Retrato hablado
Concedo que esta semana, cuando la secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez, acuda a una mañanera ofrezca pruebas en contrario. Es más, lo considero deseable por el bien del estudiantado, el magisterio y la sociedad
En La política como vocación, Max Weber sentenció: “En último término, no hay más que dos pecados mortales en el campo de la política: la ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad, que frecuentemente, aunque no siempre, coincide con aquélla. La vanidad, la necesidad de aparecer siempre que sea posible en primer plano es lo que más lleva al político a cometer uno de estos pecados o los dos a la vez”.
Pocos ponen en duda que Andrés Manuel López Obrador posea vocación política, demostrada en muchos años de brega; pero tal vez sea mayor su afán de poder centrado en su persona.
No sería un problema severo si al mismo tiempo su gobierno fuera eficaz. Mas su personalismo, su apetencia por ejercer el poder nada más para satisfacer su ego arrastra a las instituciones públicas a un desempeño mediocre. Y dudo que vaya a cambiar en lo que resta del sexenio. Ya comenzó su campaña por la revocación de mandato de 2022.
La política educativa brilla por la ausencia de estrategias claras para lidiar con la pandemia. Aunque, concedo que esta semana, cuando la secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez, acuda a una mañanera, ofrezca pruebas en contrario. Es más, lo considero deseable por el bien del estudiantado, el magisterio y la sociedad.
Me pregunto si presentará un diagnóstico realista, si ofrecerá datos de los daños que causó el encierro y si la Secretaría de Educación Pública tiene capacidades para atacarlos. También si expondrá metas realizables y señalará de dónde saldrán los recursos necesarios para rehabilitar tanto las escuelas abandonadas como las que padecieron vandalismo.
El presidente López Obrador señaló que todos deben aportar: municipios, estados y familias; acaso en la misma sesión quiera mostrar el liderazgo y resalte que la austeridad republicana no es cicatera e indique de cuánto será la aportación de su gobierno.
No obstante, por lo pasado en el breve lapso de su gobierno —que a unos les parece una eternidad— no hay mucho terreno para el optimismo.
El derecho a la educación de excelencia quedó plasmado en la reforma al artículo 3, mas ya ni siquiera es parte de la retórica gubernamental.
La ética de la convicción —para seguir con Weber— invade el ánimo y el hacer del Presidente: “El 30 de agosto comenzarán las clases llueva, truene o relampaguee”; “no importa lo que piense la mayoría”; “, ¿no quieren que vayan sus hijos a las escuelas? Pues no los manden”. Pero no da muestras de la ética de la responsabilidad. El mensaje parece claro: habrá clases presenciales porque lo digo yo. No porque tenga el propósito de poner en práctica el derecho a la educación, cavilo.
La concentración del poder y las decisiones conducen a un mal gobierno; la República está peor que cuando AMLO asumió el poder. Él afirma lo contrario en cada aparición pública, le gusta compararse con el pasado para emular a los héroes o para diferenciarse de sus predecesores de la época neoliberal.
Las encuestas muestran que el Presidente todavía disfruta de un alto grado de aprobación popular, al mismo tiempo que la ciudadanía reprueba a su gobierno. Esos índices alimentan su vanidad e insiste en el camino. Pero en el futuro, cuando se aquilate lo hecho en la educación, los yerros se acreditarán al Presidente, no a su invisible funcionariado.
Weber cerró la premisa asentada en la cita de arriba con una sentencia fulminante: “Su ausencia de finalidad objetiva le hace proclive a buscar la apariencia brillante del poder en lugar del poder real; su falta de responsabilidad lo lleva a gozar del poder por el poder”.
- Fuente: Max Weber, El político y el científico. Documento preparado por el Programa de Redes Informáticas y Productivas 25 de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). http:\\www.bibliotecabasica.com.ar.
