SNTE: poder e institución

Por sus dimensiones y por la acción política de sus líderes, la academia analiza al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación desde perspectivas distintas. Domina el panorama la visión de que es un órgano corporativo, un aparato político

La materia prima de la política es el poder. Las relaciones entre los animales políticos (Aristóteles dixit) son como los pasatiempos de suma cero, lo que unos obtienen otros lo pierden; son juegos del poder. No obstante, estos goznes no son como en la jungla, se rigen por reglas, formales e informales; las que dan cierta estabilidad y administran el cambio en las instituciones.

Las reglas políticas dentro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, parecen combinaciones de acertijos. No es una organización sindical cuyos líderes respeten las normas escritas (estatutos), aunque tampoco las relegan. Las usan para ejercer un dominio racional, como diría Max Weber, aunque con altos grados de arbitrariedad, para alcanzar provechos personales o de grupo: también para que el magisterio en su conjunto obtenga beneficios.

Desde finales de la década de 1940, a tono con el nacionalismo revolucionario, los dirigentes instituyeron un sistema de control patrimonial, corporativo (de afiliación forzosa sancionada por un acuerdo presidencial) y corrupto, que pronto se convirtió en una “jaula de hierro burocrática”. Son mecanismos de potestad política que las diligencias, incluyendo las de los grupos disidentes, administran a la perfección. De esa jaula los docentes de base —buenos y mediocres— no se escapan; unos la sufren, otros la disfrutan.

Por sus dimensiones y por la acción política de sus líderes, la academia analiza al SNTE desde perspectivas distintas. Domina el panorama la visión de que es un órgano corporativo, un aparato político. Pero otros estudios apuntan a la institucionalización de reglas que pasan a ser normas con el ánimo de fortalecer los liderazgos existentes. Esto es válido para examinar los hechos y dichos de la facción mayoritaria o institucional y de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

A juzgar por las declaraciones y reuniones con los líderes de las facciones (con la CNTE la semana que viene) entre el presidente López Obrador, la virtual presidenta electa, Claudia Sheinbaum Pardo y Mario Delgado Carrillo, secretario de Educación Pública designado, si hay modificación sustantiva en los juegos del poder será para beneficio de las cuadrillas del SNTE. Aunque la “revolución pacífica de las conciencias” marque la línea discursiva de la futura presidenta, como la continuidad del proyecto educativo de la Cuatroté, el “vamos a ser amigos” que Mario Delgado les dijo a los líderes del SNTE, será el certificado de que la jaula persistirá.

Después de la reforma constitucional de mayo de 2019 y de la aprobación de las leyes secundarias, en septiembre del mismo año y casi seis años de perplejidad y pérdidas en el sector educativo, el panorama es complejo. Parecería que la CNTE es la ganadora neta —y en realidad lo es—, pero la demanda de finiquitar (o tal vez de colonizar) la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y (los) Maestros presagia el retorno de viejas prácticas. Si la futura Presidenta concede la injerencia de los líderes de las secciones del SNTE en la selección, promoción y recompensas a los docentes, las relaciones de poder volverán al carril que predominó en el régimen de la Revolución mexicana. La SEP perderá lo que las facciones del SNTE ganarán.

Esas facciones son animales políticos con experiencia, mañas y oratoria que glorifica a los maestros y a la pedagogía. Se proclaman defensoras de la escuela pública y de los maestros. Hasta hace unos meses, la retórica de la corriente mayoritaria abrazaba al “humanismo mexicano”, hoy a “la revolución de las conciencias”. La CNTE machaca con su estrategia opositora de movilización-negociación-movilización y fija su postura. Por lo pronto anda en la recolección de firmas para solicitar a Claudia Sheinbaum que rectifique y no designe a Mario Delgado secretario de Educación Pública. Lo mira en los brazos de los charros.

En esos juegos de poder, los maestros de base seguirán dentro de la jaula de hierro, mientras los dirigentes del SNTE buscarán arrebatarle al gobierno más prebendas y —claro— provechos para sus bases. Los alumnos y el sistema educativo en general serán los perdedores.

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