La gran visión
El Consejo Ciudadano de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación acaba de lanzar un documento importante, serio, con propuestas que —por supuesto— no se separan de la narrativa de la Nueva Escuela Mexicana, pero tampoco son réplicas de las consignasde la Cuatroté: Mejora continua para fortalecer la transformación: Plan de gran visión educativa.
En alguna de sus novelas-ensayos, Eduardo Galeano apuntó que la utopía está en el horizonte, que tal vez sea imposible de alcanzarse, pero sirve para caminar. El Consejo Ciudadano de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación acaba de lanzar un documento importante, serio, con propuestas que —por supuesto— no se separan de la narrativa de la Nueva Escuela Mexicana, pero tampoco son réplicas de las consignas de la Cuatroté: Mejora continua para fortalecer la transformación: Plan de gran visión educativa. Trata de tomarse en serio la consigna de Galeano. Sin embargo, el Consejo es optimista en exceso y, en la defensa de la política educativa de la Cuatroté, cae en planteamientos ilusorios, como diría Octavio Paz (El ogro filantrópico).
El documento es sobrio. En menos de 70 páginas despacha un diagnóstico y hace propuestas de mejora continua, lo cual es su misión. No cae en la parafernalia cavilosa del nuevo marco curricular ni del paquete de libros de texto que lanzó la Secretaría de Educación Pública. También abandona el lenguaje abstracto y recurre a mensaje claros que, en especial, los dirige a docentes, aunque los destinatarios son los miembros de la Junta Directiva de la Mejoredu.
La porción más utópica, que para algunos quizá se asemeje más a una quimera, se encuentra en el primer capítulo: El poder de la educación en la transformación social. El diagnóstico es pesimista —y realista—: “Cambian los tiempos y la escuela sustancialmente ha seguido igual. La educación enciclopédica no ha permitido ver y entender los grandes problemas nacionales y, dado el caso, le parecen naturales, como la desigualdad social o la dependencia estructural que padece nuestro país”. Y eso incluye al sistema actual, después de los cambios constitucionales de 2019. En otras palabras, como argumentan los teóricos radicales, la escuela reproduce las condiciones de la sociedad, no las transforma.
En la parte propositiva, el grupo de autores no abandona la narrativa colectivista de la política educativa de la Cuatroté, pero tampoco deja de lado la formación del carácter de cada persona ni restringe la educación a la escuela. Reafirma los ánimos humanistas —sí, humanistas en el sentido de la Cuatroté— y, en el cierre del capítulo, emergen, acaso sin que fuera por voluntad de los autores, ecos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos sobre educación para la vida y la noción de docentes como profesionales.
En la página 35, la Comisión sintetiza sus recomendaciones, que me parecen razonables —nada transformadoras— y evocan varios de los planteamientos de la reforma educativa del gobierno de Enrique Peña Nieto. Por ejemplo: “Avanzar hacia un modelo de gobernanza distribuida que fortalezca la relación entre la Federación, los estados y las comunidades escolares; fortalecer las estrategias y acciones de inclusión social, equidad educativa y atención en y para la diversidad; promover esquemas de financiamiento público con enfoque concurrente, focalizado y subsidiario (aquí choca con la dura pared de la austeridad republicana, que tiene al sistema escolar casi en la miseria); transformar el currículo para que responda a los desafíos de una sociedad plural y diversa; replantear la formación continua docente a partir de un enfoque situado y colaborativo”.
En fin, “generar las condiciones institucionales que incidan favorablemente en el desarrollo profesional docente; fomentar nuevas estrategias para mejorar los aprendizajes y la formación integral de las y los estudiantes; impulsar el desarrollo y fortalecer la autonomía de las comunidades escolares”. ¿Hay diferencias sustantivas entre estas propuestas y lo que promueven los organismos intergubernamentales, en especial la OCDE?
En el capítulo final, aunque con suma cautela, el Consejo sugiere retomar la evaluación y documentar los haceres del sistema educativo y sus actores. Pudiera pensarse que es una revisión de fin de sexenio de los excesos de la narrativa comunalista y plantea un derrotero para el futuro inmediato. No propone el regreso al pasado inmediato, pero tampoco una gran visión. Me parece mucho título para tan poca utopía transformadora.
