Medio siglo del CCH de la UJED

Usé la metáfora del lobo estepario para exponer la creación del CCH. Se sabe que los lobos cazan en manada, un líder comanda sus acciones. Sin embargo, de vez en cuando surge un joven curioso que quiere explorar nuevos territorios, no que deserte por completo de la piara, pero caza a su manera. Cuando lo inauguramos, en 1973, el CCH parecía un lobo solitario que se guiaba por su instinto y reglas propias

El 31 de agosto se conmemoró el 50 aniversario de la fundación del Colegio de Ciencias y Humanidades de la Universidad Juárez del Estado de Durango. El rector, Rubén Solís, y el director del plantel, Humberto Castro, me invitaron a discursear en la ceremonia, fui director fundador de esa institución. Este es un resumen de mis palabras.

  • Usé la metáfora del lobo estepario para exponer la creación del CCH. Se sabe que los lobos cazan en manada, un líder comanda sus acciones. Sin embargo, de vez en cuando surge un joven curioso que quiere explorar nuevos territorios, no que deserte por completo de la piara, pero caza a su manera. Cuando lo inauguramos, en 1973, el CCH parecía un lobo solitario que se guiaba por su instinto y reglas propias.

Eran años de ajetreo político y ánimos de cambio en el país, el estado y la UJED. El rector Carlos Galindo presentó el proyecto de la creación del CCH a la Junta Directiva. Salvo el director de la Escuela de Medicina, Miguel Vallebueno, ningún otro guía de escuela mostró entusiasmo. Al contrario, escepticismo y hasta oposición, en especial por la institución de talleres prácticos. Pero el rector era el jefe y el asunto traía financiamiento del gobierno central. Hubo un sí.

Con la asesoría de Alfonso Bernal Sahagún, el primer director del CCH de la Universidad Nacional Autónoma de México, comenzamos los trabajos. El joven lobo instauró dos reglas que eran ajenas al comportamiento de la manada: 1. Convocatoria pública de concursos para ser profesor. 2. Cursos de capacitación para los candidatos a ejercer la docencia. La primera fue una conducta contraria a la tradición. La regla era por “invitación”, los directores de escuela designaban a quienes querían.

Hubo cursos de 40 o 60 horas para los aspirantes de diversas áreas impartidos por profesores de la UNAM y del Instituto Politécnico Nacional. Ellos elaboraron los exámenes y depositaron en sobre cerrado los resultados según sus criterios. El rector y yo abrimos los pliegos, aceptamos el orden de prelación y él firmó los nombramientos. Los seleccionados tomaron un curso de capacitación pedagógica (naturalizar a Piaget) por profesores del Centro de Didáctica de la UNAM. La idea: preparar estrategias para poner en práctica los objetivos que el rector Pablo González Casanova propuso para el CCH de la UNAM: “Aprender a aprender, aprender a enseñar y enseñar a enseñar”.

Iniciamos cursos en el edificio de la Preparatoria Nocturna. Tuvimos más estudiantes de los esperados, en lugar de grupos de 20 alumnos fueron de 25. Recuerdo que la mayoría llegaron con emoción y ganas de aprender. El currículum académico estaba dividido en cuatro áreas: matemáticas, ciencias experimentales, histórico social y lógica, lenguaje y redacción. No recuerdo si por sugerencia de la ANUIES o del grupo de profesores que nos asesoraron, en lugar de lógica a secas, la denominamos metodología de la ciencia. Aceptamos el principio de que el método de enseñanza pusiera énfasis en la práctica de los conocimientos teóricos.

El lobo solitario se distanció de la manada en otro aspecto. Los profesores hicimos un escudo humano e impedimos que los estudiantes de otras escuelas raparan a los de nuevo ingreso. Rechazamos la novatada ofensiva y defendimos la dignidad de nuestros alumnos.

En septiembre de 1974, el rector renunció y hubo relevo. Llegaron las presiones para que el lobo regresara al redil. No más cursos de capacitación ni contratación por concurso. Me pareció inaceptable y en 1975 me fui.

  • Retornaron los nombramientos por “invitación” pero, a pesar de que el joven lobo se reintegró a la manada, los planes de estudio se consolidaron, incluso se exportaron a las preparatorias y las novatadas no regresaron a la universidad. Cincuenta años y caminando.

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