PISA y corre

El propósito de PISA y la OCDE se resume en estandarizar los esfuerzos de educación y apuntar hacia áreas deseables para un crecimiento sostenido, apoyo a la economía de mercado y promoción de la democracia (en gobernar por números, según sus críticos).

La divulgación periódica del Panorama de la Educación subrayó el surgimiento de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos como un poder en la formulación de políticas educativas. Tal publicación es más que la presentación de estadísticas; incluye recomendaciones para mejorar los indicadores, fórmulas para hacer más eficiente el gasto, consejos sobre preparación y reclutamiento de maestros y se embarca en sugerencias sobre transparencia y rendición de cuentas. Supone neutralidad política e ideológica, excluye comentarios sobre relaciones culturales e identidades nacionales.

Sin embargo, el Panorama de la Educación no cuenta con dispositivos instrumentales para conocer la calidad de la educación. El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus iniciales en inglés) fue la herramienta que permitió a la OCDE hacer comparaciones, no sólo sobre crecimiento y programas educativos, sino también sobre el desempeño de los estudiantes.

La OCDE elaboró y aplicó el primer examen PISA entre 1997 y 1999 y comenzó a publicar los resultados en 2000. PISA evalúa las competencias y habilidades de los jóvenes de 15 años al final de la educación obligatoria, que en la mayoría de sus países miembros es de 12 años. Son niños que comienzan la educación media o entran en el mercado laboral. Los exámenes cubren áreas de comprensión lectora, matemáticas y competencia científica. Los instrumentos evalúan el dominio que los jóvenes tienen de procesos, percepción de conceptos y capacidad de actuar en situaciones complejas. Es una evaluación cíclica —cada tres años— y en cada ocasión, hace hincapié en uno de los tres dominios.

México, como miembro de la OCDE, participó en esas pruebas desde la primera edición y la publicación de sus resultados siempre generó debates. A partir de la difusión de los resultados de PISA 2000, la prensa desempeñó un papel activo en la propagación (superficial) de resultados y clasificaciones en la opinión pública. Ciertos periodistas querían encontrar culpables y, a medida que avanzaba el siglo XXI, PISA se convirtió en un asunto viral en las redes sociales emergentes. Los medios de comunicación señalaron a dos actores responsables de los fracasos: burocracia y maestros. Aunque tal vez no era un objetivo de la OCDE, PISA aumentó las críticas contra la escuela pública y abogó por la privatización. Este tema complace a quienes desde la derecha tratan de reducir la legitimidad de la educación pública. Pero fastidia a los docentes y a los grupos de izquierda.

El propósito de PISA y la OCDE se resume en estandarizar los esfuerzos de educación y apuntar hacia áreas deseables para un crecimiento sostenido, apoyo a la economía de mercado y promoción de la democracia (en gobernar por números, según sus críticos). Y sí, PISA brinda información valiosa y confiable que los gobiernos pueden utilizar para diseñar reformas o administrar sus sistemas. Pero también, sea por diseño o por la influencia de la prensa, incluso por voluntad política, PISA estratifica a las naciones. Además, estigmatiza algunas de ellas en la medida en que sus propios medios los llaman perdedores, como en México, donde según las pruebas más recientes, el aprendizaje de los niños de 15 años va a la baja.

No obstante, a partir de esta semana, parece que el debate sobre PISA cambiará de rumbo. Andreas Schleicher —director de Educación y Competencias de la OCDE y creador de PISA— apremió a la presidenta de la Mejoredu, Silvia Valle Tépatl, para que se continúe con los estudios piloto necesarios para aplicar la prueba PISA en 2025, que, dijo, se encuentra en riesgo. Lo hizo en una carta del 26 de abril que se filtró a los medios. Quizá ella no responderá, al menos no frente a la prensa.

De acuerdo, PISA no es la panacea, pero es útil. Mas pienso que el fondo para que México deje de participar en la prueba, es que al gobierno de Andrés Manuel López Obrador le molesta que se hagan juicios sobre su desempeño. Y, aunque la PISA de 2025 no mediría los efectos de su contrarreforma educativa, más vale que no se diga nada, no vaya a ser que México arroje resultados más pobres que otros países con menor desarrollo.

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