El asombro no tiene freno. La Secretaría de Educación Pública construyó a trompicones el plan de estudios 2022 para la educación preescolar, primaria y secundaria con el fin de legitimar a la nueva generación de libros de texto gratuitos. Lo hizo con prisa, por exigencia popular y obligación normativa, no porque fuese su intención. El resultado: un mamotreto de 192 páginas escrito para que pocos lo entiendan.
Entre los análisis que circulan, me cautivó el de Alberto Sánchez Cervantes, Cinco notas sobre el Plan de Estudios 2022 (Educación Futura, 29/09/23). Es una reseña sobria, sin diatribas ni sarcasmo. Muestra que el lenguaje del plan de estudios —que se supone deben leer los maestros como guía para su labor— es rebuscado y difícil de entender, cuando se supone que, por su naturaleza, “debería ser breve, de prosa sencilla, concisa y clara”. El juicio de Sánchez Cervantes es severo: “Es un texto que genera somnolencia y desanima al lector, aún al más curtido”.
La revista de Sánchez Cervantes fue exhaustiva, documenta con sumo cuidado las extrapolaciones que cometieron los autores al justificar sus aseveraciones con referencias a ensayistas que enjuician fallas de otros países y no del pasado inmediato del sistema educativo mexicano. Y critica a la crítica que hacen los creadores de libros de texto sobre las consecuencias de la pandemia, con base en un volumen de Jurjo Torres Santomé, de 2011(La justicia curricular). Pasaje que quizá esté bien compuesto, pero es extemporáneo.
Sánchez Cervantes también consigna argumentos falaces en los libros de la SEP. Las falacias, como se sabe, aparte de ser una anomalía en la lógica de la construcción gramatical, son peligrosas porque se prestan para engañar, ya que alistan argumentos que pueden parecer convincentes. Enumera varios pasajes donde son patentes las falsedades acerca del funcionamiento de las escuelas y la acción de los docentes, además del contenido de los libros de texto anteriores.
La pedagogía crítica, las epistemologías del sur y los escritos de Paulo Freire son las fuentes primordiales que nutren de ideología al plan de estudio, los libros de texto y los destinados al magisterio. Sánchez Cervantes concluye: “Desde su ámbito ideológico, la reforma resulta sectaria, pues sin pretenderlo excluye a los docentes que no se identifican con las tesis de las llamadas epistemologías del sur”. Acaso una gran mayoría.
Por último, el crítico de la reforma enuncia lo engorroso de las notas (354 en total, 2.3 en promedio por página) y referencias (280) con predominio de obras de Ángel Díaz Barriga, quien nos dijo en un conversatorio que fue él el promotor del cambio en el plan de estudios y autor principal de los nuevos libros de texto. Sánchez Cervantes concluye: “Es difícil aceptar que maestras, maestros y otros actores participantes en las asambleas de análisis organizadas por Marx Arriaga hayan avalado este documento”. Lo dicho, el plan es pura jerigonza.
