Lectura en declive
Habrá alguno que apunte que quien no lee es porque no quiere, es su culpa.
Se requiere de hígado para repasar los resultados de la encuesta más reciente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía sobre los hábitos de lectura de la población mexicana mayor de 18 años. El Módulo sobre Lectura 2023 presenta un horizonte ruinoso.
El comunicado de prensa del Inegi 200-23, del 20 de abril, resume en cinco puntos los datos del escrutinio. El primero ofrece la perspectiva general: en 2023, el porcentaje de la población urbana de 18 años y más que lee de manera regular fue de 68.5%: 12.3 puntos menos que en 2016 (no considera a la población analfabeta). Los materiales que considera el Molec son libros (último año), revistas (últimos tres meses), periódicos (última semana), historietas (último mes) y páginas de Internet, foros o blogs (última semana).
Desglosa y muestra en gráficas que la población no lectora presenta mayor carencia de estímulos para la lectura durante la infancia: 83.0% de padres o tutores no llevó a sus vástagos a bibliotecas o librerías y 79.7% no les leía. El 68.3% declaró que no veía leer a sus progenitores o tutores.
El informe previene que conforme la población avanza en edad, disminuye el porcentaje de lectores; los mayores de 55 años tienden más a explorar libros, los jóvenes averiguan más en medios digitales. Asimismo, marca las preferencias de gustos por sexo y establece que los hombres leen más que las mujeres.
La encuesta no intifica diferencias por nivel de ingresos ni por años de escolaridad. No obstante, al no haber informes sobre la población rural ni por estrato social, no es descabellado suponer que los índices de penuria intelectual (si no se lee se debilita la mente) son mayores entre los pobres que entre las clases medias.
El Molec informa sobre el comportamiento lector de los mexicanos adultos. Los datos provocan tristeza y siempre surge el gusanito de encontrar las causas, tal vez alguien busque a quién culpar. Habrá alguno que apunte que quien no lee es porque no quiere, es su culpa. El Inegi no lo hace, nada más proporciona información.
En la última página del informe, el Inegi ofrece pistas de por dónde pudieran explicarse al menos uno de los gérmenes de ese declive: “En la escuela, la población no lectora declaró haber tenido menos alicientes para adquirir el hábito de la lectura que aquella que sí es lectora. Cerca de 60% declaró que sus maestros(as) no lo motivaban para visitar bibliotecas y a casi la mitad de esa población no le pedían leer otros libros además de los de texto (cursivas en el original, p.14)”.
Uno puede preguntarse qué pasó con los planes de lectura que propuso desde los años 70 del siglo pasado la Secretaría de Educación Pública. No pienso que hayan sido un fracaso total, pues casi 70% de los adultos lee algo, lo cual indica que aprendió a hacerlo.
De cualquier manera, el panorama es devastador. Más todavía porque no pienso que el gobierno de la 4T vaya a hacer algo serio para mejorar. Más lectores no dan más votos.
