígenas y un abandono hacia esos grupos vulnerables que tiene una historia añeja. No hay cifras de cuántos han declinado a las vacunas o se la han puesto en otro sitio. Sólo se sabe que hay pueblos enteros donde la penetración del biológico es bajísima. Por ello, esa tarea debe realizarla el personal de salud estatal o el IMSS Bienestar, pues conocen la zona y el biológico puede llegar hasta cada individuo.
Es claro que el gobierno federal no ha cumplido con el plan de vacunación contra covid-19 que presentó en diciembre ni tampoco con la actualización del calendario de mediados de enero. La gravedad de esta situación radica en que somos el país que ocupa el tercer lugar mundial en mortalidad por covid-19. Y al día de hoy, según las cifras oficiales, se registraron más de 2.6 millones de personas contagiadas y 236 mil defunciones. Las vacunas son una esperanza para poder salvar a muchos mexicanos del contagio o la muerte.
La vacunación es una de las intervenciones de salud pública más exitosas que se realizan con mayor costo-efectividad. En el caso de México, los resultados obtenidos en el campo de las inmunizaciones eran francamente espectaculares. En 1991 se creó el Consejo Nacional de Vacunación (Conava) como instancia de coordinación y consulta, cuyo objetivo principal fue promover, apoyar y coordinar las acciones de las instituciones de salud de los sectores público, social y privado, con el fin de controlar y eliminar las enfermedades transmisibles mediante la vacunación universal, dirigido en principio a la protección de la salud de la niñez. Las jornadas de vacunación eran llevadas a cabo por expertos del sistema de salud pública.
Ahora, en plena emergencia sanitaria, desde el principio se originó un desorden, provocado por las propias autoridades, que redundó en improvisaciones, caos y una estrategia electoral basada en brigadas, cada una de ellas compuesta por 12 personas. Monopolizaron las vacunas en centros de atención a donde llegamos en multitudes a recibir las dosis. Pero eso no ha sido suficiente, porque apenas se ha logrado inmunizar en esquema completo a 16 por ciento de la población mexicana, es decir, 21 millones de personas.
Se tienen almacenadas, al día de hoy, alrededor de 16 millones de vacunas. Esto no puede permanecer así. El gobierno federal necesita delegar esta noble tarea a los servicios de salud, IMSS, ISSSTE y Pemex. Ya vimos que hay entidades federativas que tienen mayor infraestructura para aplicar las vacunas y, otras, lamentablemente no. Estamos viviendo una de las emergencias sanitarias más dramáticas a nivel mundial. Hacen falta más alianzas entre los gobiernos y la iniciativa privada, como ha ocurrido en otros países.
Las vacunas son una esperanza para poder salvar a muchos mexicanos del contagio o la muerte. La razón más importante de esto es que mientras el virus avanza de manera acelerada en nuestro país, la vacunación no.
