Revalorización de la función docente
Las camarillas del SNTE lograron sus fines con una tecnología del poder que, en lugar de valorar a los docentes, sirvió para controlar sus trayectorias profesionales y transfigurarlos en incondicionales de los líderes.
¡Y dale con el verbo revalorar! Cambian los personajes y un poco las palabras, pero el símbolo varía poco, aunque los avances tecnológicos facilitan modificaciones en los rituales. Hoy el secretario de Educación Pública puede comunicarse con decenas de miles de maestros en sesiones remotas o nada más mandarles un video con consignas.
A pesar de que no dijo cómo, en la sesión del Consejo Técnico Escolar del viernes de la semana pasada, Mario Delgado Carrillo “afirmó que se establecerá un nuevo sistema de contratación y promoción de maestras y maestros para garantizar plena transparencia y respeto a los derechos laborales del magisterio”. Además, “destacó que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo está comprometido con la revalorización de la función docente, por lo que apuntalará el trabajo pedagógico y se priorizará el tiempo que maestras y maestros dedican a la enseñanza” (Secretaría de Educación Pública, boletín 23, 25/10/24).
No entiendo por qué, si la Cuatroté le carga las culpas al pasado neoliberal, repite sus frases. La revalorización del magisterio fue la segunda consigna del Acuerdo para la modernización de la educación básica, que el gobierno de Salinas de Gortari signó con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
El primer designio fue descentralizar la administración de la educación básica, que resultó en centralismo burocrático y entrega de grandes porciones del sistema educativo a las facciones del SNTE en los gobiernos subsecuentes. La revalorización de los maestros, además de piezas de oratoria, se tradujo en un sistema de estímulos, la carrera magisterial, que entregó incrementos sustantivos en los ingresos del personal, vía pago por méritos. Pero el incipiente enfoque meritocrático se adulteró, los fieles del sindicato también colonizaron la administración de los programas de estímulos y decidieron quiénes ingresaban o se promovían.
Las camarillas del SNTE lograron sus fines con una tecnología del poder que, en lugar de valorar a los docentes, sirvió para controlar sus trayectorias profesionales y transfigurarlos en incondicionales de los líderes, ya de la facción institucional (que controla el Comité Ejecutivo Nacional), ya de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
El gobierno de Enrique Peña Nieto, con la institución del Servicio Profesional Docente, quebró aquella tecnología, expulsó al SNTE del control del sistema de estímulos (también les quitó salarios a más de 50 mil difuntos).
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador concedió a las dirigencias la eliminación del SPD, pero lo sustituyó por la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y (los) Maestros. Asunto que no satisfizo los reclamos de las camarillas del sindicato, pues no les permitió colonizar sus órganos de decisión. Empero, por la vía de la basificación de más de 900 mil trabajadores interinos, le restó facultades a la Usicamm. Pero el SNTE fue por más. La presidenta Claudia Sheinbaum se comprometió con las facciones sindicales a terminar con esa institución. Lo que repitió Delgado la semana pasada, pero no dio detalles de lo que viene. Sospecho que dejará las puertas abiertas a los líderes del SNTE para la recolonización del control del ingreso y promoción de los maestros. Dudo que con esas medidas se valorará mejor las tareas de los educadores.
Delgado Carrillo volvió a temas que antes eran neoliberales, pero hoy son patrimonio de la Cuatroté: autonomía profesional de los maestros, responsabilidad y compromiso de los colectivos docentes. Al mismo tiempo, ratificó que el plan de estudios 2022 sigue, pero que serán esos colectivos, vía sesiones del Consejo Técnico Escolar, los que decidirán temas y estrategias. No habló de los libros de texto gratuitos.
No sé de encuestas recientes acerca de cómo la ciudadanía percibe a los docentes, pero en las más conocidas, ya añejas, padres y madres de familia valoran y estiman su trabajo. La “revalorización” fue un invento de Elba Esther Gordillo que sus sucesores hicieron frase de batalla. ¿Qué cambió? Antes era revalorización del maestro, hoy es de la función docente. Pero el rito es el mismo.
