Violencia y mochila

Mochila segura no es la solución, pero tampoco es un mero paliativo. Gracias a ese programa en muchas escuelas se han confiscado armas.

¡Me desgarró el sentimiento, me afligió! Es un video punzante. Un niño, al parecer con premeditación, le propina seis puñaladas en la espalda a la maestra de español Patricia Burciaga Dávila, en una secundaria de Ramos Arizpe, Coahuila. El hecho conmocionó a las familias que tienen a sus vástagos en esa escuela y a la sociedad en general. Sucedió el miércoles pasado.

El video muestra cómo el chamaco está cerca del escritorio de la docente, ella está sentada; él le dice algo, ella se levanta y camina hacia la puerta del salón. El alumno la deja pasar y, en cuanto le da la espalda, la empieza a apuñalar, ante la estupefacción de los otros estudiantes. Tras la agresión, el atacante sale corriendo, pero fue detenido antes de abandonar la escuela. Por fortuna, la maestra Patricia ya está fuera de peligro.

Las autoridades procedieron con cautela. El fiscal general del estado, Gerardo Márquez Guevara, reveló que se investiga el entorno social y familiar del muchacho de 14 años de edad, pero no extrajo conclusiones apresuradas. Declaró que, tras el ataque a la maestra, el menor fue puesto a disposición de la agencia del Ministerio Público especializada en adolescentes. Para estas fechas, quizás un juez ya haya tomado alguna determinación.

Es casi seguro que el jovencito padezca de algún trastorno o que el ambiente familiar también sea de violencia o que la influencia de videojuegos origine conductas rudas y hasta salvajes contra las figuras de autoridad, como explicó la psicopedagoga Gabriela Serrano (El Universal, 5/10/23). O que también el ambiente de efusión criminal influya en el comportamiento de muchos impúberes, como el de la jovencita que mató a golpes a su compañera al salir de clases en una escuela de Teotihuacan hace unos meses. El asunto es cómo pasar de la explicación de hechos a la solución de problemas. No hay recetas seguras.

Recuerdo el revuelo que causó la iniciativa de Mochila Segura que lanzó la entonces secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, por allí de 2009. También critiqué aquella propuesta, pero no por su valor intrínseco, sino porque les asignaba tareas extras a los profesores. Después también los padres de familia se incluyeron en las revisiones.

De acuerdo, Mochila Segura no es la solución, pero tampoco es un mero paliativo. Gracias a ese programa en muchas escuelas se han confiscado armas blancas, porras, instrumentos de metal y hasta pistolas a alumnos que, aunque no fuese seguro que las usarían, tenían ese potencial. Hay cursos de prevención de violencia, hay varias prácticas que se realizan en muchas escuelas y es fehaciente que también contribuyen a prevenir algo de la brutalidad escolar, pero no la del contexto.

Vivimos en una sociedad polarizada, con mensajes de odio y un gobierno que no gobierna. La escuela y sus docentes no consiguen —ni es su labor— eliminar la brutalidad. Pero sí podrán lograr algo si trabajan más sobre las relaciones afectivas, emociones y sentimientos.

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