¡Vaya! Madres y padres de familia, organizaciones de la sociedad civil, académicos y la siempre viva Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación echaron abajo una decisión de Mario Delgado. No es fácil ganarle a Morena, pero las protestas en la plaza pública y el lenguaje tronante de la coordinadora cambiaron una decisión tomada en una simple propuesta. Y no quedaron contentos en el gobierno. El secretario de Educación Pública espetó: “La escuela es un territorio de aprendizaje, no un lugar de resguardo de niñas y niños por conveniencia del mercado”.
A la Presidenta no le gusta que todos opinen sobre la educación nacional; pareciera que no es de todos los mexicanos. Sólo el alto funcionariado gubernamental, militantes de Morena y, de vez en cuando, los dirigentes de la facción mayoritaria del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación pueden expresarse.
Ahora resulta que somos torpes y malpensados. Hemos leído y escuchado con atención que Mario Delgado declaró que el calendario escolar concluiría el 5 de junio, seis semanas antes de la fecha establecida desde el año anterior. Y las voces inconformes crecieron en amplitud y territorio. Y vino la primera respuesta presidencial el viernes en Sonora. “No es una decisión, es una propuesta”. Desmintió al Boletín 161 de la SEP del 7 de mayo: “SEP y autoridades estatales acuerdan por unanimidad cambios al calendario escolar 2025-2026 por calor y Mundial de Futbol”. Pero los gobernadores de Nuevo León, Jalisco y Querétaro dijeron que no, que no le entraban a esa fiesta.
Por instrucciones de la presidenta Sheinbaum, el secretario convocó al Consejo Nacional de Autoridades Educativas a una sesión extraordinaria para enmendar el entuerto. La SEP transmitió por YouTube la apertura de la sesión el 11 de mayo. Es una de las pocas veces que no se observa a un Mario Delgado sonriente; por el contrario, su gesto y su lenguaje verbal mostraban enojo o, al menos, tensión. Y se aventó contra la ley y el sector empresarial. Después se apagó la transmisión.
Mario Delgado condenó el artículo 87 de la Ley General de Educación, que estipula que debe haber entre 185 y 200 días efectivos de clase, pero acusó que dicha ley “es un residuo de la visión tecnocrática”; le echó la culpa a los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos que “redujeron la educación a una estadística de permanencia e indicadores homologados”. Pero el calendario escolar de 200 días está vigente en México desde 1993, antes de ingresar a la OCDE. Además, en algunos países, si bien hay alrededor de 170 días de clases, las jornadas son de tiempo completo, de 40 horas a la semana. En México, si no hay ausentismo ni sesión de Consejo Técnico Escolar, son 31 y media.
Uno de sus argumentos para justificar su decisión fue que: “Tras la entrega de calificaciones hay una inercia en las escuelas en todo el sistema educativo: después del 15 de junio se cae en un periodo que en realidad se aprovecha para la descarga administrativa hasta mediados de julio”. ¿Qué nos dice? ¿Qué las y los docentes no trabajan un mes? Pero si se respeta el calendario: “… se desvirtúa la dignidad docente y se convierte la escuela en una estancia forzada. Ese tiempo muerto a veces es burocracia que roba espacio a la convivencia familiar y a la salud mental de nuestra niñez. Se mantienen las aulas abiertas realmente sin un propósito pedagógico, solo para cumplir un conteo”.
Mario Delgado ya tiene 19 meses como jefe de la SEP y, al parecer, no ha hecho nada para que no haya tiempo muerto ni para que la burocracia le robe tiempo a la convivencia.
Como señalaron los expertos e integrantes de organizaciones de la sociedad civil, de haberse puesto en marcha la medida, hubiera agravado los problemas de bajo aprendizaje e incrementado la inequidad reinante. Era un ataque directo contra los más pobres y madres trabajadoras.
Esta vez la estrategia de situarse como víctimas no le rindió frutos a Morena. El calendario “tecnocrático y neoliberal” tiene legitimidad. La protesta ciudadana y la CNTE triunfaron contra una maniobra que el gobierno quiso calificar de consenso. La farsa quedó al descubierto.
