En la exitosa historia de negocios de Grupo Xcaret, que fundaron Miguel Quintana Pali y los hermanos Constandse, hay una línea conductora y es exaltar los valores de la cultura mexicana.
En su concepto, atracciones, parques, hoteles y también en su diseño y en su imagen gráfica están los colores, la tradición y la creatividad de quienes a lo largo del tiempo han forjado lo mejor de México.
En la evolución de su imagen hay historias magníficas como, por ejemplo, el hecho de que las guacamayas hoy sean el animal representativo de Xcaret, debido a que, allí, un pequeño equipo de biólogos logró procrear en cautiverio a estas aves, muchas de las cuales han sido después liberadas para recuperar sus espacios en Veracruz y Chiapas, donde ya estaban en peligro de extinción.
Por ello, es incomprensible que un grupo de integrantes del pueblo maya, pero no del Gran Consejo Maya de Quintana Roo (GCMQR), reconocido legalmente por dicho estado, hayan promovido un incidente de suspensión a un amparo con el que se detuvo temporalmente una demanda para frenar el uso de elementos de esa cultura prehispánica en las actividades de Xcaret.
Más increíble es que haya un proyecto de la ministra Estela Ríos para fallar sobre la propuesta de un grupo que está actuando con el mero propósito de afectar a una empresa exitosa y que es motivo de envidia.
Xcaret, en un comunicado, dijo que está atento a la resolución y refrendó su relación de respeto, diálogo y colaboración con el GCMQR.
Este último reconoció, por su parte, a Xcaret como una empresa que promueve los valores identitarios y que respeta la cultura de las comunidades originarias.
Es deseable que todo quede en una iniciativa de mala fe que no prospere, pues sería casi una broma de mal gusto que que la máxima Corte le diera la razón a un grupo que mezquinamente quiere afectar a una de las principales empresas turísticas mexicanas.
DIVISADERO
ENCUMBRADA. Si la política es fundamental para lograr que, en medio de las diferencias, un país siga avanzando, Tania Palacios Kuri, presidenta de la Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados, actúa en sentido contrario.
Como legisladora panista ha confundido ser de oposición con ignorar y hasta bloquear a quienes no son miembros de su partido o de los que más o menos comulgan con su visión.
Que un secretario estatal de Turismo, un consultor o un empresario consiga una cita con ella es una misión casi imposible y más si están cerca o colaboran con Morena.
Recientemente, por ejemplo, desatendió una iniciativa de Kenia Muñiz para favorecer la movilidad de los turistas con discapacidades, básicamente por el hecho de que la legisladora veracruzana ostenta el color del partido en el poder.
Dado que es pariente del actual gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, no tuvo posibilidad alguna de ser la candidata para sucederlo, pero mantiene una gran cercanía con Agustín Dorantes, que es el delfín del mandatario.
El contrincante panista es Felipe Macías, presidente municipal de Querétaro, quien tiene el respaldo de Ricardo Anaya.
Hay varios que se frotan las manos esperando que este último sea el bueno, pues también afectaría de manera importante el futuro político de esta legisladora, quien ha unificado la animadversión de muchos.
