PISA, sin correr

Le atiné en mi colaboración del 13 de diciembre de 2023, cuando comenté la opinión del Presidente sobre PISA. Cuando la OCDE dio a conocer los resultados de 2022, pronostiqué que México no se saldría de la OCDE ni de PISA. Aquella vez acerté, a pesar de que el Presidente repudió en la mañanera del 6 de diciembre todo lo que tenga que ver con el periodo neoliberal.

           Para María Amparo Casar, con un abrazo solidario.

Voy a tener que tragarme mis palabras. En el artículo de hace ocho días aseguré (con base en la respuesta de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) que México ya no participaría en el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA). Pero en la mañanera de ayer, 7 de mayo, el presidente Andrés Manuel López Obrador me desmintió. Afirmó: “Sí, sí participamos [en PISA] sin ningún problema. Todo lo que tenga que ver con educación se apoya… He estado viendo eso de que hablan de que no vamos a participar, pero sí. Sí la aceptamos y estamos abiertos a todas las evaluaciones". ¡Órale! El Presidente abierto a evaluaciones —que implican juicios de valor—, eso sí es novedad.

También tengo que decir que le atiné en mi colaboración del 13 de diciembre de 2023, cuando comenté la opinión del Presidente sobre la misma prueba. Cuando la OCDE dio a conocer los resultados de 2022, pronostiqué que México no se saldría de la OCDE ni de PISA. Aquella vez acerté, a pesar de que el Presidente repudió —con su lenguaje acostumbrado— en la mañanera del 6 de diciembre todo lo que tenga que ver con el periodo neoliberal: “Nosotros no los tomamos en cuenta [los resultados de PISA 2022] porque todos esos parámetros se crearon en la época del neoliberalismo, del predominio del periodo neoliberal, en donde lo que querían era impulsar supuestamente la calidad de la enseñanza, la excelencia, y desaparecer la educación pública, degradándola… es como si yo tomara en cuenta una opinión del Fondo Monetario Internacional o una encuesta de GEA-Isa o leyera un libro de Martín Moreno, safo, vámonos”.

Algunos colegas vieron en esa declaración la orden de abandonar las pruebas PISA y tal vez hasta la OCDE, pero a mí me pareció una baladronada y aventuré que se quedaría allí. Pero con la diatriba de la semana pasada y el silencio de la Secretaría de Educación Pública y de Palacio Nacional, me fui con la finta. ¿Qué movió al presidente López Obrador tomar una decisión que resulta impopular para sus bases? ¿A quién escuchó que lo hizo olvidar los vicios neoliberales que le endilgó a PISA en diciembre de 2022?

No tengo respuesta precisa para esas preguntas, no tengo capacidad para meterme en la mente del Presidente y saber de sus motivaciones, pero como analista de la política educativa y las pugnas por el poder en el sistema escolar, aventuro tres conjeturas que no se excluyen entre sí.

Primera. Organizaciones de la sociedad civil, como Mexicanos Primero; grupos empresariales, como la Coparmex; académicos y periodistas criticaron la posible salida de PISA, ejercieron presión sobre las autoridades y, con todo y que, desde la perspectiva presidencial, pertenecen al bloque conservador y son neoliberales, todavía poseen ciertas herramientas de poder y las hicieron valer.

Segunda. Ésta me llegó de oídas. Al parecer personajes dentro del cuarto de guerra de la candidata Claudia Sheinbaum vieron la salida de PISA como un retroceso que, además, acarrearía desprestigio internacional para la Cuatroté. Esas voces convencieron al Presidente y por eso la declaración de ayer. Ya encontrará la forma de calmar a la corriente mayoritaria del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y aguantar las embestidas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Tercera. Quizá alguien del grupo gobernante consideró —y convenció al Presidente— que salir de PISA implicaría una afrenta a la OCDE; el gobierno no está listo para salirse de allí y una expulsión sería de consecuencias incalculables.

En fin, México participará en PISA 2025. Unos están contentos, otros tal vez desolados (es como abrazar al neoliberalismo) y alguien tendrá que hacer la chamba urgente. En la narrativa oficial, PISA ya no tratará de desaparecer ni degradar a la educación pública, quizás hasta se desvanezcan los duendes neoliberales y el funcionariado de la SEP se regocije. El jefe ya dictó: PISA, sí.

Preveo que dentro de tres años tendremos los mismos debates y desgarre de vestiduras. Los resultados no serán mejores, acaso más bajos.

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