A un año del 19 de septiembre

México es un país que está altamente expuesto a múltiples desastres naturales de diversa magnitud debido a su complejidad geográfica. Entre 1970 y 2012, aproximadamente 70 millones de personas se vieron afectadas por desastres naturales en el país. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), México está clasificado como uno de los 30 países en el mundo más expuestos a tres o más tipos de peligros naturales, tales como huracanes, tormentas y sismos. Los terremotos son desastres naturales que han tenido importantes consecuencias en México

Según el Cenapred, dos terceras partes del país tienen un riesgo sísmico significativo. Entre los daños que sufre la población expuesta a un sismo, como a otros desastres naturales, destacan los desórdenes siquiátricos, tanto a corto, como a largo plazo, y su manifestación depende del grado de exposición al evento, de experiencias previas y de factores relacionados con la respuesta frente a éste.

Ha transcurrido casi un año de que esta ciudad se estremeciera por un temblor de 7.1 grados, que provocó daños importantes a los capitalinos y sus viviendas. Una desagradable casualidad fue que después de 32 años volviera a temblar otro 19 de septiembre en esta CDMX. La sicosis permeó entre todos los habitantes de esta gran metrópolis, pero se hizo más evidente en aquellos que ya habíamos vivido el sismo de 1985; y, desde luego, afectó emocional y materialmente a quienes ayudaron a levantar escombros, a rescatar personas, a quienes perdieron sus casas, o sólo tuvieron experiencias dolorosas y difíciles en aquella tarde del martes 19 de septiembre.

Los temblores, al igual que cualquier desastre provocado por la naturaleza, tienen un impacto en la salud pública. Los temblores causan importantes daños físicos y emocionales muy difíciles de reparar. Los terremotos, debido a las pérdidas humanas, económicas y a la devastación social y emocional que generan, están primeros en la lista de tragedias naturales. Las catástrofes naturales dejan a miles de personas con lesiones que pueden ir desde graves heridas, fracturas leves, problemas respiratorios o siquiátricos. Algunos de ellos pueden aparecer en el corto y mediano plazo.

Según expertos de la OMS, la rápida capacidad de respuesta para atender de inmediato la salud de las víctimas es fundamental para evitar que las secuelas de los lesionados puedan convertirse en discapacidades físicas y mentales permanentes. Superar el miedo y el estrés postraumático es indispensable para la salud mental. Sanar las heridas emocionales y sicológicas es un proceso largo que se traduce en diversas alteraciones sicológicas tales como: estrés, pánico, hipersensibilidad a sonidos que antes eran indetectables, agotamiento, ansiedad, insomnio, dolores y contracturas musculares, irritabilidad, entre otros. De ser necesario, hay que acudir con un experto en salud emocional para que le ofrezcan la orientación profesional adecuada y poder enfrentar este acontecimiento en su vida.

Los desastres naturales son un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos mentales, por lo que la atención a la salud mental de los afectados es prioritaria. Según los especialistas, en las primeras horas se presenta el estrés agudo y las crisis de ansiedad; la tristeza, el duelo y nerviosismo en el primer mes. Trastorno por estrés postraumático, depresión y abuso de sustancias en los dos o tres meses siguientes; los casos más dramáticos se presentan después en donde las personas entran en un proceso depresivo y en algunos casos, hasta suicida. La evidencia actual muestra que la intervención sicológica temprana ayuda a mitigar las consecuencias negativas en la salud mental.

Se ha visto también que recuperar las condiciones sociales y económicas de vida genera un impacto de igual o mayor medida en la protección de la salud mental que las propias intervenciones médicas individualizadas a corto plazo, y que ayudar a las comunidades afectadas en la reconstrucción y la mejora económica de la zona dañada disminuye la carga sicopatológica. Las buenas prácticas reconocen que el trabajo comunitario es un elemento fundamental para la salud sicosocial. No olvidemos que es más común que los sismos afecten las zonas urbanas, lo cual resulta en altas tasas de mortalidad y víctimas con lesiones traumáticas. Aunque en el caso de los sismos del 7 de septiembre del año pasado, hubo una incidencia mayor en algunas zonas rurales de Chiapas, Oaxaca, Puebla y Morelos.

Los sismos de septiembre de 2017 tuvieron un gran impacto sobre la estructura de los servicios de salud. De acuerdo con cifras oficiales, 369 personas murieron. La CDMX fue la más afectada, con 228 víctimas mortales. Más de 250 mil mexicanos se quedaron sin su vivienda y algunos mantienen su situación de pobreza patrimonial. El temblor dejó también 53 unidades de salud con daños mayores y más de 300 clínicas fueron rehabilitadas por daños menores.

In memoriam a las víctimas del 19 de septiembre.

Maestra en Salud Pública

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